LAS REPOSICIONES DEL VERANO

sábado, 31 de agosto de 2024

   Como en el cine y la televisión, en la política durante el verano sólo hay reposiciones, pocos estrenos. 

   “La llamada de la selva” Basada en la novela de Jack London y como protagonista al inimitable Clark Gable.

   Sinopsis: cada verano cuando la manada de políticos emprende el periodo vacacional y disfrutan del sol y las tumbonas, decae la actividad parlamentaria, pero como no puede bajar la presión en la olla política, se retoman conceptos antiguos y se reabren viejas heridas para avivar el fuego. El "efecto llamada" es muy eficaz. La invasión alienígena podría ser una estrategia, pero para que, si tenemos los cayucos y pateras, mejor hacer apología de la invasión de los bárbaros: negros y moros sin distinción alguna. Personajes que acuden a nuestro paraíso para destruirlo, asesinos, delincuentes en potencia, una ralea de individuos de baja estofa y pelaje oscuro que sin duda pugna por la sustitución del hombre blanco del que no nos queda más que el recuerdo, porque somos la mezcla de civilizaciones antiguas, invasores, colonizadores, emigrantes, inmigrantes, somos más moros que cristianos, pero pretenden ilusionarnos con la pureza de la raza. A los que vienen de afuera yo los veo trabajando en el campo a pleno sol, cuidando ancianos de día y de noche, contratados con buenos y malos contratos por españoles muy españoles, seguramente algunos votantes de Vox, Alvises y PP, también por socialistas y podemitas. El “efecto llamada” es la consigna, ya lo esgrimieron antes otros fascistas. Deportaciones masivas, la armada invencible para destruir pateras y otras soluciones imaginativas se despliegan a lo largo del estío para que no dejemos que el calor sea más insoportable que estos argumentos. Menos mal que finalmente la fiebre del mono no ha entrado con fuerza porque alguna iluminada, antes public manager de un perro, quería cerrar fronteras.

   Sin duda elegiría “Cuando ruge la marabunta” con Charlton Heston para ilustrar el tema. 

   “Esta casa es una ruina” con Tom Hanks es un clásico que viene en proyección continua desde la moción de censura, hace más de un lustro pero en verano es más insoportable por el calor, como el eccema o la diarrea. 

   Sinopsis: Siguiendo las predicciones de Nostradamus, los augures del PP: Casado y Feijoo y sus adláteres (Teodoro y Tellado, Cuca vale para los dos) van enumerando los terribles males que nos depara la venida del anticristo en la persona de Pedro. La pandemia con la consiguiente extinción de la raza española (casi lo consiguen en las residencias de Madrid), íbamos a acabar de vacunar a la población en 2050, aunque en realidad las vacunas no estaba claro si servían, el timo de la excepción ibérica enriquecía solo las arcas de Francia (a nosotros que no podemos ver a los gabachos), los fondos europeos no iban a llegar por la mala gestión, la nueva reforma laboral y el aumento del salario mínimo sin duda acabarían con el empleo (A ello se sumaba el Banco de España que posee tan maravillosos estadistas como los de Tezanos), la destrucción del Estado, la inflación, el paro, la destrucción de la familia, la desaparición de la reserva espiritual cristiana con el laicismo impío, es decir acabaríamos un día de estos en la Nada, salvo si reflexionábamos y votábamos como toca o destituimos al caudillo. 

   Con permiso de Tom Hanks y mi respeto, para ciencia ficción me quedo mejor con Blade Runner: “He visto cosas que vosotros no os creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del cinturón de Orión. He visto RayosC brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhaüser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. 

   “Doce hombres sin piedad” es otro clásico. Otro gallo nos cantaría con Henry Fonda al frente del CGPJ para conseguir darle dignidad. 

   Sinopsis: Después de 10 años sentados en la poltrona, 5 de ellos con fecha de caducidad agotada. La élite de la magistratura nos sigue amenizando verano tras verano y también en invierno y primavera con sus resoluciones y providencias. Sus majestades togadas nos ofrecen un espectáculo al más puro estilo de Bollywood, sin reparar en gastos ni en vergüenza, sin reparar en argumentos jurídicos más o menos  ininteligibles pero convenientes. Desde el procés a la pureza de la mujer del Cesar, nos adoctrinan en la honestidad y la rectitud. Sin sonrojo perdonaron delitos fiscales como la amnistía fiscal o al  rey emérito, excarcelaron corruptos confesos o probados, condenaron inocentes que ahora exculpan (un poco tarde, pero los tiempos de la Justicia no son los de los mortales). Es la hora de hacer,  que España no se rompa y no pierda la esencia. Probablemente necesiten otros cinco años para elegir presidente (cómo elegir una presidenta progresista, eso sería ceder ante el chantaje socialcomunista). Pronto es la inauguración del nuevo curso judicial y se pronunciarán discursos magníficos sobre la rectitud de la Justicia, su honorabilidad, su equidad, una justicia que es igual para todos (pronunciado tras beber un sorbo de agua para pasarlo). Serios los semblantes, mirando al cielo para que acabe, ese nutrido grupo de hombres notables mostrará el camino de la Ley para más tarde limpiarse con el papel usado. 

   Me quedo con “Toda la verdad” de Keanu Reeves o "Matar a un ruiseñor" basada en la novela de Harper Lee con Gregory Peck, hace entender lo complejo del arte de juzgar, pero lo reconfortante que es defender la libertad del individuo que permite la verdadera Democracia. Sólo los juristas pueden y deben ser los garantes de la Libertad contra los autócaratas. Marco Tulio Cicerón pagó con su vida la defensa de la República romana ante el triunvirato: “Que otros pueblos vivan, si es su deseo en la esclavitud. Nosotros los romanos, no queremos. Si no podemos conquistar la libertad, dejadnos morir” Filípicas. Tomen nota magistrados.

   Y para acabar nos queda “Casablanca” con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. El clásico de los clásicos y que este año ha venido con nuevas versiones en el duelo Trump vs Biden y la incorporación de la estrella naciente de Kamala Harris. 

   Breve sinopsis: el mundo está loco ya lo decía Brian, pero en un año la locura apostó por otro loco portando su bandera. Las guerras siguieron siendo un pecado, no hizo que los ricos fueran más pobres ni que los pobres llegaran al cielo de los ricos. Llegó un día que había que cambiar el portador del estandarte y tomaron un nuevo líder que sucumbió bajo el peso de la bandera y la vejez. Cuando ya parecía que de nuevo el caos estaba a las puertas del Capitolio hubo un destello fugaz que surgió en el firmamento de la bandera estrellada (no la estelada, esa es otra película). Será lo que deba ser, pero los pobres seguirán siendo pobres, los ricos se harán multimillonarios y los judíos seguirán asesinando niños palestinos. 

   Por eso sin duda yo prefiero “La vida de Brian”


LA VIDA DE BRIAN. Escena de Pijus Magnificus

¿HUELE A PODRIDO?

miércoles, 14 de agosto de 2024

   Yo creía que el Covid me dejaría sin olfato y creo que me ha excitado las pituitarias. Cada día percibo más olores con sus matices y emociones. Es posible, que como voy perdiendo vista y oído, los demás sentidos se agudizan. Desgraciadamente, el sentido común creo que no forma parte de este juego de ganancias y pérdidas, para mí que cuando alcanzas a los 40 ya no se mueve, si acaso mengua. 

   Como decía, vengo percibiendo continuamente señales olorosas que me remueven el pensamiento. De los telediarios emanan los aromas más variados e inspiradores. 

   Lo de Puigdemont es una sutil fragancia que huele a caspa y a  perfume rancio que recuerda a la burguesía decadente, a colonia barata y vodevil, pero más allá del hastío que me produce, no mueve tormentas en mi ánimo. Además oyendo los noticiarios, me viene siempre una pregunta, ¿Porqué a los Mossos (con o) les llaman mosus? Puestos a cambiarles el nombre les pondría “mozos”. 

    A su alrededor sí que percibo el olor intenso de la naftalina y la ropa recién planchada, las togas puestas a secar y las puñetas almidonadas, un olor que sugiere orden y limpieza, pero rememora el cine en blanco y negro. Cuando la naftalina se mete en las fosas nasales, tiene un olor acre y desagradable, surgen del recuerdo los juicios sumarísimos y las ejecuciones, menos mal que está la Ley. 

   Lo que si me revuelve las tripas es el hedor del fascismo que nos rodea. Trato de mover la cabeza, pero allá donde huelo percibo la podredumbre de las ideas muertas, de los muertos mal enterrados, de los estafadores de la falsa libertad, de los patriotas de mierda. No sólo percibo la roña que nos secuestró durante años, veo la brutalidad en los actos y en las palabras. En los nuestros, en los de nuestros vecinos ingleses, franceses, alemanes... Me aterra lo envalentonados que están, han perdido el miedo y presumen de fascismo, es más diría que compiten por quien la tiene más gamada. La pestilencia de sus actos y sus acusaciones fake me producen arcadas. No puedo contener la rabia y la impotencia ante una sociedad plegándose a tamaños bárbaros. 

  Hay un olor que siempre he tenido metido en el bulbo olfatorio, el olor a sangre, ahora se potencia con el de la pólvora y el polvo en suspensión de los bombardeos. Trato de aspirar profundo y cerrar los ojos para ver si se me pasa, pero no oigo el rumor de la esperanza, sólo mis acúfenos. No escucho los gritos de los líderes defendiendo la vida, unos callan, otros hacen pequeños aspavientos que no ventilan el aire viciado del mal, diría que huele a azufre, como si el demonio hubiese bajado al mundo y el Fin de los Tiempos se avecinara esperando la parusía en forma de condena al genocidio. 

   El olor a sal, a mar, a viento en la frente, no sólo no me produce placer, ahora me ahoga como si naufragara y me trae el olor del mar profundo. Siento la sed, el sol cayendo a plomo sobre la piel, imagino los cayucos llenos de niños sin esperanza y las algas que a veces envuelven cuerpos como si de pecios se tratara, en la lengua noto el salitre que me hace escupir blasfemias.

  Pongo a quemar varillas de olor: jazmín, vainilla, canela.. pero siempre se me cuela alguna de incienso que me retrotrae a las misas y los entierros. Los olores de la Iglesia, de blancas casullas y algunas negras almas, de cielos diáfanos y oscuros pecados. Si me concentro puedo ver y oler más la Santidad que la Miseria, pero cada día me concentro peor, se me amontonan los olores y las fragancias, se me confunden con la tufos. 

   Está claro, necesito vacaciones, salir al campo y oler la Naturaleza. Lo prefiero en primavera cuando florece el naranjo y el aroma del azahar inunda mi huerta, excepto si acaban de sulfatar, pero la química de los pesticidas queda poco tiempo en el aire y sólo condimenta el agua, que ya no huele a agua sino a cloro. Ni siquiera las acequias huelen a agua, huelen a acequia, menos mal que suenan como el agua y eso tranquiliza mi espíritu. 

   Me huelo que esto no tiene remedio y me tendré que conformar con los recuerdos a pan recién horneado de mi madre y el puchero, el olor de la vida supongo que cambia con la mirada y la mía se ha ido ensuciando con los años. Confío que mi nieta con su mirada clara, huela el cristalino sabor de vivir y lo disfrute tanto, que sólo los olorosos efluvios de la bondad lleguen hasta su nariz. Siempre nos agarramos al futuro cuando el presente huele a podrido. Si tu también hueles a podrido, piénsalo, quizá estés envejeciendo.


Manu Chao - Clandestino

MALINCHE

miércoles, 24 de julio de 2024

   Tras el éxito sin precedentes del “Mago de Vox”, Nacho Cano emprende ahora una nueva aventura. La obra es fruto de un largo periodo de reflexión, claramente más madura y con un propósito mucho más ambicioso que la anterior. Ha contado con un abultado número de extras venidos del otro continente, son becarios aprendiendo por eso cobran poco. 

    Cuenta con un reparto estelar que nadie podrá tachar de improvisado o de poco profesional, su interpretación es tan loable que no sería de extrañar que sean merecedores de un premio de teatro. 

   Nacho en esta ocasión no pretende ceñirse a la realidad de la historia, sino que va mucho más allá, ahondando en la intrahistoria de los personajes. La crítica podrá culparle de cierto grado de invención y fábula, pero él quiere huir del mito y la leyenda negra para entender la verdadera realidad que asoma bajo su sombra. 

    El personaje principal es el Malinche de  Perro Sanche. 

    No entra en su discurso banal, ni en la traición perpetrada, sino que quiere descomponer su poliédrica personalidad en todas sus facetas. Es narrador de su trayectoria, contada por los demás protagonistas, todos ellos en un alto escalafón del mundo de la escena y la tribuna.

   En el primera acto el protagonista es García Castellón de la Plana, que se ocupó de los inicios de la conquista. Cual Don Pelayo comenzó su batallar contra las hordas rojas imputando a los enemigos de España los delitos que fueren necesarios para limpiar la imagen del Imperio y mantener el pundonor de la Nación. Por su ferocidad, el enemigo no pudo mas que claudicar y retirarse. Liberó de la cárcel a las huestes españolistas injustamente presas por la maledicencia y el desorden. Gente de bien que fue mencionada infames papeles como M. Rajoy, insinuando que podría tratarse del mismo presidente del auténtico gobierno de los españoles, fue oportunamente desestimado. En este acto introduce Nacho un elemento novedoso con una coreografía sorprendente donde la policía patriótica interpreta un número de baile que pone en el escenario más de 60 actores y deja sin aliento al público y a la democracia que asistía de incógnito. 

   Malinche es aquí mero un espectador y va urdiendo su estrategia para asaltar el poder movilizando las tribus amigas, algunas de ellas sanguinarias, aquí las llamaremos Bilduetarras y filoterroristas para que se entienda la obra y el profundo significado que trasciende de este primer acto. 

   El segundo acto también narra las peripecias del mismo protagonista castellonense, esta vez en abierto combate para mantener la España grande y libre, siguiendo el mandato del líder espiritual, el chamán, el gran Manitu, Josemari para los amigos o MAR para otros. Como Escipión es llamado de su retiro por el Senado Romano, para mantener el asedio a la numantina defensa de los bárbaros que quieren romper España. En las batallas Manuel demuestra una estrategia novedosa, que pareciera inspirada en el mismo Señor de los Anillos. La lucha de los héroes de la Tierra Media, junto a los Elfos y los Enanos contra el poder Oscuro de Sauron y él como el mago Gandalf mediante conjuros hechizos y sentencias, vencerá al poderoso enemigo. A veces los magos tienen esa parte oscura, que no son lo que parecen. Como buen musical no falta en esta parte una coreografía, un ballet ruso que interpreta el famoso Kazachok, como solista un bailarín con barretina. 

   Malinche que había depositado toda la confianza y había perdido parte de sus huestes en la liberación de estos facinerosos de la estelada, cariacontecido, asiste al fragor de la batalla que ahora sabe que se acerca a sus murallas. Escribe cartas a su ejercito, les arenga para que la moral no decaiga. Aún no conoce el impresionante giro de la trama que puede llevarle a un desenlace fatal. Entre tanto Sauron y los Orcos gritan desde los campos de batalla sembrados ya de cadáveres. 

   En el tercer acto Nacho lleva magistralmente la acción hasta un desenlace sorprendente. 

   Entra en escena un monstruo de la interpretación, Bien Peinado, viene a resolver definitivamente la batalla y Malinche es su objetivo. Es un auténtico acróbata, un funambulista que camina sobre el filo de la navaja. Tiene detrás un ejército de escribas y valientes patriotas que no dudarán en arremeter contra todos aquellos que traten de someter a los buenos ciudadanos, a los auténticos ciudadanos, los españoles muy españoles. Despliega una estrategia basada en fuegos de artificio que dejará al enemigo aturdido, sorprendido por su osadía y su capacidad de inventiva, con ataques por retaguardia y por los flancos, pero que tienen como objetivo derribar al caudillo (bueno no digamos Caudillo que nos podemos confundir, digamos cabecilla), pues bien viene a asestar el golpe definitivo al líder, que permita a Sauron imponer su dominio sobre la Tierra Media y agrandar su imperio. 

   La escena se convertirá de repente en un número musical de togados, algo nunca visto y que es el perfecto preludio para la apoteosis final. Todos los focos se concentrarán en el paladín de la verdadera esencia de los valores que nos hicieron conquistadores. Ni el mismo Hernán Cortés igualaría en elegancia a este superhéroe Peinado ascendiendo por la pirámide azteca para arrancar el corazón al rebelde y sus adláteres para ofrecerlos en sagrada ofrenda a los dioses. Las cámaras lo quieren y el ama las cámaras. 

   Malinche ve desde lo alto como se acerca puñal en mano y en ese momento se apagan todas las luces. Tras una tormenta de rayos y truenos a base de luces y música heavy metal se ve la lucha final en el vórtice de la pirámide. Puede verse una figura cayendo, pero el autor deja para el público la interpretación de quien se precipita en el abismo. 

   Nacho promete una segunda parte de la Historia porque sabe que Malinche posee un manual de supervivencia. ¿Quién sabe? Esperaremos con ansiedad la próxima entrega. 

   Relato escrito por el ojo de Sauron.

Canción Del Mariachi - Antonio Banderas, Los Lobos • BSO: Desperado

Leer:

"EL MAGO DE VOX"

31 deciembre 2022 


¿QUÉ LES PASA CON LOS NIÑOS?

lunes, 15 de julio de 2024

   Una vez el Papa dijo, cuando la pederastia era el pecado nefando de la Iglesia: “A los pibes ni tocarlos, porque los niños son sagrados". Eso que parece tan elemental para cualquier persona, es sin embargo un asunto pendiente de nuestro mundo. No es ya la desnutrición y la miseria, las enfermedades, una mortalidad tan deshumanizada para un primer mundo cuya mayor epidemia es la obesidad. Las guerras que no son fruto de desastres naturales sino catástrofes cuyos únicos responsables son los malos gobiernos y la ambición. 

    Aunque no todas las muertes de niños son tratadas de la misma manera. En Ucrania la salvajada de la guerra ha provocado la muerte de alrededor de quinientos niños, otros han sido secuestrados por el gobierno ruso y quien sabe que barbaridades pueden hacer las mafias que no tienen moral. Nos parecía tan atroz esa guerra que acojimos alrededor de 200.000 niños con sus madres, nos honra esta acción. Sin embargo, resulta chocante que en los nueve meses que lleva Israel masacrando la población gazatí con casi 40.000 muertos mas de 10.000 niños, nuestros gobiernos no sean capaces de levantar la voz y denunciar al gobierno israelí, imponiéndole sanciones, llamando genocidio lo que es una matanza sin piedad. Los niños se convierten en cifras que no paran de crecer y no mueven ni conmueven las conciencias de los gobernantes para no perjudicar la geopolítica, al parecer, mucho más importante que los niños. 

   En nuestro país 6.000 niños crean una crisis migratoria. ¿En serio que somos capaces de acoger más de 200.000 ucranianos (también lo hicimos con los afganos hasta que los telediarios dejaron de hablar de ellos) y dar amparo a esos menores resulta un problema tan grave? No es sólo el hecho de la falacia en sí, en una ciudad como Madrid con más de 4,5 millones de habitantes, 500 niños serían un problema menor que mantener el Zendal. 

    Que después de reuniones al más alto nivel con las comunidades accedan a repartir 347 niños, me parece tan ridículo que no lo soporto. Sabiendo además que el año anterior tampoco se cumplieron los “cupos” del reparto. Me ofende esta falta de solidaridad, no ya únicamente por convertir una obligación moral en un problema de Estado, sino por el lenguaje utilizado. Nombrar a los niños como MENAs, asimilar su presencia con la delincuencia y el terror, es tan despreciable que me espanta quien lo pronuncia. Sugerir siquiera que debemos de mandar a la Armada a hundir pateras, defendiendo las fronteras, como si la invasión bárbara estuviera a las puertas de nuestras murallas, es de cerebros medievales, de mentes retorcidas, de gentes sin ningún escrúpulo ni moral. La aceptación del reparto provoca una crisis en Vox y me entra la risa, es un esperpento que quieran mantener 6000 niños en condiciones inhumanas para diferenciarse de su socio. Lo del PP me deja sin aliento, unos días son MENAs y enviamos fragatas y otros dicen no renunciar a sus principios. Estaría bien saber si en sus principios entra dar solución a un problema que afecta a menores, sobre todo en una comunidad donde ellos mismos forman parte del gobierno. 

   Los niños son nuestra esperanza, España tiene una tasa de crecimiento negativa, la peor natalidad de Europa, la edad media del primer hijo en las mujeres es de 32,5 años, hay 7000 partos menos cada año y eso contando que nuestra natalidad mantiene tasas gracias al nacimiento de hijos de mujeres inmigrantes. ¿Qué nos pasa? ¿De verdad no lo vemos? Si no vienen niños, los enseñamos, los hacemos crecer en nuestro país y les damos un trabajo, nos perderemos el futuro, estaremos condenados a desparecer.

   Es fácil gritar en el partido de Inglaterra-España : “Yo soy español, español… “ cuando marca el gol el hijo de un inmigrante, y un menor como Lamin Yamal se convierte en un astro del balón. Él si nos representa, pero los otros no, porque todavía no saben jugar bien al futbol, pero quizá nos estemos perdiendo un filósofo, un científico, una mente brillante que nos saque de nuestra imbecilidad y de nuestro pobre futuro si nos quedamos sin niños.




BAJO EL IMPERIO DE MI LEY (no Milei)

sábado, 6 de julio de 2024

   Nos dimos una democracia para vivir bajo el imperio de la Ley. Los parlamentos, el poder legislativo, es el encargado de elaborarlas y su composición la decidimos con el voto. El poder judicial aplica la norma con equidad e imparcialidad. Esta es la maravillosa propuesta que nos brinda la democracia. Parece un círculo perfecto, pero su error esta como siempre en su gestión. 

 No todos los ciudadanos van a estar contentos con los gobiernos salientes de las urnas. Es lógico que los que no les votaron sientan una frustración, pero podrán cambiarlo en un futuro. Las ideas, los hechos, las políticas de los gobiernos hacen que los ciudadanos renueven su confianza o la pierdan. No quiero ponerme poético porque aquí también se pierde parte de esta aureola de gracia que parece envolver el proceso. La manipulación del voto no la inventaron ayer y no es propia de nuestro país, pero al final, los gobiernos nefastos probablemente tendrán sus días contados. Este es el mecanismo que regula la acción gubernativa, nosotros y nuestro voto. 

   El segundo poder, aquel que desde el estrado interpreta la Ley, lo constituyen los hombres y mujeres del Derecho. Imagino que están obligados a una especie de juramento hipocrático donde su ejercicio mira por la beneficencia del reo, la confidencialidad y la veracidad, el respeto a la Ley y su aplicación con jurisprudencia (la palabra es en sí bastante ilustrativa). 

   Honestamente me da vergüenza el espectáculo que desde la judicatura se da a la ciudadanía. Pretender que se confié en la institución cuando se ha mantenido hasta el hastío la caducidad del CGPJ, asistir cada día a sentencias claramente injustas e injustificables para el más simple de los mortales, retorciendo desde la magistratura los conceptos, inventando argumentos inverosímile, da bastante pena. Desde hace tiempo asistimos impotentes a un ejercicio de la Justicia con sesgos claramente políticos y sirviendo a los propósitos de la política y no de la Ley. Titiriteros encarcelados, acosos a políticos, acusaciones infundadas que persiguen un fin puramente político, policía patriótica  a la orden del gobierno, absolución de corruptos, cierre de causas inauditos, apertura de diligencias sobre procesos delirantes (tramas rusas, terrorismo...) Todo ello sin asumir responsabilidades NADIE, ni siquiera apercibimientos de instancias superiores que deberían velar por el correcto funcionamiento de la Justicia.

   Sería injusto meter en el saco a todo el colectivo. Hay seguro cientos de jueces escandalizados por esta deriva de opera bufa en que otros colegas han convertido los estrados. Algunos togados han interpretado los papeles más ridículos, incorporándose al circo mediático que los alienta y respaldando tesituras de políticos que lejos de ser servidores, son o pretenden ser autócratas. "El que pueda hacer que haga". 

   Me da pena decir que no creo en la justicia como institución porque la veo corrompida por el interés político y personal de determinados magistrados. 

   La interpretación de la Ley es sin duda un precepto de los jueces, pero la manipulación torticera de los argumentos es impropia de personas que representan a la Justicia. Puede no gustarles la Ley, como puede no gustar a otros ciudadanos, pero la Ley es una norma emanada desde el Parlamento elegido democráticamente, no tienen autoridad moral para convertirla en SU ley, en la que ellos consideran que debería haberse promulgado. 

   Tenemos un problema. Así como hay sistemas de control para las conductas no adecuadas en cualquier profesión, la judicatura goza de una impunidad manifiesta, incluso hasta en las sentencias más extravagantes, no hay consecuencias. Hemos visto perseguir y destruir políticos con procesos que no han sido más que humo mediático, amparado por jueces que nunca han dado cuenta de sus errores o de sus connivencias. Ignorar evidencias que cualquier idiota reconocería sin sonrojo, llámese M. Rajoy u otros, sin tacha para el juez que lo sostiene.

   Más allá de las voces que se levantan dentro de la propia judicatura criticándolas, que no dejan de ser opiniones particulares sin valor punitivo ni corrector, cuando las criticas vienen desde otros ámbitos se ven como injerencia en su independencia interpretativa, se les tacha de ataque al Poder Judicial. No es verdad, criticar actuaciones judiciales debe normalizarse como ejercicio de la libertad de expresión. Ni los jueces tienen la verdad absoluta, ni poseen un estatus divino de infalibilidad, ni son ajenos a las influencias, intereses personales, incluso a la corrupción. 

   Creo que la institución se ha acantonado en la creencia de que la Ley les pertenece y son los únicos garantes de la Verdad. Ahora vivimos bajo el imperio de SU Ley, nadie puede enmendar sus sentencias y cuando eso ocurre hay un levantamiento general que descalifica al emisor. 

   La Ley puede que emane del pueblo, pero los exégetas que la interpretan no siempre representan al pueblo que las promovió.

 

Leer:

Romanza del titiritero

14 febrero 2016 


HYBRIS

sábado, 22 de junio de 2024

   Hybris es un concepto que se remonta al teatro griego, aludía a los actores que se excedían en su papel, para convertirse en los protagonistas. En la mitología se refería al castigo para los que sobrepasaban los límites de su humanidad y se creían divinos. Prometeo fue castigado con la hybris por robar el fuego a los dioses y dárselo a los humanos, fue encadenado y condenado para que un águila comiera su hígado cada noche. Zeus para vengarse de los Hombres creó a Pandora que abrió la caja de las desgracias humanas . 

   Hybris es la desmesura, la arrogancia de sentirse un dios, de creerse el Elegido. Es la prepotencia, el orgullo desmedido, la soberbia de quien cree que es único, que es especial y eso le da derecho a menospreciar al otro, de tratar de someterlo, de humillarlo. Es la osadía del que tiene el poder y se cree invulnerable e impune. 

   David Owen, neurólogo y miembro de la cámara de los lores en su libro: “El poder y la enfermedad” definió el síndrome de hybris para describir a los mandatarios que imponen su criterio porque se creen infalibles y son impermeables a la crítica. 

   ¿De qué me suena todo esto? 

   En verdad, la Historia es una ruleta que gira sin descanso, que repite incansablemente los mismos pecados, las mismas miserias. No sé si es la edad, pero veo a menudo ese síndrome de hybris. 

   Algunos son seres inviolables ante la Ley, que por un mandato constitucional quedan al margen de la misma y como si descendieran del mismo Olympo son invulnerables a la Justicia. Otros son súbditos aupados al poder que se otorgan facultades de líderes indiscutibles, piensan que son salvadores y no servidores. Son individuos o personajes, que adquieren la facultad de matar y ordenar matar porque se sienten impunes, creen que con ello protegen a su pueblo. Son ajenos a la moral, la guerra no es más que un remedio a los males que ven a su alrededor y que ellos vinieron a erradicar. Destruyen sin miramientos, ejecutan sus planes sin mirar a los ojos de los muertos, para ellos son objetivos deshumanizados. No importa el hambre, la destrucción, la soledad, la orfandad, sólo son efectos secundarios de su medicina. Son ciegos sin escrúpulos, malvados con espíritu mesiánico en que únicamente reconocen su verdad. Cualquier argumento racional es inválido contra su Credo, no hay límites en su acción hasta que consiguen su trono o hasta que se hunden con él y los suyos. Los vemos reunirse rodeados de banderas, con desfiles militares, con niños que les traen flores, haciéndose regalos, imponiendo cruces, medallas, aceptando galardones inmerecidos que pagan los otros, haciendo proclamas de sus virtudes, loando al amigo que quizá en el futuro recibirá el puñal de su mano. No piensan en la Verdad, en los Derechos Humanos, en la infancia destruida. No pueden pensar más que en sí mismos y su ascenso a lo más alto. Son narcisistas peligrosos, seres dañinos. Son amenazas reales para la vida. Están ahí, a veces nosotros mismos los pusimos en su sillón, les otorgamos el poder. Dijeron que eran demócratas y les creímos. Les dimos los votos, le investimos con títulos y cuando están arriba nos convertimos en su diana. Ensucian el entorno, escupen en la mano que les ayudó. Gritan libertad y preparan los grilletes, piden solidaridad mientras roban la caja, hablan de respeto con insultos y ofensas, defienden la mentira con argumentos falaces. Han infestado las tribunas, han poseído los medios de comunicación que fabrican sus mentiras, manejan como títeres las togas para defenderse y sostener sus acusaciones. 

   Me siento rodeado de enfermos, Aznares, Zaplanas, Ratos, Ayusos, Mileis, Putins, Netanyahus, son reencarnaciones de otros que les precedieron y predecesores de los que vendrán si no los remediamos. 

   Némesis es la diosa de la justicia divina, la que hace pagar los daños. Es posible que a cada villano le espere su némesis, pero por si acaso la Justicia Divina es tan ciega como la Humana, queda bajo nuestra responsabilidad derribar a los malvados, evitar que se exhiban, impedir que se aúpen al poder o estaremos irremediablemente condenados a soportarlos. Nuestras armas la crítica y el voto.