La tragedia de Ceuta es como esos fenómenos naturales que no pueden ser evitados: la Dana, el volcán de Tenerife, los recientes terremotos… éste, obedece no a fenómenos meteorológicos o geofísicos, tiene su raíz en la pobreza, en el hambre y en el flagrante mal reparto de la riqueza producto de la “civilización”. Ello no exime que los políticos, responsables de su gestión, deban minimizar los daños, con previsión, con medios y sobre todo con humanidad. Hay dos grandes perjudicados de este desaguisado: los inmigrantes que cruzaron y los ceutíes, todos ellos son personas, no conviene olvidarlo, incluso algunos de ellos en especial estado de vulnerabilidad. En Ceuta no hay una invasión de bárbaros, ni una okupación o un intento de vulnerar la unidad de la patria por parte de los migrantes. Hay simplemente un engaño que facilitó a gente desesperada creer en una mentira: llegar a Ceuta es llegar a Europa y tener acceso a su opulenta apariencia.
Empezar diciendo, que todo este desastre ha sido enturbiado por las patrañas que lo han envuelto. Que el Gobierno trate de hacer creer que no hay una participación de Marruecos es tomarnos por analfabetos. Por acción o por omisión, por voluntad propia o por consejo ajeno, con premeditación seguro, el reino de Marruecos está detrás. Confiar en un rey enriquecido pese a la pobreza de su pueblo, afincado en palacios dentro y fuera de su reino, es como mínimo pecar de ingenuo. Su imagen para mí no va más allá de la de un sátrapa, que con mano dura, miseria e ignorancia controla a los ciudadanos. Los engaña con los falsos conceptos de patrias y colonias, se apropia del Sahara (con la connivencia del mundo civilizado) porque el pueblo saharaui tiene la voz débil, como el de Gaza. Pueblos que por más que griten se pierde su voz en el silencio. Ahora reclama Ceuta y Melilla. ¿Aunque se las regalaran se solucionaría la miseria de Marruecos? No son más que una excusa para alimentar la grandeza de su reinado, con postureos y no con políticas. La suciedad de esos monarcas que viven rodeados de oro y opulencia mientras su pueblo vive en la miseria parece pertenecer a otras épocas, pero es una realidad presente. Alguno de sus mentores Trump y Netanyahu, no pueden ser compañías más indeseables y miserables. El primero ha incrementado su patrimonio en 2.000 millones de dólares mientras ejerce de presidente. Esos son los patriotas, cuya patria no está más allá de su ombligo. ¿Qué tendrá que opinar de Ceuta un tipo que secuestra al presidente de un país para apropiarse de su petróleo y que pretende anexionarse Canadá y Groenlandia? Esos son los tipos que hacen peligrosas las armas de destrucción masiva, que si poseen.
Los promotores, facilitadores, instigadores o falsos profetas, que pusieron en marcha la llegada de 80.000 personas, alguien será responsable de los 160 muertos en la travesía. Si existiera la vergüenza, la monarquía marroquí deberían tener la cara como el fez que llevan en la cabeza.
Al calor del ruido, generado seguramente con ese propósito, el ruido, vociferan los patriotas patrios. Hoy escucho a Trillo decir que debería declararse el estado de excepción en Ceuta. ¿Por qué hay personajes que en lugar de esconderse tras la vergüenza hacen gala de su estupidez? El del sainete de Perejil, el del miserable manejo del Yak-42 con 62 militares muertos mal identificados, presente en la desastrosa gestión del Prestige. Me produce tanta acidez escucharlo, como ver al Aznar renovado (sin bigote) acudiendo de redentor a Ceuta, llevando a sus espaldas la guerra ilegal de Irak y lo más grave de sus consecuencias que fueron los atentados del 11-M que trataron de esconder como siempre bajo la capucha de ETA. Todos estos patriotas de mierda, estarían mejor en el lodo de su vergüenza, pidiendo que nadie los recuerde. Pero reaparecen como los nuevos salvadores, los que dictan los mandamientos con engolada voz: “el que pueda hacer que haga” y nos dicen lo que está bien y mal, nos aconsejan el camino, nos advierten del caos de no seguir sus prédicas. Ellos y sus corruptos amigos, consejeros, ministros alardean de demócratas, pero utilizan la Democracia para su propio poder y están a las órdenes del poder del Dinero.
Se unen a sus arengas, como corifeos y a veces como solistas, otros papanatas que cantan cara al sol que más calienta. Patrioteros de pacotilla, los amos de la bandera, los que representan la esencia de la españolidad (si es que pensamos que ese concepto viene de la pureza y no de la mezcla de culturas que han forjado nuestra identidad). Esos que quieren enviar fragatas a ametrallar pateras o que quieren desalojar a todo el que llegó, mayor o menor, porque son invasores, en realidad porque son pobres. Aplaudo las fuerzas de Seguridad que no dispararon sino que ayudaron a evitar más muertes, eso les hace grandes, eso es lo que me enorgullece como español, ser un pueblo decente.
Nadie habla de invasión en Mallorca por los nórdicos, alemanes, franceses y británicos que viven allí empadronados. Ni de los 58 millones de extranjeros que han visitado España de enero a julio de este año. Ellos son turistas. Los otros invasores. No son comparables, unos vienen por nuestro sol, nuestra comida, nuestra cultura, nuestros precios, nuestros servicios, porque ofrecemos el anhelado descanso de las vacaciones y traen dinero. Los otros vienen por necesidad, porque Europa les ofrece un sueño y están viviendo en una pesadilla. No traen dinero, como mucho mano de obra barata.
En todo este triste episodio me duele la desgracia colectiva de los migrantes y la de los ceutíes, que conviven con una situación tan anormal que les genera miedo e intranquilidad. No hay poder más oscuro que el miedo para manejar los sentimientos. A ellos le perdonaría casi todo, pero que desde fuera, nosotros que no sufrimos directamente las consecuencias de ese número desorbitado de personas que malviven a su alrededor, si nosotros perdemos el valor de la compasión y la humanidad, seremos como los ciegos de Saramago, egoístas y malvados. No se pueden poner palos en las ruedas de las soluciones civilizadas y dentro de la legalidad para devolver a esas personas con garantías. Claro que la inmigración es un problema que debe ser resuelto, pero con dignidad, con las leyes que nos han dado la Democracia. No se puede tratar como animales a gente por el mero hecho de ser pobres. No vienen a delinquir, vienen a trabajar para salir de su miseria. Si nuestros políticos no son capaces de aprender esas máximas y permitimos que nos gobiernen, siento lástima de nuestro futuro. Siempre me han dado miedo los salvapatrias, de ahí han salido todos los fascismos.
https://youtu.be/hug1NLbLymM?si=D8Gcgj6kZeqg0Ajm
Kay Garcia y Natalia Lafourcade. Remamos