Sorprende ver como en este país, que constitucionalmente es laico y donde con el paso de los años, desde el nacionalcatolicismo, la Iglesia había ido perdiendo apoyos, llega el Papa y lo peta. Como un Bad Bunny místico o Rosalia renacida, el Papa León ha sido una estrella mediática que lo ha acaparado todo. Los noticieros de las cadenas públicas han ofrecido en streaming todo el recorrido, detallado cada paso, analizado los pormenores de sus agotadores discursos. Realmente el Papa se lo ha trabajado, parecía realmente extenuante su agenda. No discuto la importancia de una visita de ese calado, pero me confunde que haya asistencias masivas a las misas, aplausos entregados a sus palabras de amor y fraternidad, propias de los principios del Evangelio y haya tan poca movilización por los hechos que acontecen a diario y que violan dichos preceptos. No se han llenado estadios pidiendo el cese de las muertes denigrantes de los gazatíes ni la guerra en Irán
Los cristianos despertaron por el sonido del papamóvil, hasta ese momento estaban todos adormecidos en los rezos de las iglesias. Esa juventud del Papa, me la imagino combativa ante los crímenes y el hambre del mundo, ahora que su líder ha expresado la necesidad de amar al semejante, como hace 2000 años lo hiciera Jesucristo. Pareciera que sólo el folklore, los grandes fastos y los eventos glamurosos pueden hacer salir a las calles a las multitudes enardecidas por la fe y el Amor Universal.
Me deja pasmado como un discurso ceñido a los más básicos principios del cristianismo que el Papa pronunció en el Parlamento, arrancara un aplauso masivo de 7 minutos. Una práctica unanimidad nunca antes vista en ese hemiciclo acostumbrado al insulto y a la violencia política. Dejé de parpadear cuando vi como compulsivamente batían palmas, ante un relato inclusivo que trataba de proteger al inmigrante aquellos que habitualmente excretan vocablos hirientes hacia los que llegan movidos por su pobreza. No acabo de entender si quedaron tan impresionados que no se pararon a pensar porque aplaudían, pero mostraron tanto fervor en su aplauso que dijera que se habían convertido.
Pediría al Papa que traslade su Sede a nuestro país y se quede una temporada, sin tanto revuelo mediático, pero sería un acicate para la verdadera transformación de esta sociedad inapetente, domesticada, adormecida por el espectáculo y la mentira. Me gustaría que desde su liderazgo fuera capaz de movilizar a todos aquellos que asistieron a misas y reuniones, a los que los organizaron, a los que dieron cobertura y amplificaron. Sería maravilloso que los rezos se convirtieran en las preces de la Eucaristia, en reivindicaciones, en plegarias y actos que trajeran justicia social, equidad para todos y probidad en los que nos dirigen.
No todo está perdido, quizá este nuevo despertar a la Fe, nos haga más cristianos, más decentes.
Sin querer parecer descreído, con su avión voló la Solidaridad y el amor fraterno. Nos ha quedado de nuevo este panorama donde la Justicia Divina , deja paso a la justicia de los mortales. Aquella que ejercen los togados, los ilustres que tras los rezos imponen las Leyes a golpe de mazo. El panorama judicial no puede ser más deprimente. Hay quien piensa que no es casual que todo gire en torno a la corrupción y que los tiempos de la Justicia tienen un sesgo político. No seré yo quien critique que se multe a Ione Belarra por llamar prevaricador al juez García Castellón, aquel que vino de su idílico destino a instancias de Zaplana e Ignacio González para instruir el caso Kitchen. Ni la sanción a la revista El Jueves por elegir gilipollas del año a la presidenta de Abogados Cristianos. Ni siquiera creo que sea significativo que aquellos que le llamaron Begoño a la mujer del presidente, queden amparados por la libertad de expresión. No entro a valorar como la corrupción política del Estado en la operación kitchen requiere 12 años hasta el juicio y el caso Montoro ni se sabe, tantas dilaciones indebidas son seguro justificables. De hecho, la Justicia ha rectificado ese paso calmo al que nos tenía acostumbrados y se ha puesto las pilas, si no que se lo pregunten al Fiscal General del Estado (o a su entorno). Begoña Gómez, el hermano de Sanchez y Zapatero también pueden dar fe de este giro inesperado de los tiempos modernos. Lo de González Amador y la Quirón es un leve tropiezo que ya tomará el adecuado ritmo cuando precise.
Entre: “El que pueda hacer que haga” y quien “lo dejó atado y bien atado” no puedo sino confiar ciegamente en el futuro. Si lo unimos a los augurios de un triunfo de quienes se sientan a la diestra del Supremo, sin duda sólo puede depararnos un mundo nuevo donde el Papa podrá predicar en el desierto o entrar con el látigo en el Templo, pero nuestro destino parece aciago.
En manos de Trump lo dejo, Él que viste la púrpura y el cetro.