ALAS DE CRISTAL (microrelato)

viernes, 15 de marzo de 2019

   Esas alas de plástico servían para volar. Así lo creyó sin dudarlo cuando las compró en el mercado de antigüedades. La mujer que se las vendió le aseguró que podría dar rienda suelta a sus sueños y podría alcanzar las más altas cotas de felicidad. Aquellas alas lo elevarían hasta el infinito y más allá. Sólo tenían un inconveniente, cuando quisiera remontar el vuelo tenía que creer firmemente en ellas. Él lo creyó a ciegas cuando ascendió a la torre, lo siguió creyendo cuando descendía como un peso muerto, su último pensamiento fue la imagen del viento batiendo su rostro.


HISTORIA DE NADIE

jueves, 21 de febrero de 2019

   Nadia era una mujer vulgar, una mujer cualquiera, un alma perdida mirando tras los visillos de su ventana ver pasar la vida de otros. Cualquier paseante le servía para hacer volar su imaginación y recrear una historia. Una ficción que inventaba para sí misma y en la que siempre encarnaba un personaje secundario. No deseaba ser protagonista, sólo deseaba existir, vivir en la vida de los demás. Hacía años que no tenía a nadie. Había pasado a ser un ente que podía volatilizarse, alguien que en realidad no existía, que no importaba, prescindible e innecesario.

   Nació como muchos en una familia llena de buenos propósitos. La felicidad parecía estar al alcance de la mano, con sólo extenderla podías tocarla. Se percibía en el aíre la dulzona sensación de que la vida es bella. Sus padres eran jóvenes, estudiantes que habían interrumpido momentáneamente sus estudios por la paternidad, pero llenos de ilusiones, esperanzados en el futuro. A Nadia no le faltó nada. Creció sin estrecheces. No se veía diferente a otros niños en el colegio. Pensaba que eran sin duda más infelices que ella. Nunca podía imaginar que aquellos que la rechazaban en los juegos podían ser la mitad de felices que ella. La adolescencia fue el comienzo de un futuro injusto. No encajaba en el ambiente. No tenía grandes amigos, si acaso algún compañero que ocasionalmente se aproximaba a ella, más por pena que por deseo de conocerla. Algún ser extraño que veía su espejo en Nadia. Esas piezas sueltas le permitieron pensar que era normal, que pertenecía al mundo como los demás, pero en lo más profundo conocía la triste verdad, sólo eran sombras.

   Cuando las chicas se reunían en corrillos para contarse sus amoríos, unas sus fugaces encuentros carnales, que no consistían más que en tormentosos intercambios de un sexo inane; los revolcones sin más propósito que poder ser contados. Manos por debajo de la ropa que excitaban pero no movían el amor. Otras en cambio contaban con pudor de enamorada sus romances rosa, su amor líquido, su pasión y entrega por el que parecía el príncipe azul. Todos los relatos cabían, pero ella no podía aportar su amor, que consistía en un sueño venidero, en una ficción improbable. Si no hubiese sido por su amigo Guy, nadie hubiera tocado sus pechos, ni metido la mano bajo su falda. Pero eso no podía ser contado, era un favor que Guy le había pedido, además todos sabían que Guy era gay.

   El destino le había gastado una mala pasada con el nombre, igual que a Nadia. A Guy sus padres le pusieron ese nombre por Guy de Maupassant. Unos padres “modelo” que sólo podían esperar que la vida les sonriera. El padre psiquiatra conductista y la madre profesora de Filosofía en la Universidad. Altas cumbres escaladas del saber y sin embargo no veían a ras de suelo a su hijo Guy intentando salir del armario. Mentes brillantes incapaces de ver lo evidente. De manera que Guy decidió que iba a cambiar, que su homosexualidad quizás sólo era una cuestión de modificación de conducta (como había oído decir a su padre). Finalmente le propuso a Nadia tener un encuentro sexual, nada podían perder. Él aprendería las maneras de un hetero y ella si todo resultaba bien podía conseguir salir de su menosprecio a sí misma, obtendría la autoconfianza que tanto necesitaba.

   La noche que quedaron estaba todo preparado, habían ido a cenar a un chino. Tomaron vino para facilitar los trámites del intercambio, a la salida y no sin un poco de reparo se besaron en la boca. Como en el cine, sin lengua. Pero era un comienzo esperanzador. Iban a casa de Guy, sus padres estaban en un Congreso. Se sirvieron una copa, como preámbulo o como maniobra dilatoria de un acto que ninguno de los dos sabía cómo empezar. Fue ella la que en el sofá lo besó esta vez con una pasión más propia de unos adolescentes. Comenzó entonces un desnudarse que más parecía un desanudarse por lo complejo de retirar las prendas que los cubrían. Hubo un momento de vacilación en el punto de quitarse la ropa interior, pero Nadia le ayudó tras quitarse el sujetador. Allí estaba, inerte, sin aspiraciones, sin objetivos. Pese a que con cierto reparo lo tomó entre sus dedos, la flacidez hacía improbable que existiera un futuro esperanzador. Guy lo intentó, le bajó las bragas y trató de besarla en los pechos. Nadia empezaba a sentirse claramente excitada, aumentó el empeño por sacar del sueño aquel ariete sin brío, se restregaba sobre él y lo acercó a su sexo para fortalecer el vínculo. Las bocas se buscaban, pero sus mentes ya habían comprendido que aquel intento iba a quedar sólo en un fallido test de cambio de conducta. Finalmente se sentaron y se vistieron en silencio. Guy le dio las gracias, ella le devolvió un de nada, que fue lo más real de toda la velada. Se despidieron y no lo volvieron a intentar.

   Así llego Nadia como las vestales, a su juventud. En la Universidad le fue más llevadero el contacto con sus compañeros, todo era más profesional. Hablaban de trabajo, de contenidos y como además era necesario trabajar en grupos, por un momento se sintió alguien. Tuvo su lugar. En ese periodo fue cuando sus padres decidieron separar sus vidas. Su padre se marchó a Japón, quería aprender cocina japonesa. Parece que lo hizo sólo, aunque su madre siempre sospechó que tenía una amante. Es posible que ambas cosas fueran ciertas y que huyó a Japón como podía haber huido a Australia. Ella se quedó con su madre que cada día estaba más temerosa de perderlo todo, de caer en el pozo de oscuridad de la depresión. Cuando alguien alberga ese miedo, a veces ya está metido en la negrura de la autocompasión y el sombrío desengaño. La depresión es la combinación química de los jugos biliosos que recorren el cerebro y se aderezan con esos sentimientos.

   Fue durante el segundo año que había empezado a trabajar en el colegio como profesora de Francés. Su madre ya estaba mal, la depresión la había llevado a la bebida o al revés, pero ahora estaba ya en un estado de ruina personal que sólo era comparable a la de un demente abandonado en un sanatorio psiquiátrico. Ella no se sostenía en pie, era incapaz de aguantar su cuerpo ni soportar su alma. Todo acabó un modo fatídico. No se supo muy bien si por su propia voluntad o por la inconsciencia que le provocó la borrachera. No debe ser tan fácil confundir la botella de ginebra con el aguarrás. Demasiado doloroso para recordarlo.

   Así fue como comenzó su camino hacia la soledad absoluta, no la de estar sólo, si no la de no esperar a nadie. Su padre sólo había mandado una postal desde Tokio en los primeros meses de su huida, no supo nada más de él.

   Mientras trabajó en el colegio la vida transcurrió como una línea continua. Los fines de semana eran los momentos más aburridos. Nadie esperaba el lunes con mayor ansiedad que Nadia. Pasaba en casa la mayor parte del domingo. Al principio tras la muerte de su madre intentó acudir a misa de domingo con tal de salir y pensando que quizá encontraría allí el sosiego espiritual necesario para mantenerse a flote el resto de la semana. No funcionó, no estaba hecha para la liturgia. Veía en cada parte de la ceremonia una teatralización de su propia soledad. Todas aquellas almas cristianas que compartían Eucaristía se sentían seguramente tan solas como ella, pero su unión a Dios las hacía inaccesibles. Eran espíritus entregados a esa falsa vida espiritual que no le ofreció consuelo. El cura trató de interesarse por ella, de integrarla en algún grupo de catequesis, pero allí sólo encontró iguales. Ella necesitaba quien la salvase de sí misma y en aquellos grupos de oración sólo buscaban la Salvación de sus almas. Nadia sabía que no tenía alma, por tanto nada que salvar salvo su propio cuerpo, del que nadie se hacía allí consciente de su existencia.

   Ahora el domingo era un día de sufrimiento, únicamente bajaba por el periódico y el resto de tiempo lo llenaba con una programación de televisión que cada vez le resultaba más insoportable. Desayunaba en la cocina, con su mantelito de colores, con acuarelas de Paris. Leía entonces el periódico que siempre empezaba por el final, se detenía en la programación de televisión, como si pudiera importarle. Cuando sobrepasaba la cuatro o cinco últimas hojas ya sólo leía los titulares. Conocía todas las noticias, había visto los noticieros de todas las cadenas el día anterior, las tertulias. Caía con frecuencia en los programas rosa, podía estar frente a ellos sin prestarles atención y le permitían pasar el tiempo como si hubiera estado fumando marihuana, embobada en sus griteríos, en los estúpidos comentarios, en las discusiones patéticas que mantenían los contertulios.

   Los lunes en cambio tenía un motivo para salir, era capaz de sentirse en algún momento útil. Preparaba clases y corregía trabajos durante horas, les dedicaba más tiempo del necesario porque era lo único que le sobraba, tiempo.

   Tras los años de trabajo llego su jubilación. Le hicieron incluso una pequeña fiesta a la que acudieron la mayoría de sus compañeros, sin ganas. Fue una fiesta sobria y aburrida, un trámite para despedirla sin deshonor.

    Ahora abría los visillos y empleaba su tiempo en la contemplación ausente del mundo. Metiéndose a veces en la vida de los otros, a escondidas. No cayó en la bebida porque no deseaba acabar como su madre. Cayó en la Soledad y en la Tristeza, que son igualmente dañinas.

   El día que notó como el corazón se le paraba, quiso despedirse del mundo, tomó un papel y sólo acertó a escribir: “Soy Nadie”.

   Cuando la encontraron quince días después, alarmados por el olor del que se habían quejado los vecinos, quienes leyeron la nota pensaron que en su agonía había querido escribir su nombre para que pudieran identificarla.

   ¡Pobres ignorantes!


Buika. No habrá nadie en el mundo


BOCACHANCLAS

jueves, 31 de enero de 2019

   Nos vamos acostumbrando a escuchar en los medios, en los tuits, tonterías, sandeces, toda clase de comentarios maleducados y fuera de tono. Los políticos de turno suelen ser los protagonistas, aunque hay de todo. En la política se instaló desde hace tiempo el “todo vale”. La estrategia de partido, los eslóganes y las banderas ideológicas son más importantes que las ideas. El debate se centra en el "tú más" y en esparcir suciedad, la verdad ha sido relegada al plano metafísico. Personas que pasan por ser líderes, o lo han sido, individuos a los que se les considera inteligentes dejan escapar palabras como eructos, sin sonrojo escupen frases que los descalifican y los envían al corral con los cerdos. Un poco de contención nos haría mucho bien en la política.

   Ejemplos en estos días los hay en todo el espectro político.

   Pablo Echenique, sobre Íñigo Errejón: "Yo si hubiera decidido presentarme por otro partido dimitiría, pero de algo tiene que vivir hasta mayo". Despreciable de un compañero y más viniendo de quienes presumen de haber venido a cambiar la forma de hacer política.

   Pablo Casado "Es lamentable que tengamos un presidente del Gobierno cobarde que no apoya la libertad en Venezuela. España debería liderar la acción de Europa frente a Maduro. Pero sus jefes de Podemos no le dejan. Sólo arremete contra dictadores muertos, pero no hace nada contra tiranos vivos" Después de haberle llamado golpista al Presidente de Gobierno, cobarde hasta parece un alago. El PP ya nos ha acostumbrado al barro.

   Los de ahora y los que parecen cadáveres renacidos como José María Aznar o Felipe González, que ya no se cortan en nada. Vuelven a creer que su voz es el propio Credo. Y eso pese a conocer su viaje del sillón presidencial a los consejos de administración. Aunque otros han hecho viajes espaciales mucho más increíbles, bajo los efectos de sustancias piscotrópicas o que la edad no perdona.

   Alfonso Guerra: "Venezuela está sufriendo una dictadura, además incompetente, porque a veces las dictaduras liquidan la libertad de los pueblos pero al menos tienen eficacia en el terreno económico" y esa saludable dictadura era ni más ni menos que la dictadura de Pinochet.

   Me dejan sin habla los bocachanclas. No sabía que había tantos tontos, pero gracias a Fernando Savater abrí los ojos: "No creía que hubiera tantos tontos en España", "Esos cinco millones de tontos se han ido curando. Hoy desde luego, ya no hay cinco millones de tontos que voten a Podemos”. Es filósofo y pensador. ¡Madre mía!

   Pero si quieres caldo, dos tazas. Ahora llega la estrella.

   EEUU se congela y como iba a defraudar el tuit de su presidente. Donald Trump: "¿Dónde está el calentamiento global? Vuelve por favor, te necesitamos”

   Yo si necesito un descanso de tanta barbaridad.




SALVAPATRIAS

viernes, 28 de diciembre de 2018

Han venido a salvarnos del mal, ellos, los que en el 36 empuñaron el fusil para acabar con las hordas rojas, han vuelto. Están aquí, visten otros trajes, de azul, de naranja o verde, pero son ellos. Volverán a librarnos de las garras del anarquismo desmedido. Nos venderán sus banderas, sus muñequeras con la insignia nacional, nos darán el carnet de buen español que sólo ellos pueden repartir. Los novios de la muerte, los que en otro tiempo fueron fascistas ahora son patriotas. Parecen los guardianes de la esencia de la españolidad, pero su perfume huele a naftalina y pólvora. No son más que incendiarios porque desean el desastre para convertirse después en salvadores. Ilusionistas del mal al servicio del mercado, al dictado de su única ley. Sin escrúpulos, sin más principios que los que ellos dicen poseer. Tergiversan los conceptos sin pudor, son los verdaderos hombres que no aman a sus mujeres, las someten. No tendrán piedad, venderán nuestra alma.

Sus portavoces siembran el terror, anuncian el apocalipsis, son tenores del miedo. Los conocemos y sabemos lo que hicieron, hablan de regeneración siendo unos corruptos probados. Hablan de sacarnos de la oscuridad cuando nos tuvieron cuarenta años en el pozo del oscurantismo. No son mas que los herederos del dictador, franquistas con pose de demócratas. Cuando tengan el poder veremos su verdadero rostro, pero quizá sea tarde. Han dado probadas señales de su naturaleza pero nos empeñamos en permanecer ciegos. No hay más ciego que quien no quiere ver. Perdemos las batalla que libramos hace mucho tiempo, hemos perdido la rabia del oprimido, ahora que nos creemos seguros somos presa fácil. Confiados, embebidos de comodidad y democracia, mirando al mundo por encima del hombro, ignorando lo que fuimos, despreciando a los que huyen y persiguen los sueños que nosotros alcanzamos.

Escucharé lo que mi pueblo tenga que decir, pero no puedo evitar gritar que entre esos tipos y yo, hay algo personal.




CUENTO DE NAVIDAD. LOS TRES CERDITOS

domingo, 16 de diciembre de 2018

   Cuento los días que pasaron desde el último cuento publicado en el blog. Caperucita Roja y el Lobo Feliz (no Feroz) que dedique a Cataluña, con Rajoy y Puigdemont de protagonistas. Lo publique un 28 de diciembre, Día de los Inocentes, pero en realidad debía haberlo escrito el Día de la Marmota. Viene la historia repitiéndose como un dejà vu machacón y cansino. Aburre hasta las cabras como le decía el senador del PP D. Luis Aznar (con ese apellido, como para ser de Izquierda Unida) a Pablo Iglesias (que con este apellido no va a misa). Al tema, un año después y seguimos más enmarañados si cabe en el ovillo del Procés. Es desesperante ver pasar el tiempo y los que deberían resolverlo (los políticos) lo agrandan. Exageran, gesticulan, llaman a la guerra, llaman al estado de sitio. Desde un lado y otro de las trincheras se oye un griterío ensordecedor de mensajes vacíos (más bien llenos de intención pensando en el recuento de votos que se va escorando a la derecha).

   Así pues, estaban los tres cerditos recolectando manzanas en el bosque, cuando pensaron que debían construir una casa donde refugiarse si venía el lobo (¿Siempre tiene que ser el lobo el malo?). El primero de los cerditos más holgazán entró en internet para ver como se hacía una casa de forma rápida. Siguió las instrucciones del youtuber de moda Aznar y construyó una casita de argumentos de paja. Valores morales del pasado siglo, rancios conceptos de la España cañí se mezclaron con el tufo del discurso hostil de la cruzada. Envolvió aquella casa con la bandera y quedó satisfecho. Su hermano el segundo cerdito (llámale Rivera si quieres) decidió que a pesar de que la casa de su hermano quedaba bonita con la bandera, debía construir su refugio con materiales más sólidos y eligió hacerla de madera. Tomó madera nacional y edificó con vigas de higuera y de chopo, con un puntal de pino rodeno donde plantar la bandera y una veleta que marcaba de donde soplaba el viento. Engalanó la fachada de eslóganes de corte moderno, pero se dibujaban bajo las finas paredes los trazos de su armadura barata y manidos discursos de progre. El tercero de los cerditos, por Pedro responde. Tal que su nombre, pensó en hacer de piedra la casa. Pero amigo, la piedra pesa y es harto cansado arrastrarla, bastaría con que de barro y ladrillo fuese. El ladrillo serían los buenos deseos de concordia y las llamadas al dialogo (difícil propósito con un escenario lleno de monologuistas). Iba metiendo una de cal y otra de arena, un pilar y una escayola y remató la casa con una sólida apariencia y escasa estabilidad, pero con una hermosa chimenea donde quemar los rencores y hacer señales de humo.

   En estas estamos cuando llega el Lobo que atiende por TorrasyCia, grita con potente voz, con fingida fuerza, con un aliento que huele a falso, con el histriónico ademán de los actores de teatro clásico: ¡¡Independencia!! ¡¡Independencia!!

   Entonces los muros tiemblan, los cerditos temen que se quiebren los cimientos de sus heredades. Se hunde la paja, se rompe la higuera. Gritan desesperados : ¡¡Constitución!! ¡¡Constitución!! y corren a juntarse en la casa de barro. El lobo sigue gritando: ¡¡Independencia!! ¡¡Independencia!! Y las paredes tiemblan, los cerditos hablan a la vez, sin escucharse, culpándose mutuamente de los errores (los 155 cometidos). ¿Qué hacer? Cada cual piensa en lo suyo: negociar, atacar, someter, aplicar la Ley. ¿Qué Ley? Si la Ley está para usarla, no para aplicarla. Los tres cerditos presos políticos o políticos presos de miedo no acertaban en pensar. Escuchaban al Lobo aullar y gritar aquellas horribles palabras. Finalmente pensaron que si la casa aguantaba, el Lobo entraría por la chimenea como en el cuento y encendieron fuego con la paja y la madera que quedó de las casas derribadas. Si el Lobo decidía entrar se quemaría las posaderas.

   No se sabe bien que pasó, si al final la casa cedió al grito huracanado del Lobo, si se quemó la casa con el fuego, si llegó el 5ª de caballería a rescatarlos… Quizá el próximo año tengamos un final a la historia. De momento se queda con los cerditos atrapados, el lobo desesperado y una casita de barro por cuya chimenea sale un humo que ya dibuja en sus volutas la palabra Referéndum.




VOXXX

miércoles, 5 de diciembre de 2018

   Pornografía política. Los planteamientos de un partido que rescate valores y emblemas del franquismo, no son para mí otra cosa que pura pornografía. Resulta repulsivo que en los tiempos que vivimos, tras los avatares de nuestra historia, seamos capaces de olvidar nuestro pasado reciente. Ellos reclaman el espíritu de la España Imperial, dueña de los destinos del viejo y del nuevo continente. Olvidan que el general al que añoran hizo posible que exportáramos peones hambrientos a la Europa a la que sólo pudimos pertenecer tras su muerte (éramos los emigrantes que ahora repudian). Evitan decir que las “glorias del pueblo español” se masticaban con pan negro y vino peleón. Ignoran a propósito la miseria de un Régimen atroz y atrasado, ruin con sus compatriotas (los de su patria) y lleno de rancios conceptos de honor, pureza y obediencia que de tan falsos necesitaban ser bendecidos por los sacramentos de aquella Iglesia colaboracionista. El Nacional Catolicismo resultaba tan anacrónico que España, la grande y libre, nos alejó de nuestros vecinos (Europa empezaba en los Pirineos). 

   ¿Estos prohombres son los que están dispuestos el PP y Ciudadanos a llevar de la mano para dirigir nuestros destinos? ¡Esperen un momento!, yo me bajo en esta estación. ¿Tan ciegos estamos? ¿O nos hemos convertido en analfabetos con corbata? ¿Estamos indignados? Pues seamos indignados, pero no suicidas.


Leer:

"LIBERTAD, VENDO CUARTO Y MITAD"

28 mayo 2022