DR. JEKILL Y MR. HYDE

domingo, 18 de abril de 2021

   Me ha surgido el tema a partir del juicio con las declaraciones de relevantes figuras del PP respecto a las anotaciones de los papeles de Bárcenas. Al principio me quedó la sensación de tonto observador. La burda estrategia de la mentira ramplona, sin maquillaje, parece la consigna de todos para desmentir lo que para el resto de las personas es evidente. ¿Cómo estos prohombres que representaron a millones de personas a los que se les presume inteligencia y formación, caen en este negacionismo simplista de desmentir lo evidente? 

   Yo tengo mi teoría. Se me ocurrió leyendo los cómics de Asterix y Obelix. Está claro, en Génova existe una réplica de Panoramix el druida. La poción que a los galos les daba una fuerza increíble aquí se trasmuta en una especie de brebaje similar a la del Dr. Jekill. Cuando entraban por la puerta (la puerta del despacho de Lapuerta o del mismo Bárcenas) cada uno tomaba su ración y se transformaba. De tal manera era el cambio, que olvidaba su propia identidad, ese y no otro es el motivo por el cual no reconoce ninguno su propio nombre en los papeles (M.Rajoy, Arenas, Federico Trillo, Rodrigo Rato… y hombres de rancio abolengo como el marido de Esperanza Aguirre, entraron en el colapso identitario). Estoy seguro de que no mienten, ellos creen de verdad que existen otros Marianos Rajoys o Javieres Arenas, probablemente cientos dentro de las filas del PP y que son merecedores  del estipendio que bajo mano les repartían. Incluso el propio Bárcenas  tomaba la poción vistos los cambios en su memoria, no debidos a su estrategia, sino claramente al desdoblamiento de personalidad que le producía. Si Asterix podría ser el propio Bárcenas, sin duda Obelix, el que cayó en la marmita de pequeño y quedó impregnado de la poción ese es JMA, José Mari, él nunca ha dejado de mostrar esa personalidad poliédrica entre la comicidad, el cinismo y la completa enajenación que representa con histriónica mueca y hierático rostro. 

   Así pues, sin querer ser juez ni parte, quiero exculpar a estos líderes que no son responsables de sus actos, porque los cometieron bajo los efectos de mágicos encantamientos producto de brujos que no viven allende los mares y que probablemente habitan en las filas del social comunismo. 

    Desvelado este misterio, (ahí lo dejo para Iker Jiménez), quiero denunciar que esa fórmula magistral se está vendiendo desde hace tiempo de forma masiva en el mercado negro. Ello lo demuestra que existe una amnesia evidente de quien es quien en cada lugar. Los madrileños están a punto de dar el poder a Ayuso que cuando toma la poción se sube al caballo de la Libertad y como la Marianne de la Revolución Francesa enarbola la bandera de las 7 estrellas blancas sobre fondo rojo (igual lo cambia si gana, sobre todo si tiene que gobernar con los los franquistas). En Valencia también tomamos esta droga durante mucho tiempo y mantuvimos un grupo de corruptos en el gobierno durante vintitantos años (eran tiempos de Rita, Zaplana, Camps, Cotino, fuimos el centro de la ruta del “bakalao” con los hits de la música “mákina”, es posible que tomáramos varias drogas). 

   Pero una prueba irrefutable de que la mixtura que el Dr. Jekill, circula por doquier, es la desmemoria que nos ha ocurrido con la pandemia, donde lo héroes se convierten en villanos; la mascarilla pasó de irrelevante a imprescindible; las vacunas son salvadoras un día y otro son venenos peligrosos; que las mismas vacunas que son un bien necesario para el mundo son acaparadas masivamente en el primer mundo; que el estado de emergencia que nadie quería y parecía un ataque a las libertades públicas, es ahora una tabla de salvación; un Rey convertido en la dualidad de ser un truhan y un señor… 

   Perdón que voy a tomarme mi ración de droga porque la realidad me confunde o tomaré el antídoto porque Hyde se me apodera.


         Aznar casi a punto de pedir perdón   

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

domingo, 21 de marzo de 2021

   En estos tiempos de I+D estamos decididos a invertir en nueva tecnología. El Ministerio de Transición Ecológica y el de Innovación (si no están se les espera) apostarán por investigar una máquina del tiempo. Se acabaron los problemas. Que se avecina, por ejemplo, una nueva ola del Coronavirus, enviamos un emisario al pasado y advertimos del peligro. 

   Al principio encontraremos algunas reticencias. Sabemos que los ciudadanos que nos preceden o sea nosotros mismos pero un poco antes, son decididamente más tercos y poco dados a los cambios. Crédulos puede ser, pero no de personajes que vienen del futuro, ellos son muy suyos o nosotros muy nuestros, que ya no sé bien de quién hablo. 

   Bien, pongamos por caso que llega este Hombre del futuro con noticias del infausto devenir que nos acecha y consigue convencer a los medios de comunicación y con ello los gobernantes. Finalmente los ciudadanos ceden ante una verdad indiscutible. Arduo trabajo el del primer aventurero temporal. Primero porque si tras la desintegración y la recomposición atómica no queda mermado de capacidades, encontrará una Sociedad reticente. Alguien debe ser el primero y asumir esa contrariedad. Los sucesivos viajeros irán encontrado un caldo de cultivo más favorable, ya se habrán acostumbrado en el pasado a esas intromisiones temporales que traen catástrofes evitables y eventos adversos futuribles. 

   La duda, es si en ese mundo paralelo pretérito acabarann creyendo y asumiendo la responsabilidad de evitar los males que se ciernen, cuando el emisario regresa, se encontrará una nueva realidad donde lo que tenía que ocurrir no ocurrió y nadie le cree. Alguno incluso pensará que se trata de un falso profeta que pretende sacar rédito con sus fakes news, un agorero impenitente que hay que apartar. 

   Aunque, es verdad que los inventores de la Máquina del Tiempo sabrán que el emisario regresa del pasado. Pero, y si viendo las infinitas posibilidades del invento quieren vender su franquicia a empresas, que diría yo, farmacéuticas o industriales (sus viajes podrían inocular en el pasado necesidades, enfermedades para las que ya tuvieran preparadas soluciones tecnológicas, tratamientos), entonces ningunearían al viajante y este acabaría rechazado por todos. 

   No sé, no acabo de ver que la dichosa máquina acabase aportando muchas mejoras. 

  Pensándolo mejor, por qué viajar al pasado, siempre aburrido, obsoleto y oscuro. Cuando dispongamos de esa fabulosa máquina que el Ministerio del Tiempo ya estudia, lo ideal es ir al futuro. Allí no se pueden cambiar acontecimientos adversos, pero en esa nueva realidad dimensional habremos dejado atrás a todos los ineptos conocidos, imaginaos: políticos, jefes, incluso nuestra propia ineptitud sería olvidada. Decididamente sólo necesitamos la máquina con marcha hacia delante. Podemos contarles a nuestros hijos porque decidimos hacer lo que hicimos y ya no tiene remedio, aunque no les demos soluciones, les damos excusas válidas. Veremos avergonzados a los dirigentes que se empeñaron en aferrarse a la idea del cortoplacismo. En ese futuro lleno de nuevas tecnologías de las que seremos ignorantes, podremos dedicarnos a la Historia o a la narración realista del pasado que todo el mundo admirará por veraz. 

   Tengo dudas, no me veo en un Futuro como el que nos espera. Casi mejor me quedo en casa. Como mucho, si finalmente el invento se convierte en realidad, me ofrezco voluntario para volver a mis 17. 

   No admito más opciones. No pienso arreglar nada, pero volvería a vivir los mismos errores ( quizás alguno quitaría). 

   Por situarnos, hoy es el día 21 del año 2021 del siglo XXI

         Englishman in New York. Sting   

ISABEL DIAZ DE VIVAR

domingo, 14 de marzo de 2021

   Convocados los vasallos y amigos, acudieron todos, quien pudo a caballo, quien no en mula. Los que vestían de paño dejaban las alpargatas a los que a pie emprendían el camino. Se llenó la plaza de estandartes, los Aguerridos (de Aguirre) no iban a abandonar a su nuevo Cid. Pertrechados con las armas para defender una vida diferente, forjada al margen de los mandatos del poder, convertirían la capital en un lugar de libertad. Esta era su consigna, liberar Madrid, como otros antes lo hicieron, “¡No pasarán!”. Traían consigo a la prensa afín, que era mucha porque la fama de Isabel había trascendido los confines de la Villa y en todo el Reino se glosaba su cándida hermosura y su elegante porte de viuda. Su discurso acerado sin embargo, despertaba a las tropas y a modo de arenga les movía al combate. Como su comandante Aznar Máximo pensaba para sí: “Hermanos, lo que hacemos en la vida tiene su eco en la Eternidad” y aquellas consignas eran lanzadas por Twitter, anunciadas en Facebook, publicadas con imágenes cautivadoras en Instagram. Nada quedaba al azar, cada paso era medido por valedores que en la sombra dictaban sus discursos y agrandaban su leyenda. 

   Ella rompió todas las regla mostrando su determinación, situándose al frente de sus huestes con la cabeza erguida, desafiante como quien no teme la estocada. La defensa de España, de la Libertad frente al Socialismo radical y bolchevique, le habían infundido un valor que antes moraba en sus más íntimos y recónditos espacios. Sacaba pecho frente a la imposición y decidía que a la muerte de la pandemia, se le enfrentaba a golpe de caña y café en un bar de Chueca o la Latina. Un virus si es que lo era, no sería capaz de doblegar su cerviz. 

   Ahora el Alto Tribunal decidirá si cede al chantaje de las mociones de censura presentadas por los despreciables socialistas, que ganaron las elecciones, pero ignoraban cuál era su sitio, o no. Cualquiera que sea el dictado,  su figura de Campeadora será venerada desde la derecha más moderada, gente de bien, hasta aquellos hombres de Ley que sienten añoranza de los tiempos de Gloria del Imperio. Ella sabrá unificar aquella legitima opción de Ley y Orden. Para ello lo primero desprenderse de todos los que no saben muy bien el lugar que ocupan, aquellos Ciudadanos que transitan un centro difuso, abiertos al pacto con el Demonio o con Dios mismo. Se basta y se sobra con la derecha de Siempre para dirigir el destino de la Villa y Corte. Si el Tribunal Constitucional se atreviera a permitir la Moción de Censura ya se encargarían de hacer ver al mundo como ha cedido a las presiones soviéticas o chavistas. Lucharía a corazón abierto para que los peleles que transitan en la duda hicieran un ejercicio de transfuguismo como el de Murcia. Con eso quedaría demostrado el poder de la Verdad. Si al Alto Tribunal le llegase su Pentecostés y las lenguas de fuego del Espíritu Santo lo iluminasen (como en otras ocasiones), entonces permitiría que se celebrasen las elecciones. Los madrileños el 4 de mayo, como otrora un dos de mayo, demostrarían que son capaces de rebelarse contra la injusticia. Auparían a su Reina, destronando a los infieles y libertinos, manteniendo al mando a los auténticos españoles. Entonces Vox y PP tomarían las riendas de la capital y como Don Pelayo iniciarían la reconquista. Es posible que ya esté pensando en cómo denominaría aquella unión espiritual de la Derecha: VoxPopular, la Voz del pueblo. No cabe de gozo cuando piensa en ello. Sobre su piel siente la cota de malla que le produce una sensación de seguridad y revolotean las mariposas en su vientre, como una Madonna que ha engendrado el cuerpo del redentor. 

   Nada puede fallar, y si por malas artes o engaños, por sortilegios creados en los aquelarres en que los bolcheviques convocan al Demonio, donde la sangre de los niños y los gallos negros se mezcla; si algo entonces pudiera pervertir el destino que el Altísimo le encomendó, entonces su cadáver político se colocaría enhiesto con una escoba sobre su Babieca y el mismo Casado tomaría las riendas del corcel para amedrentar a los infieles. El destierro sería entonces su condena, pero con el honor inmaculado. Pasaría a la Historia de la España, como lo hicieron Agustina de Aragón, Juana la Loca o Isabel La Católica (su heroína). 


         HAUSER - Now We Are Free (Gladiator)   

NO ESTÁ EL MUNDO PARA QUE SE MUERAN LOS POETAS

miércoles, 17 de febrero de 2021

   Hace días que no escribo. No es que no tenga nada que decir de todo lo que sucede, es que me bloquea la fatalidad de los hechos. La pandemia con sus crecientes y decrecientes cifras, los comentarios aburridos que genera. Los de Simón/Illa-Darias y los de los comentaristas de plató que me canso de escuchar. 

   Si no fuera suficiente con la pandemia vírica, tenemos la epidemia de corrupción que nos recuerdan cada día los medios. Barcenas resuelto a hablar después de tantas mentiras, para asegurarnos aquello que ya todo el mundo sabe. La historia de corrupción de un partido que arrastra como una bata de cola desde hace décadas. Esas personas de que usted me habla, ese partido que ya no es, pero lo fue y que ahora repudian hasta los propios, la 13 Rue del Pesebre en venta, la tormenta perfecta que acecha al nuevo líder. Todo eso me aburre y me da asco en la misma proporción. No son los únicos que me estropean el día. Cada batallita entre los miembros del Gobierno me desilusiona más, no saber comportarse como lo que representan es triste para los que lo contemplamos avergonzados. Las elecciones en Cataluña para nota: pactometros, opiniometros, discursos vacios y recurrentes, círculos cerrados de idiotez que no dan menos desgana. Las 35.000 inmatriculaciones que casi ni conmueven a la Sociedad ni hacen sonrojarse a las púrpuras. Absoluciones bochornosas a los que falsifican un master. Detenciones de raperos por maleducados e irreverentes, con dudosa capacidad artística, pero no delincuentes por hablar sin hacer. Otros agreden con la palabra (desde la judicatura) diciéndoles cursillistas a los epidemiólogos o comunistas al gobierno y sólo las disculpas forzadas por las circunstancias les eximen de toda responsabilidad y lavan sus insultos. 

   La muerte de Joan Margarit, me produce tristeza y me ha permitido escribir. Su figura y poemas me han empujado. Quien utiliza la palabra para consolar, para agrandar el alma, para compadecer y hacer fuertes a los desposeídos. Quien ama la palabra y la ofrece como un pan compartido, quien la defiende por encima de las lenguas, aquellos que nos permiten creer en la grandeza del ser humano, son tan necesarios ahora que no deberían morir, al menos en el recuerdo.

No tires las cartas de amor 

    No tires las cartas de amor 

    Ellas no te abandonarán. 

    El tiempo pasará, se borrará el deseo 

    -esta flecha de sombra- 

    y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, 

    se ocultarán en ti, al fondo de un espejo. 

    Caerán los años. Te cansarán los libros. 

    Descenderás aún más 

    e, incluso, perderás la poesía. 

    El ruido de ciudad en los cristales 

    acabará por ser tu única música, 

    y las cartas de amor que habrás guardado 

    serán tu última literatura. 

                                             Joan Margarit

     Pincha aquí y escucha a:
     Joan Margarit

     También recomiendo que leas el artículo de mayo de 2019:
     PAYASOS Y POETAS

ET IN ARCADIA EGO

lunes, 18 de enero de 2021

   Desde aquí, subido al pedestal de la impotencia, quiero ser breve. 

      Mientras caminamos plácidamente en esta nueva Arcadia, en este mundo feliz construido sobre sueños dementes y embebidos del poder de ser los elegidos, veo pasear junto nosotros la oscura dama orgullosa de su porte, ajena a los quejidos de los murientes. 

   Las plañideras se asoman a los altavoces y gritan maldiciendo en vano su nombre. Casandras condenadas al silencio que rompen sus gargantas inútilmente. 

      Los herederos del desastre contarán la verdad si no han quedado ciegos o mudos. 

    Mientras tanto, corramos con la lira en nuestras manos intentando rimar odas con olas, ignorando el abismo que se abre a nuestros pies. 

   Nadie soñó nunca que hubiera monstruos en el Paraíso.


DIALÉCTICA

miércoles, 6 de enero de 2021

   No es tan importante el diálogo como la escucha. El sentido real de una conversación, de un debate, de un discurso, es que exista un receptor interesado y atento. De nada valen las grandes palabras sin un objetivo en su diana, sin un oyente. Contemplamos a diario los diálogos de sordos que se suceden en los medios y en la vida diaria. Esta pandemia por ejemplo, gastamos mucho esfuerzo en elaborados discursos, estudiados consejos, advertencias, todas ellas repletas de lógica y buen tino, pero no conseguimos nada. Hablamos y hablamos, nos gusta oírnos o quizá nos sentimos obligados a hacerlo. Es nuestro deber realizar ese esfuerzo de enseñanza de nuestra ley, nuestra verdad. Olvidamos que primero necesitamos que alguien esté interesado en conocerla o si acaso, que despertemos su interés en ella. 

   El mundo está en constante diálogo. La televisión, la radio, internet, están llenos de opiniones, de debates y argumentos de expertos (o supuestos expertos) que conocen cada paso que debemos dar. Pero el resultado de tanto esfuerzo es escaso. Cada cual está más pendiente de sus propios principios que de las peroratas de los oradores que nos rodean. Los razonamientos ajenos, son tanto más válidos cuanto más se acercan a los nuestros, los argumentos de los demás no son importantes. Nos hablan y no oímos, aparentamos atender mientras dialogamos con nosotros mismos. Eso lo vemos a diario en la política, pero también en la calle. Somos más monologuistas autosuficientes que esforzados dialogantes. Es lo que hay. 

   Es necesario cambiar el rumbo para entenderse, dar un paso del diálogo hacia la dialéctica con el fin de llegar al conocimiento. La filosofía, perdida entre las ciencias, intenta alumbrarnos en el camino hacia la sabiduría. 

  Dejar que el oyente escarbe en el significado trascendente de las ideas y llegue a sus propias conclusiones (Dialéctica Platónica). 

  La duda no sólo es razonable, sino legítima, sentencia Descartes en su discurso. “la duda es el principio de la sabiduría” ('dubium sapientiae initium'). 

  El Idealismo y el Existencialismo defendieron la Libertad del Hombre, la subjetividad. “No hay una verdad eterna”, “la verdad es subjetiva” (Hegel). La Razón evoluciona con el conocimiento, a través de la transformación de los opuestos tesis y antítesis, que se resuelven en una forma superior sintética. Por tanto, dejemos que el Hombre se enfrente a sus propias dudas, que plantee sus tesis y debata consigo mismo, sólo él es capaz de escucharse. 

   Yo personalmente elegiría el método socrático. La “mayéutica” de maieutiké (técnica de asistir los partos). Hacer parir el conocimiento a través de las preguntas. 

    Dejémonos de discursos, de arengas y del exceso de información a que nos someten las noticias. Hagamos las preguntas concretas para hacernos entender.  ¿Cuántos muertos estás dispuesto a soportar? ¿Cuántos de ellos en tu entorno? ¿Y de estos, cuántos en tu propia familia? ¿Es más importante la riqueza que la salud? ¿A qué puedes renunciar para evitar que ambas se pierdan? ¿Importa más tu libertad que la libertad colectiva que incluye la tuya propia? 

   De nuestras dudas y nuestras certezas se alumbrará un nuevo conocimiento, una conciencia de Sociedad imprescindible para poner fin al caos. 

   No es que yo sepa las respuestas (soy un dudador), pero dejémonos de pláticas e interroguemos nuestra conciencia. Abandonemos la tutela permanente de los gobiernos e interroguemos a nuestro ego. ¿Qué queremos ser y que estamos dispuestos a sacrificar por ello?


   . "Sería la más completa burla al mundo si el que habría expuesto la más profunda verdad no hubiera sido un soñador, sino un dudador. Y no es comprensible que nadie pueda exponer la verdad positiva tan excelentemente como un dudador; sólo que éste no la cree. Si fuera un impostor, su burla sería suya; pero si fuera un dudador que quisiera creer lo que expusiese, su burla sería ya enteramente objetiva; la experiencia se burlaría por medio de él; expondría una doctrina que podría esclarecerlo todo, en que podría descansar todo el mundo; pero esa doctrina no podría aclarar nada a su propio autor. Si un hombre fuera precisamente tan avisado que pudiese ocultar que estaba loco, podría volver loco al mundo entero".

Sören Kierkegaard.

 

         ¡La Famille Beliér. Louane. Je vole