NO ES TAN DIFICIL DE ENTENDER SUSANITA..

jueves, 1 de octubre de 2020


    Querida Isabel, después de más de 30.000 muertos, 8.500 en Madrid y unas tasas de infección que causan sonrojo cuando se comparan con las europeas. Estamos de nuevo por encima de los 100 muertos diarios, cualquier excusa suena a pretexto para eludir la responsabilidad. Ya no nos vale el consuelo de que nos pilló por sorpresa, que no sabíamos a que nos enfrentábamos. La cifras de Madrid son escandalosas y demuestran una gestión pésima, unida a unas características particulares de la Comunidad, sin duda, pero una pésima previsión. Con ello, no podemos dejar de ver que en muchas otras ciudades y territorios las cifras sobrepasan con mucho la que nos correspondería, si hubiésemos hecho el trabajo que hicieron en otros países de nuestro entorno. 
 
   Dejemos ya de marear la perdiz con estrategias políticas. Las ideologías, los credos, la suerte, la buena intención, la propaganda y los eslóganes no van a frenar el contagio. Estoy harto de ver como la salud de todos se juega con fichas del monopoli a ver quien consigue más puntos para las próximas elecciones. Me parece ofensivo que estemos en un esperpento de dimes y diretes, buscando acusar al otro como responsable. Sólo la opinión de los profesionales debería ser tomada en cuenta para acabar con los despropósitos de cada día, no digo que no la puedan matizar los políticos para adaptarla, pero que la gestión se haga sólo basada en criterios de interés político, es abominable cuando está en juego la vida de tanta gente. La economía no se va a salvar en medio de una epidemia. Nadie va a visitar Madrid con la que allí está cayendo y eso vale para el resto de territorios. Acabamos con la epidemia, al menos la controlamos o vamos directos al desastre. Necesitamos altura de mira de los responsables políticos, unidad en el propósito, dejar de confundir a los ciudadanos, respeto por ellos. Da la sensación que no va a haber entendimiento porque no se quiere, la estrategia es la confrontación, caiga quien caiga. 
 
   Yo creo que voy a dejar el tema Covid hasta el próximo año, estoy harto y no entiendo nada. 
 
 
    Un reconocimiento a Quino, por la impagable cultura de Mafalda.  RIP 
 

MEMENTO

lunes, 21 de septiembre de 2020

   En las tardes de solaz me siento a pensar cómo será el recuerdo de estos penosos momentos pasados unos años. Tal vez la pátina del tiempo ayude a suavizar sus aristas y desdibuje su dolor. Quizá cuando todo haya pasado venga un tiempo mejor, entonces ese dolor será apenas un rictus de tristeza. Recordaremos este año como un traspiés y a pesar de la caída, una oportunidad que nos permitió levantarnos con el orgullo del esfuerzo. No penetrará en nosotros el puñal del fracaso porque habremos iluminado la oscuridad con nuestra propia luz. Seremos hombres y mujeres renovados, cargados de la fuerza que da la superación. 

   En esos periodos de ensoñación me veo sonriendo al mundo, mofándome del destino que quiso hundirnos en el pozo de la desesperación y le dimos esquinazo. Trocamos su macabra intención en éxito. Fuimos triunfadores frente al funesto hado. Burlamos a la muerte, no todos, pero si los suficientes para sentirnos ganadores. Ese tiempo venidero asoma como un amanecer que anuncia un luminoso día. 

   Si durante ese tránsito por el futuro, vuelvo un instante al presente, me digo a mi mismo que no tardará en llegar la victoria. A veces incluso calculo cuánto tardará en hacerse realidad aquel sueño y no percibo su lejanía. Olvido por un instante los desastres que nos acompañan. Hablo para mis adentros, maldigo a Trump y sus fanáticos, escupo a la violencia y la intolerancia, niego las estrategias de enfrentamiento sin diálogo. Cierro los ojos para alejarme de aquellos pensamientos indecentes y de aquellos indecentes personajes para borrar sus nombres, sólo Trump, como un diablo maldito persiste en mi mente huidiza. Todas las guerras políticas de ahora, semejan simples escaramuzas sin mala intención, veo sin maldad el manejo de la crisis y sus errores (los del Dr. Simón y los del Gobierno) incluso hasta lo de Ayuso acabo reduciéndolo a un simple error de cálculo y no a su simpleza. 

   Cuando ese nuevo Tiempo llegue beberemos ambrosía en la copa que Ganímedes nos ofrecerá en el Olimpo. Seremos dioses. Hablaremos el lenguaje de los que fueron tocados por la Gloria. Nada podrá ya vencernos, seremos indestructibles, nuestro poder estará en nuestro coraje, en nuestra resolución para enfrentarnos a cualquier problema sabiendo que vamos a ganar. No habrá un después temeroso ni humillante, sólo el honor que obtienen los vencedores. Miraremos con misericordia los errores cometidos, comprenderemos las flaquezas que mostramos como hombres y mujeres, seremos benevolentes con muestras miserias. No veremos en nosotros más que la majestad y esplendor de los que se revolvieron contra la adversidad y la vencieron. 

   A veces mientras sueño con el final de esta tragedia y entreveo la derrota del virus, noto un frio que hiela un segundo mi espalda, un silencio que ensordece mis pensamientos durante un instante. Me digo a mi mismo que pasó un ángel, pero me atraviesa la duda. 

¿Y si finalmente no ganamos la batalla? 

¡No, hermanos! ¡Esa no es una opción posible! 

Si perdemos, entonces este aciago momento no será más que el anticipo del dolor más terrible, el comienzo del Fin de los Tiempos.

         Silvio Rodriguez. Ángel para un final.   

VENCEDORES, VENCIDOS, CONVENCIDOS

viernes, 4 de septiembre de 2020

   De nuevo en la encrucijada. En manos de la voluntad, los aciertos, los errores y los intereses de nuestros políticos. La estrategia prima sobre la necesidad. Ante un panorama desolador, nos encontramos una vez más con la desunión. Las alternativas son la crisis o la miseria y visto el comportamiento de nuestros amados líderes me veo más en la segunda de las alternativas. Siento ser pesimista pero no me da el ánimo para más, pese a estar en las vacaciones que casi daba por perdidas a mediados de agosto. Ahora en el borde del precipicio miro al horizonte y no distingo el futuro. Hemos subido de nuevo tan alto que las nubes tapan el suelo.  

   ¿Cómo apelar al interés común si no existe? Cada cual tiene el suyo. Lo que era evidente en la primera oleada, que teníamos que salir todos juntos, ya nadie lo menciona. No habrá vencedores ni vencidos. Habrá muertos y vivos, ricos, pobres y miserables como siempre, pero cuántos, dependerá de cómo lo hagamos. No existen fórmulas mágicas, nadie las sabe, ni gobierno, ni oposición, ni Madrid, Barcelona, Euskadi, Andalucía o Valencia. Todos hemos fracasado estrepitosamente y ya no podemos alegar que no lo esperábamos. Estamos en medio del desastre. El Espíritu de la Transición que tanto llenó la boca a los políticos brilla ahora por su ausencia, ni el más mínimo atisbo de ser invocado como solución. 

   Los políticos no son más que el reflejo de sus sociedades, somos quienes los eligen, para nuestra propia vergüenza. Por esto mi tristeza. También nosotros estamos fallando. No hay un convencimiento de que somos parte del problema y de la solución. Demasiados de nosotros ignoran el riesgo real de lo que nos ha venido. No hablo sólo de los negacionistas. Siempre hay individuos que utilizan como estrategia el defender lo indefendible, porque quieren marcar la diferencia y sacar provecho de ello. No por convencimiento, los perturbados son una minoría. Detrás de negacionistas, teóricos de la conspiración, supremacistas, fascistas o machistas trasnochados hay más interesados que imbéciles. Muchos de ellos no son más que buscadores de admiradores, creadores de falsos mitos, influencers baratos que buscan el protagonismo. El problema es, que su populismo, su llamada a la emoción y a los instintos, se aglutinan desnortados y desheredados de la sociedad, que cada vez son más. 

   En la entrada de los Reales Alcázares de Sevilla hay una inscripción en cúfico que dice: “No hay vencedor sino Alá”. Puedes llamarlo Alá, Dios, Amor, Humanidad, Civismo o como quieras. No habrá vencedores, todos seremos derrotados si no nos convencemos que somos la solución y esa solución pasa por arrimar el hombro todos a una. El virus produce insuficiencia respiratoria, pero no debería atacar a la solidaridad, la empatía, el compromiso que tenemos como Sociedad de salir juntos de esta fatalidad. Si no somos capaces de hacerlo nos esperan tiempos difíciles.

         Sting - Fragile.   

TOMA EL DINERO Y CORRE

martes, 11 de agosto de 2020

    Hubo una vez un personaje que era guardia de seguridad en una empresa de trasportes blindados. Su misión era salvaguardar el dinero y depositarlo en los bancos. Parecía un hombre íntegro (supongo), lo imagino campechano, con su intrigante mirada, acostumbrado a los chascarrillos de la gente, pero se sentía importante. Un buen día aprovechando su posición y la confianza de sus compañeros, se pone al volante del furgón que custodia y se lleva las sacas de dinero. Huye a Brasil con 298 millones de pesetas y cuando la policía lo detiene, ha cambiado su apariencia y se ha puesto peluquín. Vivió a lo grande, gastó el dinero del que sólo se recuperaron 175 millones de pesetas. Su imagen entre lo cómico y lo esperpéntico se popularizó. Todos conocían al Dioni. Fue, puede decirse, un representante más de la tan admitida como autóctona picaresca española. Muchos pensaron que había tenido incluso gracia su aventura. Un Lazarillo estrábico movido por el deseo de disfrutar del dinero y sus ventajas. 

   Es posible que la Historia esté llena de estos personajes que lejos de infundir odio, mueven a la compasión o incluso a la envidia. No sé si la picaresca es un género literario o una cualidad intrínseca de nuestro carácter. Yo no creo que nuestra idiosincrasia nos haga necesariamente tan mezquinos y patéticos a la vez. En el esperpento nos vemos deformados por el espejo cóncavo, pero es nuestra mirada la que nos deforma, no la realidad. 

   Ahora un personaje importante, un individuo que trasciende su propia persona para representar una institución. El máximo representante de la imagen de nuestro país, aprovechando su posición y su inmunidad, nos involucra en un sainete propio del mejor Woody Allen. Unos hechos tan vergonzosos que sonrojan a propios y extraños. Estamos tan perplejos y sobrepasados que los calificativos se quedan cortos y si te pasas en ellos te acusan de injurias a la Corona. Valle Inclán quizá escribió sus Esperpentos tomando como reflejo estas Realidades tan disparatadas y si no cómicas (porque no tienen gracia) si grotescas y ridículas. 

   El Lazarillo actuaba movido por el hambre y la necesidad, El Dioni quizá por el anhelo a ese ideal impuesto por nuestra sociedad de que ser importante consiste en tener dinero. Pero ¿Qué mueve a una persona que tiene la vida resuelta, que sabe que ocupa ya un lugar en la Historia, que no necesita más dinero para satisfacer incluso sus caprichos? ¿La avaricia? Ese afán desmedido por tener más teniendo tanto no me cabe en la cabeza, menos si al final la consecuencia es el deterioro de lo que teóricamente proteges. Seguramente también la sensación de impunidad, la inviolabilidad, la falta de creer en un principio básico de las democracias, que todo ciudadano es igual ante la Ley. 

   El Quijote de Cervantes en su locura nos hizo parecer idealistas, luchadores, honestos. Este episodio nos degrada. No me inspira pena la figura del monarca, sólo rabia, porque nos dibuja en el mundo como un pueblo inculto y sinvergüenza. 

   Debemos limpiar nuestra imagen con democracia y trasparencia. Que cada cual pague por sus culpas. El delito del Dioni llevó a la bancarrota a la empresa. Ahora con el Covid no necesitamos más ayuda para el desastre.


FAST

sábado, 1 de agosto de 2020

   Corre, camina deprisa, vive rápido. El tiempo no se detiene y su paso es tan veloz que apenas lo percibimos. Parece que fue ayer y todo ha cambiado tanto. Miro atrás y veo mujeres y hombres que fueron niños y no dejo de sorprenderme que sea verdad que yo estuve allí cuando nacieron. No puedo entender como ha pasado tanto tiempo sin apenas dejar sabor, ni siquiera dolor, sólo un silencio inmenso donde resuenan algunos ecos de la memoria. En ese vasto prado del recuerdo algunas flores rojas como amapolas rompen la monotonía. Entre esos espacios oscuros pequeñas linternas anuncian lo que fue y se convirtió en una estrella fugaz. 

   Vivimos en una vorágine, todo ocurre sin sucesión de continuidad. Los días corren rápido y escapan sin advertir que la semana cuando empieza, es ya un cadáver que precede a la siguiente. Trascurren los años dejando únicamente pequeños pedazos de vida en la memoria. Todo lo que guardamos en ella, es el pequeño tesoro de este largo trayecto que nos empeñamos atravesar a toda velocidad. La vida es una niña atolondrada, cambia constantemente de dirección y nos lleva a la deriva manejados por vientos y corrientes. Vamos agarrados a una tabla que creemos que es nuestro bote salvavidas pero los rápidos del rio nos llevan sin remedio hacia la cascada. Necesitamos hacer tantas cosas a lo largo de la jornada que el tiempo se vuelve un torbellino de trabajos, obligaciones, actos imprescindibles pero innecesarios. 

   Alcanzar la felicidad no es una carrera de velocidad, es un paseo, con desvíos por el camino equivocado y aguaceros imprevistos, pero con paradas al borde del camino para disfrutar del agua fresca. Tenemos que aprender de nuevo a ser felices por encima de las imposiciones del tiempo, a pesar de la esclavitud que nos confiere la vida. Romper cada día el lazo que nos ata a lo cotidiano y huir al espacio de los placeres simples. No empeñarse en alcanzar sueños pasados o que otros soñaron por nosotros, asirnos a lo tangible. Un buen vino, una agradable conversación, una buena comida, un viaje, una canción o un verso pueden ser un Paraíso. Dejarse emocionar por lo cercano, no esperar en vano que el mundo nos regale imposibles. Hacer de lo posible nuestro sueño y soñar que lo que tenemos vale la pena. Desear mantener nuestros amigos, mantener fresco nuestros amores, viva nuestra memoria, fuerte nuestro intelecto. Es necesario concederse el privilegio de ser libres por encima de ser importantes. Aprender las lecciones de lo pasado, porque el futuro nos sorprenderá en cualquier momento y no podremos pedirle a la vida que espere a que podamos prestarle atención. 

   Tempus fugit. Carpe Diem 

 

   Si tienes mucha prisa puede que lo más recomendable sea que te sientes y esperes a que se te pase. 

  Todos los años hacemos un montón de cosas necesarias y urgentes, que podrían esperar el año siguiente. 

Gaspar Cervera 

Un sabio de los que pueblan nuestro anónimo Universo

 


IN ILLO TEMPORE

sábado, 11 de julio de 2020

   La inviolabilidad del Rey me trae a la memoria la infalibilidad del Papa, conceptos que parecen sacados de un incunable pero que permanecen inamovibles en nuestro tiempo por increíble o inaudito que parezca. Estamos inmersos en el infinito mundo del IN. Me siento rodeado de esta partícula minúscula que todo lo ocupaba (no hablo del COVID). Infatigable, inasequible, inamovible, inabarcable, cada nueva idea que acude a mi mente viene precedida de su inmaterial presencia. 

   Una justicia insobornable, inapelable, independiente, incisiva, inclemente, incognoscible, tan ínclita y tan incontrovertible que resulta a veces increíble, incoherente e injusta. 

   La política insustituible pero insufrible. Incólume a veces, indecente otras. Incendiaria las más, infatigable al diálogo las menos. Adornada de insolentes, de inveterados vicios, con insolventes dispuestos a solucionar insolubles problemas. Con discursos inclusivos pero inanes, repletos de invectivas e inmoderados gestos, de incongruentes o inconmensurables falsedades. Incontinentes verbales, algunos intrigantes, intransigentes e inmaduros y aunque pocos, muy relevantes ineptos. 

   Veo patrias indivisibles con fronteras infranqueables. 

   Inmigrantes inmersos en los mares. 

   Independencias indemorables con inductores invisibles. 

   Individuos indignos, indolentes y con un indisimulado egoísmo, que se sienten indiscutibles pese a los indicios de incompetencia demostrada. 

   Retos inalcanzables por comportamientos insolidarios. 

   Información e intoxicación que sustituyen a la inteligencia. 

   Innecesarias mentiras, injurias, inconfesables intereses. 

   Y la inefable infección que nos infesta, infravalorada en sus inicios e infausta en sus resultados. 

  Esperemos ser capaces de inocular sentido común a nuestros insensatos inviolables, para que abandonen inicuos regios intereses. 

   Pongámonos “in itinere” “in memoriam” de nuestros muertos.


         Could you be loved. Bob Marley