ÀNGELS

miércoles, 13 de mayo de 2020

   No volia escriure. Esta vesprada he plorat prou com per a no necessitar buidar més el cor, però hi ha tant perquè plorar que estic ací enfront del teclat. M'he adonat amb eixa angoixa, que ningú dels que allí estàvem i dels que no han pogut estar, que no faltava ningú. Mª. Ángeles ha convocat amb la seua absència a tota la família. Ni els majors que se n'anaren davant han deixat de fer-se presents. A ells els plorarem d'altra manera, els acomiadarem desitjant-los un bon viatge i agraint-los el seu esforç per construir-nos. A Mª. Ángeles no la volíem deixar anar perquè ens pareixia massa prompte, lluitàvem impotents contra l'evidència i ho féiem enmig d'esta surrealista distància imposada.

   I malgrat no poder abraçar-se i besar-se, vos he sentit molt a prop.

   Tantes vegades que hem estat junts, tantes vegades que hem pensat que teníem una gran família i mai no ho havia vist tant clar com hui. El dolor ens fa patir, però també ens fa grans, ens fa créixer, fa que els ulls pugen vorer amb claredat els detalls que la quotidianitat ens amaga.

   En sent més Estudiant que mai i ara sé, que mentre un de nosaltres estiga present, ningú mai faltarà.

La Oreja de Van Gogh - Mi Pequeño Gran Valiente


LA GLOBALIZACIÓN DEL MAL

miércoles, 22 de abril de 2020

     Desde hace años hablamos de la globalización y de las ventajas de este mundo que nos ha tocado vivir donde todo está al alcance de la mano, o de un click. La universalización de la información. Todos conocemos lo que ocurre en cualquier parte del mundo, aunque no sepamos que pasa en casa del vecino. A pesar de que el 90% de la información está, si no manipulada, al menos sesgada, nos creemos informados. Por no hablar de las mentiras. Los fake news se han convertido en actualidad, su tradición viene de lejos. Ni Cesar pasó el Rubicón con un ejército numeroso, el bulo le sirvió para asustar a sus contrarios, ni que Catilina deseaba incendiar Roma cuando fue acusado por Cicerón y acabó muerto por ello. Ahora no se divulgan en los mentideros del mercado público, son el arma de los Big Data. Se pueden destruir reputaciones, aupar caudillos y manipular votos, tienen un sinfín de aplicaciones. 

     Todo está en internet, si no lo sabes, consultas en Wikipedia y pasas por ser el más informado de los mortales. Hemos llenado de información las redes, pero seguimos buscando la que nos conviene y además la encontramos. Si eres de izquierdas puedes encontrar las opiniones de izquierdas que te gustaría haber dado en primera persona y que compartes plenamente. Si eres fascista, ya no tienes por qué esconderte, otros dan la cara por ti, desarrollan tu argumentario públicamente. Si eres homófobo, pederasta, maltratador, puedes encontrar en las redes la justificación a tus actitudes, porque allí está todo. Creamos infinidad de amigos que nos dan sus like y nos unimos a plataformas y opiniones para odiar también de manera masiva a aquellos que no nos gustan.

   Hemos creado supraestructuras nacionales, la OMS, Naciones Unidas, Europa… Todas ellas con una filosofía encomiable, dispuestas a romper fronteras, a fomentar la Hermandad de los Pueblos. Nadie quiere estar sólo en el mundo, ahora el mundo es Global, pero si el planeta está en peligro se necesitan 25 cumbres del Clima para llegar a la más absoluta NADA. No hay compromisos, solamente intenciones, cifras de objetivos que no se alcanzan porque no se tiene voluntad verdadera, sólo fingido buenismo. Europa y la FAO ven como llegan inmigrantes por pura hambre y miseria, pero no emprenden acciones que solucionen los problemas en origen, ni en destino. Sólo palabras grandilocuentes, mensajes de planes futuros que nunca llegan. Cada país, cada Gobierno y casi diría cada ciudadano (salvando honrosas excepciones que no hacen sino confirmar la regla) mira hacia su ombligo, analiza cuanto le cuesta acabar con aquello y vuelve la cabeza porque le entra vértigo. Los países piensan en sus mercados, en sus economías, los gobernantes en sus votos, los ciudadanos en su posición social. Globalizarse está bien, pero sin cambiar lo mío, yo hago lo que puedo, dice nuestra blanqueada conciencia.

   Lo único que hemos sido capaces de compartir ha sido el virus. Esa globalización, moviéndonos arriba y abajo, de este a oeste ha permitido que nos prestemos desinteresadamente la infección. Esta pandemia nos ha unido, todos con mascarilla, un Mundo Nuevo con la adecuada distancia social. Todos reunidos frente al televisor para ver nuestras estadísticas y la de los vecinos. Todos encerrados y atemorizados. La concepción global, con todos los instrumentos de información podría haber servido para advertir a otros del riesgo, para dar la voz de alarma, pero nos pilló mirando el ombligo. Era muy difícil de ver hasta que no estuvo encima. Desde nuestro encierro compartimos con nuestros compatriotas el anhelo de que esto acabe, la tristeza de tanta muerte, la rabia de encontrarnos en esta situación inmerecida, el agradecimiento a la gente que lucha por nosotros (se supone que los gobernantes también luchan por el mismo objetivo, pero nadie les aplaude, si acaso se les hace escarnio público, como si fueran los únicos responsables). Vemos una oposición ensañada en que caiga el Gobierno por su mala gestión, sin aportar más que gasolina para que siga el incendio.

   Ahora hacemos bandera común de esta lucha, todo parece enfocado a un renacimiento solidario. Hacemos héroes a los que hacen su trabajo, como lo hacían antes y no los aplaudíamos, como seguirán haciéndolo después. Creo que es una ilusión pasajera fruto del miedo, cada cual sigue pendiente de su ombligo. Si trasciendes las fronteras a esos espacios de Hermandad ficticios, los que se encuentran mejor no ven claro que tengan que abandonar sus privilegios para ayudar a los que consideran que lo que tienen es fruto de su mala gestión. 

   Vamos a pagar caro esta catástrofe. Estoy seguro que saldremos, pero no mejores, sólo más pobres. La pobreza no puede ser generosa, es egoísta porque sufre. No habrá héroes después, sólo vencidos. Trato de mantener la débil llama de la Esperanza, algún día el Mundo cambiará y sólo una crisis puede hacerlo, pero no todos los días lo creo.

   Cantemos a gritos el Resistiré, aplaudamos con ganas y apretemos los puños. Seremos fuertes y llegará la calma, pero la tan ansiada Justicia Universal, la Solidaridad entre los Pueblos Hermanos seguirá siendo un bonito sueño de la Humanidad.


Wicked game - Daisy Gray

UN AMIGO INVISIBLE

sábado, 11 de abril de 2020

   Este amigo vino de visita, como a veces lo hacen los amigos invisibles, sin llamar ni quedar conmigo. No digo que fue del todo inesperado. Ya sabía que había estado visitando a otros. Lo que no esperaba es que viniera con maletas, como a quedarse. No estaba preparado. Este virus vino vestido de gripe pasajera, pero está siendo una tortura. No hay enemigo pequeño, ya lo sabía. Pero no acabo de creerme este inesperado resultado.

   Dicen que está remitiendo y lo creo, pero ¿cuántos muertos son pocos muertos? Ha sido tan brutal, que las estadísticas las vemos distorsionadas. Una sociedad queriendo llegar al pico de la epidemia, a la meseta, conformándose con un retorno paulatino a la normalidad. Contemplando con horror las cifras ¿Qué será la normalidad después del COVID19? ¿Es verdad que estamos cambiando? Estos días de confinamiento, con tanto tiempo para pensar, para aburrirse, aplaudir, escribir wasaps, citarse en zoom e intercambiar información de la epidemia, ¿nos habrá cambiado el modo de ver el mundo?

   En las noticias ahora han desaparecido los escándalos, parece como que el mundo se hubiera reformado, pero con tanto dolor sólo quieren dejar de hurgar en la herida. Seguramente siguen pasando los mismos despropósitos que abrían antes los telediarios. Esta sinrazón que nos trastorna hace que en las noticias busquen la bondad de las pequeñas cosas, de los gestos solidarios, de las iniciativas generosas. No dudo que lo sucedido nos dará tiempo para pensar. Apreciaremos nuestros tesoros: la salud, la familia, los amigos, el tiempo, el trabajo, … ¿Cuánto tiempo nos durará en nuestra memoria el mensaje recibido? No es la primera pandemia que vive el mundo. Las hubo antes de la Peste Negra, que nos queda tan lejos que sólo parece un sueño propio de la Edad Media. En el siglo XIX las epidemias de cólera, en 1918 la mal llamada gripe española (se originó en Estados Unidos) mató entre 20-40 millones de personas (eso dice la Wikipedia). Y pese a todo esto, nuestro recuerdo está precisamente en la Wikipedia. ¿Cambió el mundo a mejor con esos desastres? La Historia ha acabado por repetirse tantas veces que hace dudar de ello. Nos preparábamos para defendernos de la Guerra. Se armaba el mundo para evitarla,  mientras para mantener la atención en ella se emitían en directo cada uno de los conflictos alimentados por los mercenarios. El rearme nuclear y la Guerra de las Galaxias como horizonte y un simple virus, un microbio invisible, una simple cadena de ARN con envoltura (una de las formas más simples de vida) nos pone en jaque. A nosotros, la especie que se impuso en la Creación, que desafió al propio Creador, que reta al Mundo desestabilizando el ecosistema.

   Nosotros no imaginábamos que podíamos ser desafiados por un ser insignificante, lo de David y Goliat no era más que un cuento de la Biblia. Ahora el miedo nos atenaza y escuchamos las trompetas del Apocalipsis, nos replegamos en nosotros mismos y prometemos ser mejores, hacemos buenos propósitos para reconducir esta sociedad descarriada.

   Solo con imaginar los efectos futuros de esta crisis siento escalofríos. Me doy cuenta de lo necesario de una redistribución de la riqueza. Veo el ejemplo de EEUU (primera potencia mundial) dónde hombres y mujeres no pueden acudir al hospital porque no tienen dinero con que pagarlo y siento verdadera rabia. Ninguna sociedad puede dejar tirados a los suyos. Nosotros nos miramos el ombligo por nuestra Sanidad, pero tras la crisis no se necesitarán hospitales, se necesitará trabajo, ayuda para salir del pozo a miles de familias que agotaron sus recursos en esta pandemia.

   Me pregunto si nos quedará memoria para acordarnos de que, si no salimos juntos, no nos haremos inmunes a las pandemias futuras. ¿A qué estaremos dispuestos a renunciar para equilibrar la balanza?

   Entre tanto pasa la tormenta, tratemos de defender la alegría para volver a Ser en un mundo nuevo, hagamos crecer la esperanza de renacer puros, reguemos la bondad que poseemos para que sea el motor del cambio.

   Hagamos caso a los poetas, no confiemos en la política.

DEFENDER LA ALEGRIA 
Defender la alegría como una trinchera
Defenderla del escándalo y la rutina
De la miseria y los miserables
De las ausencias transitorias
Y las definitivas
Defender la alegría como un principio
Defenderla del pasmo y las pesadillas
De los neutrales y de los neutrones
De las dulces infamias
Y los graves diagnósticos
Defender la alegría como una bandera
Defenderla del rayo y la melancolía
De los ingenuos y de los canallas
De la retórica y los paros cardiacos
De las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino
Defenderla del fuego y de los bomberos
De los suicidas y los homicidas
De las vacaciones y del agobio
De la obligación de estar alegres
Defender la alegría como una certeza
Defenderla del óxido y la roña
De la famosa pátina del tiempo
Del relente y del oportunismo
De los proxenetas de la risa
Defender la alegría como un derecho
Defenderla de dios y del invierno
De las mayúsculas y de la muerte
De los apellidos y las lástimas
Del azar y también de la alegría

                         MARIO BENEDETTI



Iyeoka.Symply Falling

YO, TÚ, ÉL/ELLA, NOSOTROS...

viernes, 27 de marzo de 2020

   Yo reconozco que me equivoqué, yo era de los que pensaba que este virus era como una mala gripe. Nunca imaginé esta pandemia, que ha sido capaz de desmontar la rutina del mundo entero. En mi ignorancia, la del ciudadano de a pie (y de algunos prohombres del mundo), suponía que aquello que venía de China, no alteraría esta existencia confortable que creímos indestructible. Instalado en la seguridad de vivir en el primer mundo (sólo gracias al mérito de haber nacido en él) veía las nubes negras como el anuncio de una tormenta. Incluso imaginaba confabulaciones dirigidas al control social a través del miedo. Pero este sunami ha sido el peor de los sueños. Yo que no soy especialmente miedoso por naturaleza, tengo miedo de las consecuencias de esta crisis social y económica. No por mí, por ti también.

   Tú, que vivías instalado como yo en este oasis del mundo, a salvo de los maleficios, aparentemente protegido por el llamado estado del bienestar social, sentimos temblar bajo nuestros pies la estructura de la sociedad. Tú y yo, ya no creemos que los males siempre afectan al otro, al maricón con el Sida, al negro con el Ébola, al pobre con la crisis financiera que sucedió al colapso de Lehman Brothers. Todas esas epidemias han dejado de ser maldiciones de un Dios severo ante los pecados del prójimo. Ahora tenemos miedo porque la pandemia no es de ricos ni pobres, de hombres o mujeres, de Occidente u Oriente. El virus es democrático y nos lo repartimos por igual tú y yo, y el vecino, ese desconocido que va por la calle y es tan víctima como portador. Sólo los viejos temen más, pero también tenemos padres y abuelos, por eso el virus se ha instalado en la vida de todos. El miedo nos ha unido, no sé si nos hará más fuertes, pero nos ha unido, con una mezcla de sentimiento que es la solidaridad y el egoísmo, como es siempre la solidaridad, egoísta. Ayudo al otro porque es necesario para mi futuro, para mi seguridad. Tú abres ventanas, aplaudes a los médicos que no siempre han sido héroes, a veces han sido privilegiados a tus ojos. Porque ahora necesitamos al médico, a la enfermera, al policía, al camionero, al tendero, hasta el agricultor se convierte en un pequeño héroe a tus ojos y los míos. Todos esos que cada día levantan el país son admirados. Los futbolistas, las estrellas mediáticas tratan de liderar iniciativas solidarias para no apagar su protagonismo, que se ve ahora como excesivo.

   Él/Ella que cuando los oyes hablar dicen que ya lo veían venir, que esto ya lo sabían, que no saben cómo no se dieron cuenta antes tal o cual. Que son todos unos ineptos, que estamos manejados por inútiles. Tú y yo que repetimos esas aseveraciones también, por rabia, por impotencia, por miedo. Algunos desde la política, desde la calle, desde el despacho creen saber manejar mejor la situación, pero la verdad, sin disculpar la responsabilidad de cada cual, nos pilló a todos el toro. El virus nos pasó por encima por esa confianza de ser la especie elegida, la sociedad modelo, la reserva de Occidente, la élite de la sociedad. Ellos, tú y yo, que vivíamos instalados en el confort, viviendo contra el planeta, gastando y consumiendo por encima de nuestras necesidades, ahora vemos la simplicidad de la vida en el encierro de la cuarentena.

   Nosotros que gracias al virus ahora despertamos del sueño, que volvemos a una realidad de tonos grises, tenemos que salir de este combate fortalecidos. Quizá aprendamos, quizá no. Existe el ánimo de reverdecer como sociedad, tenemos el propósito de enmienda, el dolor de los pecados, sólo nos queda que la epidemia deje además de memoria inmunológica, memoria social. Que no se pierdan todos los buenos propósitos en la palabrería acostumbrada de quién sólo suplica por su vida, pero que pasado el peligro volverá a su cotidiana trivialidad. Sólo falta que todos estos políticos que desde una trinchera o la de enfrente, que ahora dicen desvelarse por nuestra salud apliquen las medidas solidarias que ahora anuncian y se inicie una revolución verdadera. Que la sociedad en su conjunto entienda que la vida es más simple, que se compone de abrazos, besos, amigos, familia, parques, verde, mar, cielo. No precisa móviles de última generación, de coches de lujo, de relojes exclusivos. Que es necesario que a más de nosotros pueda llegar lo que és básico, que lo que llamamos Derechos Fundamentales (salud, educación, vivienda…) sean de verdad el fundamento de la sociedad.

   Honestamente no creo que el virus sea tan poderoso, al final puede que sólo sea una gripe social y pasado el catarro, enterrados y olvidados los muertos volvamos a nuestros cementerios.

   Espero equivocarme, como al principio de la epidemia.

Toni Zenet. Fuiste tú.

MÁS DE UN MILLÓN DE BESOS

domingo, 15 de marzo de 2020

   Llevaba contabilizados más de un millón de besos a mi chica, todos ellos llenos de bacterias y virus, de esos que los niños toman a raudales en las guarderías. Es más, llevo cinco o seis meses con mocos por este sano intercambio microbiano que nos va curtiendo a ambos con la inmunidad. Dicen que para los niños es bueno que tengan mascotas, que las toquen y que adquieran del medio experiencia inmunitaria. Creo yo, que los abuelos también serviremos para ese digno propósito. Al menos esa era la excusa que me ponía para no refrenar mi instinto besuqueador con la niña. Esa pulsión que surge tras el primer atisbo de sonrisa al llegar a casa o que ya resulta imposible de parar si pronuncia las palabras mágicas: “abu” o cualquiera que dé a entender que no sólo eres reconocido sino amado. Entonces estalla un reflejo que parte del mismo centro del hipotálamo y dejas todo aquello que portas en las manos, olvidas todo el bagaje más o menos desagradable del día y la tomas como un regalo ofrecido por la vida en pago a no se que buena acción que haya podido cometer. Ni el bálsamo de Fierabrás cura tan bien las heridas del tiempo, las cicatrices de la vida. Supongo que cada cual se agarra a un palo ante la zozobra. Emma Naia se llama mi bote salvavidas.

   En estas estábamos cuando viene a visitarnos de forma intempestiva el Covid-19. El rey coronado de los virus mutantes, producto del intercambio inmunitario con los animales (zoonosis lo llaman, que suena más bien a espectáculo de circo). Conquista el protagonismo de nuestro mundo, abre y cierra telediarios haciendo olvidar las veleidades que nos acunan cada día y los cronificados problemas del planeta. Incluso tras ese ataque de pánico inicial, se abren puertas a la solidaridad, a la gratitud con el otro, porque ahora el otro importa. Es a la vez víctima y apestado, lo repelemos pero lo necesitamos. Porque está claro que no podemos salir solos de este reto, acabamos entendiendo el sentido de sociedad, de conjunto. No está mal para un bichito tan pequeño. Él sólo ha creado planes de contingencia, ha abierto líneas de investigación para crear una vacuna o un remedio de forma exprés. No está bien que muramos por esta inconveniente pandemia. Nos dejará sin duda memoria inmunológica a los supervivientes, no es tan evidente que deje memoria social, ni siquiera es seguro que el virus nos movilice tanto cuando llegue a África. 

   A lo que iba, que después de todo este lio, tras la emergencia nacional, con el miedo planeando sobre nuestras cabezas, nos hemos prohibido los besos. No hay duda, es la estrategia más inteligente y eficaz. Al fin y al cabo el amor no necesita las manos, sólo el corazón y los ojos. Pero tengo un problema, me cuesta reprimir el animal besador que habita en mí. Si pronuncian la palabra ”abu” actúa como un reflejo medular sin proceso cortical, es un abracadabra mágico. Sin duda mi contaje de besos está claramente en una tendencia recesiva. Cuando las cifras de contagios y muertes estén en descenso pienso remontar mi cuenta pendiente. Recuperaré los besos evitados.

   Besos y abrazos (virtuales)

   Fuerza a todos, hemos podido con enemigos más difíciles.



Lana del Rey. Cuando estábamos en guerra, seguimos bailando


ENTRE EL OLVIDO Y LA DESMEMORIA

domingo, 1 de marzo de 2020

   Entre el olvido y la desmemoria, existe un vacío inmenso. Habitan allí las tinieblas del alma, allí se esconde el lado oscuro del Hombre. La intemperie arrasa con su viento helado las briznas de piedad que empezaban a brotar entre la tierra árida. No existe lugar más tenebroso que las simas del olvido, donde se esconden los demonios que otrora parecieron ángeles. Es un camposanto de voluntades que fueron primero ideales, luego conceptos y acabaron abandonadas por la pereza. No hay lugar más triste que el que se halla sepultado por el olvido, enterrado bajo la arena traída por el viento de la desmemoria. La verdad oculta a los ojos ciegos y los oídos sordos por mentiras de autocompasión.

 Allí habitamos helados de frio, mirando con recelo el pasado que se nos aparece como un fantasma temible. No podemos ni queremos recordar que fuimos Hombres, que tuvimos ideales solidarios, que vivimos los sabrosos momentos de la ilusión. El manto negro del desengaño o del miedo nos encerró en la prisión del olvido. Nos tiene sujetas las manos y ya ni siquiera nos rebelamos. Sucumbimos a la tenacidad de la desmemoria que cada día nos roba un pedazo del pasado. Corrimos tanto perseguidos por el miedo, que hemos dejado atrás nuestros sueños y abandonados al resto de los caminantes. Ahora nos encontramos solos en este paraíso perdido, mirando a todos lados sin poder ver más que nuestro confortable presente, temiendo siempre que nos asalte la duda, que nos muestren la realidad de nuestra miseria futura.

   En África la muerte campa a sus anchas, las guerras, el hambre, la malaria, el dengue y la atrocidad de los bárbaros convierte a los hombres, mujeres y niños en víctimas. Congo, Nigeria, Chad, tantos nombres marcados por la siniestra mano de la muerte y la desesperanza. Oriente Medio y Asia se arrastran tras Occidente, suspirando por alcanzarlo y deja un rastro de cadáveres y esclavos que ven como se desvanece el sueño que vive casi a su lado. Los pueblos de América, los que conquistamos para llevarles la Fe de Cristo, los que pretendimos ayudar a formar parte de nuestra Historia y Destino, se debaten entre regímenes corruptos y revoluciones que siempre dejan la herida de la miseria. Aquí y allí, incluso entre los remansos aparentes de las democracias pertenecientes a los “dueños del primer mundo” hay pobres que expiran entre la opulencia.

   Todo esto parece que ocurre en otros mundos, en el nuestro sólo el coronavirus importa, es el único Armagedón que nos preocupa. Salimos corriendo a refugiarnos de los infectados, nos cubrimos el rostro con mascarillas, cerramos las puertas y nos encerramos para no formar parte de los apestados. No sabemos que por mucho que corramos, no podremos huir de la parca que nos espera en nuestro idílico y seguro mundo de desmemoriados. Aunque tratemos de olvidar que la muerte y la miseria infecta el mundo no borraremos su mancha. Sólo puede salvarnos el recuerdo y la memoria de los Hombres, es lo único que quedará de nosotros cuando nuestro polvo vuele liberado de la materia.