Me gustaría escribir, comerás flores, como el libro que voy a empezar. Leyendo la sinopsis, creo que la autora tampoco está pensando en la florida primavera y el éxtasis de la vida de la bucólica Arcadia. La deriva de mi título está como no, en el estiércol que nos envuelve en la vida pública.
Por tomar lo más inmediato, el desahucio de Maricarmen, a quien conocíamos de los intentos previos de arrebatarle el breve tiempo que le queda hasta la eternidad. ¿Qué sociedad, que suciedad, se puede permitir esta aberración, este coprológico final? Las instituciones merecen no un suspenso, eso sería suponerles error u omisión, las instituciones merecen defenestrarlas por incompetentes.
Que una comunidad rica, que presume de la suerte de los que viven en este campo de trigo y miel, tomando cervezas y disfrutando de los atascos y el ruido. Que sus dirigentes que acaban de cagarla con la compra de un ático por más de 6,7 millones de euros para uso y disfrute de su presidenta, no sean capaces de dar una respuesta a un caso tan clamoroso. Que esa misma presidenta (en minúscula) ofrezca cómo explicación que sólo es uno de los miles de desahucios que ocurren, me dan arcadas.
Que un Ayuntamiento en el que recae la responsabilidad del bienestar de sus ciudadanos, piense antes en el lucro de los indeseables que en la razón que mueve la solidaridad con los vulnerables, resulta idénticamente indecente.
Urbagestión va a renegar de su abominable comportamiento vista la respuesta pública, pero pensando en el daño reputacional, que no en el daño causado. ¿Qué pasa por la cabeza de individuos o instituciones que reniegan del bien y lo venden por dinero? La amoralidad de las prácticas de una empresa a la que le han ofrecido ante un caso tan palmario mil soluciones dignas, instituciones y personas, dispuestas a comprar la vivienda, a pagar el alquiler y mantiene el empecinamiento en desahuciar a una mujer anciana con discapacidad. No cabe mayor castigo que hundirlos en la ciénaga en la que chapotean. La indecencia no puede justificarse.
El tribunal o el juez que dicta una sentencia repugnante para que se ejecute el desahucio defeca un mojón, si es el Tribunal Supremo será el mojón supremo. ¿No son acaso los jueces los garantes mediante la interpretación de la Ley de proteger a los ciudadanos? ¿Firmó la sentencia sin pararse a mirar los detalles? ¿Cómo pretenden que la gente crea en la Justicia? No es un acto justo, ni equilibrado, ni decente, ni mínimamente entendible por muchos tratados jurídicos que se engullan, solo consiguen defecar ordenes ejecutorias de sentencias aberrantes.
La policía cumple órdenes, pero debe saber que está asistiendo a la expulsión de gente que de forma no violenta pretenden defender a una anciana frágil y existe o debe existir la conciencia, por ellos mismos y sus superiores, que la fuerza no debe confundirse con la agresión y que la proporcionalidad de su uso está también en sus obligaciones. Sin ello se cae en la banalización del mal, no puede valer la eximente de la obediencia ciega.
El gobierno no carece de responsabilidad, aunque abomine de los fondos buitre, no ha sido capaz de llegar al acuerdo que posiblemente no se demore más de una semana gracias a la presión social, pero tarde. El resto de grupos políticos de izquierda que se posicionan en contra de esta política de mercado seguramente no han hecho el esfuerzo suficiente para hacer prevalecer la realidad a la apología. Al PP y a Vox ni se les ve ni se les espera en la solución de esta mierda. De los que aplauden al libre mercado, los que lanzan laudes a los fondos de inversión (no quiero llamarlos buitres, porque es ofenden al papel de esas aves en la biología que contribuyen a proteger en lugar de destruir el ecosistema), verdaderos generadores de riqueza (en boñigas y gallinaza), no espero nada.
Un fracaso colectivo del que sólo me saca de la tristeza la respuesta de la gente, de gente corriente que al unísono se ponen a gritar: ¡¡Estamos indignados y asqueados!! ¡¡ Haced algo, pero ya!!
Definitivamente, me reafirmo. Comeremos mierda. Sólo basta asomarse al Congreso y ver los espectáculos de cada día, los insultos permanentes y la basura que se esgrime cada sesión parlamentaria (no diría yo que eso es un parlamento). El último sainete el del spray de pimienta y los aplausos a la torpeza insultante de la diputada.
Cuanta tristeza produce ver la calidad de los políticos que nos esperan. Frigodedo dejó el listón de la imbecilidad muy alto, pero hay una competición brutal para superarlo. Estamos en ello, esperen a la siguiente legislatura que ya no tardará.
In Arcadia ego.