Educamos y nos educaron en el concepto de formar parte de la sociedad. El conjunto necesario para dar respuesta a la complejidad de la vida de cada uno de los individuos. Somos al parecer seres sociales. Necesitamos el apoyo y la ayuda del otro para poder cubrir nuestras necesidades y realizar nuestros propios sueños. Necesitamos sanitarios cuando enfermamos, bomberos y policías para sentirnos seguros, filósofos que nos orienten en la complejidad de la existencia, políticos para… Bueno son necesarios los demás para vivir. Sin embargo, cada día construimos las murallas que envuelven nuestra yoicidad, dibujamos un mapa de nuestro propio territorio, protegidos frente al territorio comanche, hostil, peligroso e incontrolable que es el entorno. Llámale individualismo, egocentrismo o narcisismo, defínelo como quieras, pero no faltan ejemplos que los ponen de manifiesto. Los libros de autoayuda no pretenden ayudarse contribuyendo al bien ajeno, pretenden el propio beneficio. Ni decir tiene si se trata de fórmulas y consejos para ser rico. Rico en qué, en dinero por supuesto, nadie piensa en la riqueza del talento puesto al servicio de la sociedad, ni de la riqueza de la amistad, el amor o la belleza interior. El intelecto para triunfar, la amistad para tener influencia, el amorpodersexo, el culto al cuerpo. La vigorexia, el complejo de Adonis, no es lo mismo que “mens sana in corpore sano”. La diferencia está en el enfoque, amarse y cuidarse es necesario, pero sin la humillación o la sumisión del semejante, sin el desprecio al diferente.
El lenguaje nos delata porque semejante está en desuso, ahora es MENA, extranjero o en el mejor de los casos migrante. Ya sin entrar en el vocabulario obsceno de los malvados que hablan de invasión bárbara y ven el multiculturalismo como una traición a los principios (más bien los finales) de no se sabe que teoría que clasifica a los humanos en otros y no en hermanos, como el cristianismo que reivindican hipócritamente les enseña.
El lenguaje y los gestos. La persecución, las teorías políticas neoliberales, los great america firts, los MAGA y los consejos patrióticos de ¡Todo por España, coño! Aquellos gestos para preservar la falsa identidad de los pueblos que no son más que las sumas de todas las identidades que los construyeron. Las tradiciones no implican exclusión sino inclusión, los nacionalismos, los regionalismos, los patriotismos no pueden significar tribalismo.
Y nos delata en esa carrera hacia la yoicidad la elección de líderes que se erigen en ídolos, en sátrapas y doctores de la ley, en pregoneros de su propia grandeza, alimentados por aduladores interesados, que un día repetirán los “idus de marzo”. Dejamos que esos arribistas que fueron pisando cabezas hasta llegar a la cumbre nos infundan la idea de que sólo se llega a lo alto si abatimos a los contrincantes, si se destruyen a los enemigos (reales o imaginarios). Son gurus, influencers, amos, predicadores, dictadores y pretenden que su palabra sea legítima, indiscutible, de obligado cumplimiento porque sale de su boca. Acabamos creyendo que su Credo es verdad, que la grandeza viene de su inteligencia y no de su maldad, que su egoísmo desmedido, su ambición de poder es el verdadero estado natural del hombre.
Cuídate de los falsarios que venden la libertad lejos de la sociedad.
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