VIAJE A ITACA (Sólo para Penélope)

domingo, 31 de octubre de 2010





Ni soy Ulises ni el viaje que emprendimos era una Odisea, no hubo que rescatar a ninguna Helena, ni luchar contra el cíclope. Nuestra barca era un cascarón de nuez. Nuestras ninfas y princesas de color negro, en nada sugerían la aventura del héroe (ni siquiera eran las diosas de ébano que nos venden en las pasarelas). Entramos en Troya escondidos en el caballo de la cooperación internacional, abrimos las puertas Esceas y vivimos entre ellos disfrazados de hombres sabios, pero como el caballo, sólo fue un señuelo para que nos dejaran tomar sus diosas, para poder aprender en esta patria lejana lo que en nuestra tierra no se enseña. No hay dioses en el Olimpo, no hay hombres negros ni blancos, no hay sueños imposibles. Sólo hay realidades tan duras que parecen inasumibles, tierras humilladas por la pobreza, vidas tan huérfanas de futuro que apenas si nacen están al borde del abismo. Como Ulises tuve que cegar a Polifemo para abrir mis ojos y dar luz a este drama, pero si el hastío de los dioses o el paso tiempo lo relega al olvido, que sea la memoria de los hombres, de los nuevos Ulises, la que haga que nunca se silencien sus nombres. Que estas pequeñas historias sean como el caballo de Troya para abrir las murallas que cada uno ha ido formando y pueda ganar la libertad.
Os vemos tan cerca, os soñamos tan próximos que ahora no miramos hacia atrás, no buscamos las respuestas que vinimos a buscar, si acaso se esconden ya en nuestras almas. Ahora sólo vemos la luz cegadora de nuestra tierra que nos llama, seguimos el faro, ciegos de oscuridad, porque el regreso es el camino que ansiamos recorrer. Llegamos sedientos de abrazos y besos, hambrientos de palabras de amigos, de llanto de madres, de calor de hogar. Vemos asomados desde la proa de nuestra barca, sobre este mar oscuro, los pañuelos que agitáis en la orilla. Os oímos gritar con ardientes palabras de ánimo que hacen el espacio que nos separa más pequeño por momentos. Ya llegamos.
Entre tanto, paciente, pero con un miedo que crece ante el fugaz instante del encuentro, que ansia pero que teme, para que no se quiebre ninguna de las ilusiones creadas, Penélope nos espera. El manto que tejió con el fino hilo de los recuerdos, de los besos pendientes, de las palabras guardadas para la vuelta, será el paño que enjuagará las lágrimas de la alegría del reencuentro, el que nos cubra y nos proteja del frío que produjo la ausencia. Ahora ya no miramos atrás, sólo oteamos el horizonte, esperamos encontrar tras la siguiente ola su figura alzando los brazos, llamándonos con su voz de sirena, mostrándonos el camino. Ella es el norte, la guía de esta travesía, y nos conducirá a un puerto seguro donde amarrar, allí donde curarán las heridas del espíritu.
Ahora emprendo el viaje a Itáca sediento de mi destino, la oscuridad es mi guía, el sol poniente mi sino....” (La llum de Itáca. Ellies)

LAS ESTRELLAS BRILLAN MAS SI LA NOCHE ES NEGRA


No descubro a nadie que las pequeñas cosas pueden ser grandes tesoros, que hay gestos que han hecho cambiar destinos de personas y de países, que una breve frase de ánimo vale tanto como un discurso moral sobre el valor de la vida.
Es difícil ponerse en la piel del otro, no podemos ni de lejos llegar al alma de los africanos, no somos capaces ni de llegar a nuestra propia alma. Dejadme que so pena de parecer simple, os diga que en África (dónde la Naturaleza es exuberante) sus gentes viven agarrándose a las pequeñas cosas.
No quiero parecer el notario de las miserias de este pueblo, por eso quiero que quede constancia también en lo escrito de la alegría de los africanos. No existe la vida sin los opuestos, el amor y el odio, la tristeza y la alegría, la felicidad y la desesperanza... No he visto sólo gente triste y pobre en este que es uno de los países más pobres de África. Hemos procurado mezclarnos con ellos, olvidando un poco que somos blancos. En los transportes colectivos, en los que nunca nos hemos encontrado con otros extranjeros, nos sentamos pegados a ellos, entran hombres, mujeres y niños( no me siento capaz de decir en palabras como son los peques, son para robarlos, les haría mil fotos) cuando le das un bolígrafo de colorines, pierden por un segundo el miedo al coco blanco y se agarran a él mientras te miran de reojo, su madre hasta sonríe. Anduvimos por el mercado, que es un desafío a la mente, imposible captar sus mil colores, olores, el movimiento constante de personas (de vidas). A pesar de que la miseria está ahí, no la percibes en las caras que viven su día a día, con sus negocios, con sus amigos, sus vehículos rotos pero que no sé como funcionan..

No sólo hemos ido a los bares para los blancos, estuvimos en la plantación, un garito de música africana en el barrio de Walia, donde acuden jóvenes de toda la ciudad. El sitio es digno de verse, sillas y mesas metálicas de las terrazas de verano de los años 60, con su misma antigüedad. Mucha gente con ganas de divertirse, beben unas cervezas, la música es buena, bailamos, dábamos un poco el cante cuatro blancos en aquel chocolate, fue divertido, se hicieron fotos con nosotros. Había un poco de todo, pero la chicas muy arregladas, ellos de machitos, era domingo y la veda esta abierta (aquí a los 14 años prácticamente todas las chicas y chicos han tenido relaciones sexuales).
Media tarde pasada por un euro de la cerveza.
En esta semana hubo aquí en el barrio un concierto al aire libre de música hip-hop africana, con músicos de Walia. Era un concierto solidario por las inundaciones del barrio, ya os dije que la mitad está sumergido y que como consecuencia de ello hubo el brote de cólera. En un descampado con un amplificador, unos bafles viejos, la mesa de mezclas con todos los cables sueltos, la batería , dos guitarras y el micro que se acoplaba montaron un festival guapo. Fuimos Javier y yo, pero como el primer grupo era malo de solemnidad, Javier se fue y me quedé sólo, estaba un poco acojonado, pero me invitaron a sentarme en la tribuna con las autoridades(supongo que para dar color), en silla de plástico, un lujo.


El viernes teatro, en el centro cultural francés, “La casa de Bernarda Alba”, No sé si se puede imaginar un escenario con un único decorado, una pared y dos huecos que imitaban dos puertas de estilo islámico, quizá cordobés, unos adornos florales en la pared a modo de macetas, una mesa y seis sillas. Bernarda una negra imponente vestida de negro, sus hijas con trajes de colores de corte africano y dos criadas con gorritos rosa y azul de volantes(como las mucamas). La tragedia de Federico con tintes negros aquí se conseguía, por lo negro, pero fue convertida en una alegre comedia donde todas las negras gritaban y cuando Bernarda dispara a Pepe (el pretendiente. Imaginaos a la negra pronunciando el nombre de Pepe) y Adela se tira por la ventana pensando que lo han matado, todo el mundo se parte de risa.
Hoy domingo nos hemos acercado al barrio de Chaogua a la iglesia del Sacre-Coeur donde hacen una misa para los niños. Con que poco se puede hacer tanto, tres o cuatro niños tocando el bongo, una coral de niñas, un grupo también de chicas que bailaban y algunos más mayores chicos y chicas que han representado un pasaje de los evangelios. El sacerdote un hombre realmente simpático se movía por el altar haciendo participar a los niños con los cantos (me recuerda al que presenta un programa de música clásica para niños), la misa deja de ser un rito aburrido y se llena de contenido para los crios, misas así despiertan la Fe en la Iglesia y seguramente en muchos niños. Parece que la población católica es más tolerante.
Vestir el traje de domingo, asistir a una celebración, tras la que les compran algún dulce en los puestos que hay a la salida, estar con los amigos. El Dios de las pequeñas cosas paseó en esta mañana de domingo por Chaogua para convertir el día en una fiesta, entregando a cada uno de los que allí estuvimos el regalo de saber que la felicidad está en los pequeños actos. Que cuando nada se tiene, el más insignificante presente se convierte en un tesoro y que cuando la noche es más negra las estrellas parecen más brillantes.

Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. (Árabe)

HABLAMOS OTRO IDIOMA (por eso no nos entendemos)

martes, 26 de octubre de 2010


Ya os dije que manejamos conceptos distintos: el tiempo, la familia, el sexo, la vida... los entienden de forma diferente. Nos separan abismos de evolución o involución, llameselé como se quiera, pero estamos en mundos opuestos (el negro y el blanco, sería una forma de decirlo, los grises sin duda existen y compartimos con ellos algunos puntos de vista).
Para poneros un ejemplo (siento los tecnicismos para los profanos). Son las tres de la tarde. A la una y media nos llaman por una señora con tres meses sin regla (más o menos) que sangra, en la ecografía se ve un hemoperitoneo, (más de un litro de sangre en abdomen, para los críticos de la jerga médica) útero vacío, ovarios con esta sonda abdominal, ni idea. Sospecha de un embarazo extrauterino (algo muy grave, para los críticos de antes). Hemos pedido un test de embarazo y una hemoglobina (no se puede pedir mucho más. Test+ y Hb 7.7 ) le hemos puesto una vía y nos hemos ido a comer (la mujer tenía las constantes normales, salvo por la anemia y teníamos que esperar a su familiares). Lo que os decía del tiempo, pasa con otro ritmo en África, nada parece urgente. Antes de las dos estábamos de nuevo en la sala, había llegado la familia (son beduinos, el que yo creía que era el padre, es el marido, que estaba con su hermano, la más vieja era su madre). Le habíamos explicado la gravedad de la situación y que tendríamos que operarla, la propia mujer rehusa la cirugía porque si su hijo ya está muerto para que operar, la asamblea presente lo mismo. Nueva explicación de los riesgos de morirse,... mande? Tendríais que ver el cuadro (Berlanga like) yo hablo en francés mirándolos con cara de gravedad, el comadrón (Rolán, un chico formidable) se lo traduce al árabe, no contestan, aquí para afirmar que lo están entendiendo hacen un pequeño ruido gutural (trrrg). Fin de la historia, tienen que hablar con el resto de la familia para tomar una decisión, se la quieren llevar a casa y venir mañana (estamos acojonados por si se rompe el ectópico y se muere). Tienen que reunir el dinero y para eso se reúne la familia. Son 20.000 cefas que incluye todo, cirugía, hospitalización, complicaciones, moscas...unos 30 euros (es mucho, ya lo sé). Pero la abuela (osea la madre, le sonó el móvil que llevaba en el refajo y habló con alguien mientras explicábamos los riesgos de su hija), el abuelo (osea el marido, tenía otro móvil con el que convocó la asamblea familiar), yo en teléfono móvil que compré una tarjeta chadiana de Zain llevo gastados 15.000 cefas, ellos también tendrán que pagar digo yo. El problema está en el concepto, no hay hijo, entonces el gasto es innecesario, Dios proveerá, porque el valor de esa mujer es menor que el del hijo que esperaba. Las mujeres son instrumentos que sirven para dar hijos, son propiedad de sus maridos y padres. Claro que esto es más así, cuanto más pobre y más analfabeta es la población (La solución del hambre en el mundo no está en enviar alimentos, sino en dar educación a sus hijos. Todo ello además, sin venderles armas, las guerras perpetúan la miseria y el analfabetismo). Los enfermeros, enfermeras, personal del hospital con un cierto nivel, nos entienden mejor, pero dicen que no se puede hacer nada, que los otros son cerriles.
Ayer por la tarde hicimos una cesárea, de una mujer con cesárea anterior (no se sabe porqué, ni quién, ni cómo) que llevaba 24 horas de parto, llegó en dilatación completa pero la cabeza muy alta, ella quería parir, le dijimos a la comadrona de hacerla empujar y fuimos a buscar entre tanto al anestesista, por tener todo organizado. Cuando volvimos la matrona la había enviado a pasear con su familia para que la cabeza bajase, vimos a la chica fuera, sentada en el suelo con la familia y retorciéndose por las contracciones. La cabeza seguía altísima y le dijimos de hacer una cesárea, ni ella ni sus familiares querían. Sólo el argumento de que se podía romper el útero y morir el bebé nos valió esta vez para convencerlos.
Como estas hay muchas historias, hablamos lenguajes distintos.
Os he hablado de los negros, negros. Pero hay también negros grises (igual de morenos, pero con pensamientos y sueños, más próximos a nosotros) en estos veo el futuro, si para esta gente existe. Son personas que dentro de la pobreza, aquí vienen a ser clase media, los menos de clase “alta”, pero que tienen un trabajo y unos conocimientos. Bien por su trabajo o por su aprendizaje muestran una mente más abierta, han dejado los prejuicios y actitudes preconcebidas (los ídolos de la tribu) y poseen libertad de pensamiento, la capacidad de cambiar. La libertad nos permite escoger, la inteligencia y la prudencia elegir la mejor opción.
Luego están los negros blancos (que viven como blancos) que en un país de negros pobres, resultan a veces una abominación por sus comportamientos. Visitan los hoteles caros, los restaurantes caros, móviles de última generación, conviven y se abrazan a los blancos, algunos de ellos utilizando el dinero de los negros y los grises, sus impuestos, su trabajo, son los hombres fuertes que llevan escrita en la frente la marca del que sabe. Hay una canción de Amancio Prada con este título y alude a los hombres de poder:
... al hombre que con mano firme firma la sentencia de muerte, de un trazo la traza, ….si te fijas bien, en su frente podrás ver la marca del que sabe...”

Al perro con dinero le llaman don perro” (proverbio árabe)

IMPRESIONES DE JAVIER

domingo, 24 de octubre de 2010



Está ya próximo el día de nuestro regreso.
Haciendo un esfuerzo por vencer mi, de todos conocida, alergia informática, tomo prestado a Roberto el ordenador y me animo a escribir unas líneas.
Lo hago para que mi gente no me regañe al llegar a España, por mi desidia, y lo hago ahora porque he preferido esperar a que sedimentasen las emociones que he tenido desde nuestra llegada.
Ante todo, he de pedir disculpas por tener la osadía de opinar sobre un lugar en el que apenas llevo tres semanas. Además de ser un tiempo muy corto, este país es complejo y difícil de entender con nuestra mentalidad occidental. De hecho, creo que es imposible entender nada en tan breve período de tiempo, pero, al menos, os daré mi impresión aunque sea superficial y poco objetiva.
Lo primero que os diré es que mi impresión de la experiencia es positiva. Estoy contento y razonablemente satisfecho. No es lo que esperaba, aunque, en realidad, no sé lo que esperaba.
Cuando planteas un proyecto así, todo el mundo piensa que lo haces por un sentimiento altruista. En realidad, es muy poco lo que ayudamos aquí y, sin embargo, mucho lo que obtienes a cambio. Encuentras respuesta a algunas de las preguntas que te has hecho a ti mismo toda la vida.
El país no es bonito. Es pobre, sucio, caluroso; y hay miseria, enfermedades y muerte por todos lados.
Pero está la gente. África y su gente te cautiva, y a mí me ha enamorado.
No sé cuándo, ni cómo, ni a qué lugar, pero quiero volver.
El clima es duro, y eso que esta no es una época del año especialmente calurosa. Si reúnes el clima, el riesgo de contraer enfermedades y la miseria, no resulta un destino especialmente atractivo.
Pero, como dije, está la gente. No creo haber llegado a comprender prácticamente nada. Además, cualquier idea preconcebida que tengas se derrumba por el peso de la realidad.
Creemos que venimos aquí a ayudar, como escolares con buenas intenciones, pero, en realidad, son ellos los que nos ayudan y nos enseñan a nosotros.
La actividad profesional no ha sido especialmente difícil. He tenido tiempo para descansar, meditar, e incluso leer. Sin embargo, el aspecto humano sí que ha sido duro.
Ya me lo advirtieron. No estamos preparados. No lo estamos para ver cómo los niños mueren como moscas por problemas que en otro lugar tendrían solución..
Nadie nos dijo que tendríamos que asumir la muerte como algo natural e inevitable en muchos casos. Y me sorprende la fortaleza de espíritu con que ellos la aceptan. “Dios lo ha querido”, repiten siempre.
Y no es que no les duela, es que ellos lo tienen asumido.
Temo el regreso. Lo temo porque sé que, cuando vuelva a casa, veré y entenderé cosas, desde la distancia, para las que ahora estoy ciego, saturado por las emociones del día a día.
Sé que pensaré en lo que hice, en lo que dejé de hacer, y en lo que pudiera haber hecho.
Ahora tengo sentimientos contradictorios. Por un lado, la satisfacción de la experiencia y la alegría de la cercana vuelta a casa a abrazar a los míos; y, por otro, la tristeza de abandonar un lugar en el que tengo la sensación de que apenas he pisado el suelo.
Hay muchas cosas que me han impresionado. Sobre todo la gente, y, especialmente, las mujeres que han sido el objeto de nuestra atención.
Admiro su enorme fortaleza en un país, de mayoría musulmana, donde la mujer prácticamente no tiene capacidad de decisión sobre su propia vida. Y, a pesar de ello, son fuertes. Soportan el dolor y la tragedia con una capacidad fuera de lo común.
Si tenemos que intervenir a una paciente por un problema en el que está en juego su vida, antes pregunta a su marido, o al consejo de familia, para que autoricen la operación.
Me impresionan sus ojos. Mirar los ojos de una madre que observa el cadáver de su niña recién nacida te rompe el corazón, te destroza el alma. Y ellas aguantan, sufren y repiten: “Dios lo quiere así”.
Este es otro mundo. Es otra cultura, otra filosofía, otra forma de entender la vida. No los entendemos, ni podremos entenderlos nunca. Aunque ellos tampoco nos comprenden a nosotros.
Es muy difícil llegar a este pueblo. Difícil que te miren a los ojos; difícil que sonrían: imposible llegar a tocar su alma.
Somos extranjeros, invasores. Son conscientes de que obtienen algunas cosas de nosotros, pero es como si fuésemos extraterrestres.
En algunos casos, percibes incluso el odio al blanco bajo una mirada.
Me resulta gracioso ver cómo algunos pequeños lloran al ver ante sí un “monstruo blanco” que se les acerca. Es otro mundo.
Aún así, hemos ayudado a nacer sanos a algunos de ellos; hemos evitado, o retrasado la muerte de alguna madre, y también hemos conseguido alguna que otra sonrisa.
El objetivo más importante que nos habían encomendado era la formación de los estudiantes de Medicina, y a ellos les hemos dedicado mucho tiempo.
Los hay de todo tipo, pero, en general, son buenos. Un estudiante de aquí actúa como un residente de especialidad en España, y asimilan conocimientos con una rapidez que me sorprende.
Si consigo que alguno de ellos recuerde uno o dos de los conceptos prácticos que les hemos enseñado, me daré por satisfecho.
Ya lo dice la historia: “No hay que darles peces, sino enseñarlos a pescar”.
El proyecto del jesuita padre Gherardi es muy ambicioso. Complejo, difícil de entender, criticable en las formas y susceptible de mejoras, pero creo que es bueno.
No me siento autorizado a hacer ninguna crítica. Habría que ponerse en su lugar, y eso es imposible.
Me considero afortunado de haber tenido la posibilidad de vivir esta experiencia. He aprendido las lecciones, o, al menos, lo he intentado.
Recuerdo especialmente la fase que me dijeron hace poco: “La suerte depende de dónde hayas nacido”...qué terrible verdad.
Cuando vuelva a casa, recordaré la silueta de los depósitos de agua del hospital recortándose contra el cielo al atardecer (hay que estar aquí para entenderlo). Recordaré el puente sobre el río Chari, siempre abarrotado de gente circulando en ambos sentidos. Recordaré Walia, con la gente viviendo sumergida en su propia suciedad. El olor putrefacto de ese poblado es difícil de olvidar.
Recordaré la mirada de aquella paciente, con un cáncer tan avanzado que no podíamos operar, y para la que apenas disponíamos de analgésicos para paliar su dolor mientras espera la muerte.
Recordaré la mirada de aquellas madres observando a sus hijos.
Recordaré todos y cada uno de los críos cuya vida no pudimos salvar.
Recordaré, repito, sus ojos y la sonrisa fugaz de aquellos niños, inconscientes todavía de la suerte que les tocará vivir por haber nacido en este rincón del mundo.
Hasta siempre, ÁFRICA.



LE BON SAMARITAIN un proyecto colosal, sobre los pies de un hombre. ( leer sólo los que les sobre el tiempo)




Se llama casa Cabrini, porque un italiano de tal nombre construyó aquí un hotel, que seguramente no funcionó. Este hombre vivió mucho tiempo en África y murió aquí, su familia deseaba repatriar el cadáver y fue así como a cambio de facilitar la vuelta del italiano, donaron el hotel y un gran terreno adyacente al Padre Gherardi, jesuíta que por entonces había creado en Goundhi (una de las zonas más depauperadas de Chad, si es que puede decirse así) una misión donde tenía una especie de campo comunal que trabajaban los niños y recibían alimentación y estudios. Allí hay ahora mismo además un hospital (con dos médicos, un jesuita catalán y un Chileno que hacen de todo, cirugía, obstetricia, pediatría, trauma... lo que pueden).
La idea inicial con la que nació el proyecto de N´Djamena fue un hospital universitario y sobre el terreno se ha construido (con ayuda estatal y de varias organizaciones humanitarias) desde octubre de 2007 un hospital con pabellones de cirugía, ginecología y obstetricia, infecciosos, radiología. 182 camas (desde la inauguración se han estropeado bastante, o ya las compraron rotas) y una zona privada (donde nos alojamos los cooperantes, osea nos han dejado la mejor parte) La antigua casa Cabrini es la zona que sirve de “facultad de medicina y enfermería”. El hospital trabaja como un privado (vamos que salgo de las monjas de la salud y caigo en los jesuitas del Chad), los enfermos pagan pero cantidades muy pequeñas (para que puedan asumirlas los pobres, pero a la vez no se abuse de los servicios, esto ahora en Europa lo llaman el copago) por ejemplo de un parto pagan con todo incluido (las moscas aparte) 5000 cefas, menos de 10 euros. Los médicos están becados, cursan aquí 3º y 6º de Medicina. Tienen un programa formativo y por las mañanas trabajaban en el hospital. En contrapartida deben devolver la enseñanza gratuita con trabajo, teóricamente 10 años de trabajo remunerado, en el propio hospital (es impensable que ninguno de estos chavales, que tienen entre 22-24 años se queden aquí otros diez. Pero lo africanos son así, piden 10 para obtener 4 ó 5, que tampoco conseguirán retenerlos tanto) Nosotros llevamos ahora la Maternidad y la Ginecología, ellos nos ayudan, pasamos también consulta y operamos lo programado o lo urgente con ellos.
Hasta ahí el proyecto, es impresionante. Un problema es que todo se sostiene sobre la figura del padre Gherardi, que no delega y que tiene 75 años (una figura ya encorvada, y unos pies que arrastra para caminar). El profesor responsable (Pierre Farah) sólo tiene también 75 años (no es jesuita, sabemos que está casado, tiene nietos, pero vive su retiro aquí, es cirujano, hace también las cesáreas cuando no hay ginecólogo, y no es su único acercamiento a las mujeres. ¿Tomará polvos de cuerno de rinoceronte?) Ambos mantienen una relación más formal que cordial. Una comunidad pequeña de monjas (no me libro!) dirigen algunas de las áreas de hospitalización (en su defensa, además de la entrega a un proyecto en África, dónde hay monjas hay más limpieza, y eso aquí es mucho). Después hay un personal fijo: un contable suizo (Alain) 4 italianos (Luca, Elena, Ludgina, y Laura) todos ellos no muy contentos con los sueldos y el trato. Los cocineros (Ali y Vitorien), Germain la limpiadora y un gran número de chadianos en oficios varios, que hacen lo que pueden para escamotear algo de cualquier parte, que haga el sueldo aceptable (esta es una costumbre del país que parece muy arraigada, la policía mantenedora del orden debió de establecer esta practica como parte de ese orden legal). Los cooperantes como venimos gratis, somos todo ventajas, no contamos en las disputas sobre el bien y el mal.
Así en un mundo de negros, donde estos son asalariados mal pagados, aficionados a las pequeñas corruptelas, hay unos cuantos blancos que no se llevan del todo bien con sus jefes (entre ellos se llevan mejor). Un jefe con mala leche (aunque seguramente buen corazón) que acostumbrado a vivir en África ya 50 años, no se fía de nadie y piensa que puede llevar este proyecto colosal, casi de forma personal.
No me negaréis que si prescindimos de los colores esto no os suena.
Así se mueve este gigante con pies de barro, en un país nacido en el barro, metido aún en el fango, quien sabe si en realidad son arenas movedizas y no un lodazal. Que la Diosa Fortuna o los fetiches africanos pongan de su parte para que salga adelante por el bien de mucha gente.

Nota del autor: Las opiniones vertidas sólo son una parte de la verdad, porque es sólo la visión parcial del que suscribe, que no sólo no se hace responsable de ellas sino que puede que haya cometido errores de apreciación o lo que es más grave de soberbia (al intentar juzgar un proyecto de años en los 15 días que lleva aquí).
"Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador" (proverbio africano)

¿TIEMPO ES LO QUE LES FALTA O LO QUE LES SOBRA? (yo que sé)





Me vino a la cabeza al preguntar a las mujeres por su última regla y casi ninguna lo sabe. Me llama la atención que ni siquiera las embarazadas.
No quiero decir que les falte o les sobre tiempo, para realizar sus sueños (eso tampoco lo sé), a lo que quería referirme es a que les falta o les sobra el concepto del tiempo. Tenerlo no lo tienen, eso seguro, ahora bien, ¿Les sería útil tenerlo para disfrutarlo? O bien ¿Sería un estorbo aún mayor para su vida diaria? Lo ignoro. Como decía Sócrates: “ Sólo sé que no sé nada”. Pero siguiendo el método dialéctico del maestro de la filosofía (Sabíais que Sócrates era hijo de una comadrona?) después de plantear una proposición analizaba las preguntas y respuestas suscitadas por la misma. Las preguntas ya han sido planteadas ( No lo de que si sabías que era hijo de una comadrona?, sino lo del tiempo). A estas alturas lo que pensaréis es que al que le sobra tiempo es a mí, y es verdad.

Lo poco que sé, se lo debo a mi ignorancia. Platón 

Si la respuesta fuera afirmativa a la primera pregunta, si fueran capaces de tener en cuenta el paso del tiempo en cada momento, seguramente tomarían conciencia de su inconsistencia, de la fragilidad que posee, de cuan veloz es su paso y como no se pueden reclamar los segundos pasados y no aprovechados. Si percibieran esa belleza de que cada segundo deja de ser presente un instante después, pero forma parte ya de tu historia, quizás, podrían hacer valer sus vidas como un bien ilimitado, millonario en segundos. Se sentirían poseedores de cada instante y amos de su futuro. Podría infundir en sus almas la fuerza para mover el mundo, para cambiar sus vidas, uniendo el esfuerzo de todos aquellos que saben que tienen una vida por delante que deben disfrutar y habrían tomado la decisión como dueños de sus vidas, de vivirlas.
"La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre" (proverbio africano)
En caso contrario, si pensamos que poder percibir esa fuerza vital que proporciona el tiempo puede ser un inconveniente para su felicidad, nos encontramos ante la eterna pregunta de si la ignorancia nos da la felicidad. La pregunta que Dios nos planteó en el Paraíso y parece que resolvimos cogiendo la jugosa manzana de la ciencia. Sin embargo que bello hubiera sido el Paraíso, sin la necesidad de buscar alimento, sin miedos, siempre bajo el manto protector del Creador. Aún así nadie de nosotros estuvo en ese Paraíso, ni le preguntaron si le gustaban las manzanas. A estos hombres y mujeres tampoco y viven en el Infierno, no cometieron más pecados que nosotros, no llenaron el saco de manzanas, la suerte los hizo nacer en la pobreza. Viven el día a día sin que el calendario o el reloj marque sus vidas. No es que el tiempo no les afecte, el Sol sale y se pone, la Luna cambia su forma, se suceden los acontecimientos que dan el devenir de los años. Pero no toman conciencia de si es lunes o martes (quizá el domingo para los católicos o el viernes para los musulmanes), si es primeros o finales de mes. Imagino a estas mujeres que paren todos los hijos que pueden, que unen los embarazos a las lactancias, cuando alguien les pregunta por la fecha de su última regla, deben quedar extrañadas. Que más les da, si todos los días se parecen. No son acaso más felices ignorando que existe un mundo diferente, donde el tiempo es oro y conviene aprovechar cada instante, con la imperiosa necesidad de hacer algo nuevo para llenar los segundos de sentido. Por tanto quizá vivan mejor en la plácida ignorancia del cronómetro. Puede que ignoren nuestro sentido del tiempo pero no son necios, la sabiduría no es ajena a los pobres, sólo que se manifiesta de otra manera.
"Durante la estación seca hay que hacerse amigo del dueño de la piragua"  (Africano)
No conozco la respuestas. Como opinaban los sofistas griegos si algo existe no se puede conocer, y si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Pero un buen consejo sobre el tiempo (no es mio) : Si tienes mucha prisa puede que lo más recomendable sea que te sientes y esperes a que se te pase.