PURO TEATRO

viernes, 8 de mayo de 2026

Pareciera que el género palidecía ante la majestad de la novela. Siempre ha habido mucho cuento, no hay que negarlo, pero el teatro va tomando una imparable presencia en el día a día. El relato siempre se ha trasmitido con no pocas dosis de realismo mágico, entre la ficción y la verdad, entre la conveniencia y la sinceridad. La IA no ha cambiado mucho las dinámicas de mentir intencionadamente para decir lo que conviene. No lo políticamente correcto, eso definitivamente está muerto, si no lo que interesa vender. La verdad como concepto está claramente desclasificado en la cotidiana forma de contar los hechos. Desde todos los medios, los clásicos (inclúyase como clásico el Parlamento o el Senado, incluso el grafiti) hasta los modernos digitales (los podcats o los instagrams editados con ChatGPT) el teatro forma parte de la habitual manera de expresar la propia verdad.

Me apena decir que me resulta teatral el espectáculo diario de los telediarios (permítaseme la redundancia malsonante). Contemplamos con asombro el ataque de Hamas a Israel, una especie de absurdo imposible, que un grupo terrorista de escasos medios burle los sistemas de inteligencia de uno de los países con mayor especialización en esa materia. Pareciera una ficción necesaria para escenificar el mayor genocidio que hemos contemplado desde el exterminio nazi. Atónitos, paralizados por el horror y cobardes como suelen ser los cínicos, hemos entrado en la escena de forma furtiva, para condenar con la boca pequeña permitiendo escaladas de terror cada vez más escalofriantes. El mundo ha interpretado a la perfección el papel de convidado de piedra, mudos y estáticos. Si la escena no fuese por sí misma lo suficientemente horrible en el segundo acto Hezbollah interpreta el papel de villano que sirve de excusa para bombardear a otros vecinos, Cisjordania y Líbano como escenarios de una magnífica obra que es el “gran Israel”. El teatro de la vida.

Entretanto, Trump en su rol de malvado, crea escenografías imaginativas sobre Groenlandia, asaltos hollybudiendienses en Venezuela, juicios sumarísimos en alta mar, hace de mago prestidigitador y deja al espectador absorto en sus juegos de mano y de guerra, que hacen que olvidemos su asalto al poder y sus malas relaciones personales, su enriquecimiento personal. Convierte Irán en un gran escenario, un plató televisivo donde dirige desde el palco proscenio, insultos y amenazas y juega con la economía de todos, sin escrúpulos, sin remordimientos, sin piedad. 

La política es el gran teatro del absurdo y como la política lo ocupa todo, tizna de carbón al resto de instituciones. Donde el negro se hace más patente además de en las ciénagas del sistema es en los juzgados, tanta toga y tanta seriedad convierte la justicia en el tétrico teatro donde se administra el castigo a culpables e inocentes. Esos hombres y mujeres disfrazados con sotanas laicas, embebidos de digna rectitud, con la grave solemnidad que impone el estrado y el banquillo, actúan y construyen la mentira de la justicia ciega e imparcial. No hay más que asomarse a las pantallas, narradoras del espectáculo para sonrojarse al ver M.Rajoy convertido en un fantasma de aparente incorporeidad, Barcenas, Cospedal mintiendo a manos llenas. Salvo que la sordera nos impidiera oír los audios de Villarejo no es posible creer su verdad, también verosímil para la presidenta del Tribunal que pone coto a la información irrelevante, innecesaria por probatoria. Actitud contraria a la inverosimilitud de los testimonios de periodistas acreditados que exculpaban al Fiscal General, cuyo caso fue solucionado rápidamente, saltándose la norma de la parsimonia en el enjuiciamiento del común de los casos. Ahí están probados actores de la escena como García Castellón y Peinado que ejercen el noble oficio de denunciar la maldad, siempre que convenga hacerlo.

Y en el epílogo de la obra: la “prioridad nacional”, ensayo del fascismo para ejercer su papel de excluir al otro, para ganar el voto fácil de las víctimas de la sociedad y que acaben creyendo que sus problemas son responsabilidad de los allegados. Nada que decir que esta parodia de patriotismo papanatas, que acaba verificando que su ascenso social prueba la tesis de la banalidad del mal*. Si seguimos por este camino la escena se convertirá en tragedia y la risa se congelará en los labios al ver como en cada acto se van perdiendo los principios, los que rigen el arte de la dramaturgia. 

 

 

*La banalidad del mal es un concepto desarrollado por la filósofa Hannah Arendt(1906-1975) que describe cómo personas ordinarias pueden cometer atrocidades, no por una maldad intrínseca o fanatismo, sino por obediencia ciega, burocracia y falta de reflexión crítica. Arendt acuñó este término cubriendo el juicio del nazi Adolf Eichmann en Jerusalén


https://youtu.be/Gem3m2Prc1k?si=JNeZWJaGrOPO_8Bf