sábado, 7 de noviembre de 2015

EL INFRAMUNDO

Que ha sido de la poesía del Inframundo Clásico, aquellos pasajes cantados en los himnos Homéricos donde el mundo de Hades cobraba vida y se llenaba de sentido. Caronte dirigiendo la barca que cruza el rio Aqueronte a cambio del óbolo que el muerto portaba bajo la lengua o sobre el párpado. Al otro lado de la orilla Cerbero el perro de tres cabezas guardián de su puerta, encargado de que los espíritus de los muertos pudieran pasar e impidiendo su regreso. Ningún vivo pudo nunca entrar en el Reino de Hades salvo Orfeo, gracias al hipnotismo de su música evadió la vigilancia de Caronte y Cerbero.

El cristianismo devaluó la estética de aquel mundo oscuro y lo sumió en la llamas y el tormento, donde las almas injustas pasaban un juicio sumarísimo y se emitía una sentencia para la Eternidad. En aquel infierno cristiano reinaba un ser despreciable, el enemigo de Dios, el ángel caído que tomaba forma de macho cabrío, inclemente y privado de toda humanidad. Sólo Dante consiguió rescatarlo de esta imagen macabra y traspasó las fronteras de su Reino para hacerse humano. Allá en el Tártaro sin embargo mora su rey Hades, que lejos de ser una figura animal es un dios más. Tan humano que siente el impulso de raptar una compañera, toma a la ninfa Perséfone y la convierte en su reina, con ella se compadece de la pérdida de Eurídice la amada de Orfeo.

Ahora en este tiempo de agnosticismo, donde el laicismo gana ventaja frente a la vieja teocracia, se hunde en su propio foso el infierno cristiano y toma fuerza un nuevo inframundo que ya no habita en el abismo, sino que forma parte del propio mundo real. Se perdió definitivamente la escasa poética del Infierno de Dante y la realidad nos ofrece ahora un prosaico infierno sin Can Cerbero ni Caronte cobrando el óbolo. No hay demonios, ni calderas de Pedro Botero, el castigo no lo infringen las llamas. En este nuevo infierno, se pueden ver a los hombres deambulando entre contenedores buscando los restos de comida, familias enteras acudiendo a los comedores sociales donde se reparte la caridad o cruzando las aguas del Egeo huyendo de la guerra. La balanza de la justicia divina hace tiempo que se oxidó y su fiel resulta ya inservible. En este nuevo infierno vemos niños con hambre que serán hombres sin futuro. Este inframundo dotado de poblados de miseria sin agua corriente, convive con un cielo también desdibujado donde la ambrosía sólo está al alcance de los ricos, los demonios visten de Prada y huelen a Chanel, aunque de su boca sigue saliendo el aliento pútrido de los muertos que tragaron.

Vemos el nuevo infierno cada día en las pantallas de plasma y ya no nos espantan los demonios, nos vamos acostumbrando al fuego de la miseria, somos hombres ignífugos, supervivientes del caos de la moral cristiana. Espero que algún día puedan ser perdonados los pecados de nuestra apatía.