lunes, 6 de mayo de 2013

LA REVOLUCION PENDIENTE

  ¿Porqué una revolución, si todo parece tan apacible?


  India es un país dónde cada cual tiene su lugar, y el dios que eligió aquel espacio para las personas y las cosas, lo hizo con tanta sabiduría que nada debería ser cambiado. Bajo el intenso ruido de las calles, el desorden, la suciedad, se esconde el espíritu del orden, la paz del alma. ¿ O quizás no?

   ¿Que se esconde en las mentes de estos hombres y mujeres? ¿Quién sabe que pensamientos pueblan sus mentes?¿Viven en paz con su tierra, aceptan aquella imposición del mundo? Porque a veces pienso que bajo esos rostros conformados, esas actitudes de amabilidad, de sumisión, viven espíritus turbulentos. 

   ¿Cómo escrutar bajo las miradas? ¿Se puede ver más allá de los ojos? No sé si podría entender el significado de las palabras que no se dicen, o ver en los gestos la llamada de auxilio de lo que se esconde. Puede que en fondo de aquellas pausadas maneras exista un agitado mar de dudas, un deseo de ser descubiertos en el engaño.

   Y aquellos seres más lastimados, los más débiles, los dalits, los pobres y sobre todo las mujeres que son en sí mismo una casta inferior ¿Que sienten? ¿Cómo viven esa condición de marginados? Las mujeres ricas seguro que disfrutan de un estatus muy superior a los hombres pobres. Y aún así ¿ Sienten la presión de las ataduras que les impone el matrimonio? ¿Qué piensa cuando su marido las golpea? Quizás piense que es su culpa y se siente responsable, o es posible que una rabia oculta salga silenciosa por las heridas. La sangre no habla. Toda mujer por el hecho de serlo es inferior, está supeditada. Su suerte depende de su familia, de los hombres que siempre estarán por encima de ella. ¿Acaso bajo la mirada sumisa, bajo la aceptación de su condición de seres de segunda clase exista un espíritu rebelde que espera ser despertado? 

   Imagino por un momento a las mujeres de la India con un alma oculta tras su rostro sumiso. Como el cuerpo de las mujeres escondido tras los chador y los burkas, con los ojos mirando el mundo por la rejas de su velo. No puede adivinarse su cuerpo, escondida su belleza para no provocar a los ojos de los hombres que todo lo vigilan, como dioses sabios. Pero bajo aquellos vestidos negros que forman figuras rectas carentes de materialidad. ¿No se esconde una mujer? ¿No tendrán aquellas mujeres la percepción de su feminidad? Quiero pensar que sí. Una mujer es más que un cuerpo. Es un espíritu sabio capaz de criar un hijo, de hacer un hombre, aunque ese hombre pueda convertirse en su verdugo. Los vestidos pueden ocultar el rostro pero no pueden cegar la luz de las mentes que viven en su interior. Por más oscura que sea la tela, por más tosca, por más oculto que quede el rostro, debajo siempre habrá un pensamiento. Algo que nadie puede descubrir sin ser revelado.

   Veo a las mujeres de la India con sus alegres saris, de colores chillones y sus caras sonrientes bajo el burka de su condición de mujer. No sé si lo sufren con dolor o anestesiaron sus sentidos con la educación segregada y machista. Ellas mismas son responsables de esa educación que imparten a sus hijos. Unos hijos que paren con dolor, como nuestras abuelas lo hicieron, o peor, porque a veces lo hacen lejos de donde pueden ser atendidas. Ha mejorado sin duda, pero veo en el paritorio el sufrimiento de quien no puede alegar nada en su defensa, en su ayuda. Su sociedad aún no ha entendido el valor de las mujeres. Su valor depende tanto de esos hijos, que necesitan parirlos a cualquier precio, pero se devalúan en ese trabajo, envejecen, mudan sus caras de niñas tristes por viejas cansadas.

   Esa es la revolución pendiente, la que convierta a las mujeres en personas. La que dé estatus de ciudadano de primer orden a quien es el principio. El cambio de valor de cero a infinito, igual que el hombre. A su lado, a su altura, compartiendo no sirviendo, sumando esfuerzos. Entonces los hijos verán a sus madres como madres no como criadas. Entonces los hombres verán a sus mujeres como sus amadas y ellas dejaran de sentirlos como sus amos. Entonces los padres dejarán de ver a sus hijas como una carga para la que tiene que reunir una dote. Porque sólo entonces el valor de cada uno se medirá por sus capacidades, por sus oportunidades. Cuando en ésta y otras sociedades se imponga la lógica de la igualdad, se multiplicarán las posibilidades de progreso. La revolución debe conseguir erradicar el estigma de ser mujer. Sólo entonces podrán cambiar los principios de una realidad equivocada. En todas las sociedades son necesarios cambios pero sin duda aquí, se debe empezar por esta revolución pendiente.

   Esta semana se publicó en el periódico que en el estado de Andhra Pradesh se ha decretado que las mujeres no puedan estar en los bares después de las 10 p.m. para “evitar problemas”.
Todavía hay mucho camino que andar.

Nunca olvides que la más larga caminata empieza siempre con un primer paso”
                                (Proverbio Hindú)