POST SCRIPTUM


Hace más de un mes que he vuelto de Chad y no me había sentado a escribir. Esperaba que de alguna manera todas esas imágenes, experiencias, personas, se hicieran presentes y me obligaran a pararme delante del ordenador. Escribir es como confesar, como vomitar las vivencias, digeridas o no, de grandes comidas o frugales ágapes. No he sentido ni siquiera nauseas, hay como un bloqueo a ese tiempo en África que ha sido una de las experiencias de reencuentro conmigo mismo mayores de mi vida. Pero ahora estoy de nuevo subido al carrusel de la vida, girando sin pausa, viendo el mundo desde el caballito, con el algodón rosa en las manos. Vivimos una realidad cómoda que nos permite no necesitar pensar. Si Darwin tuviera razón nos extinguiremos no por acabar con el planeta, sino por que hemos perdido la aptitud para la vida, para la vida como lucha. La supervivencia de los aptos es un recuerdo, llenamos el mundo idiotas y perturbados, mezclados con sabios y cuerdos, sin que exista posibilidad de apartar a los incompetentes, porque ellos son los que triunfaron (como en el tango cambalache). No es que quiera bajarme de la rueda, porque lo que existe al otro lado da miedo. Pero reniego de no ser capaz de sentarme a mi lado y contarme lo bello que es el mundo, el milagro de la vida, la fragilidad del tiempo y la necesidad de vivirlo. Es necesario hablar con uno mismo, con los demás podemos compartir, pero somos individuos, es decir somos uno. Sólo con uno mismo podemos entender. Si yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú porque yo soy yo, entonces yo no soy yo (un autor hindú que no recuerdo). Hay que entender al hombre como una unidad, no se explica al hombre por comparación con otros hombres, por la existencia de otros. La maldad surge como consecuencia de pensar en el otro como comparación con el yo, o con los yo afines. Cada hombre o mujer son irrepetibles, es un fin en sí mismo como dice Kant, es por tanto sagrado, sea cual sea su condición tiene idéntico valor. Si nos parasemos a pensar en lo valiosos que cada uno somos, podríamos entender el valor de los demás. Pero no tenemos tiempo.
Pensé mucho en la realidad de África, en lo que vi, en lo que sentí. Supe que no cambian las cosas porque exista buena voluntad, pero quiero creer en la buena voluntad como principio de un cambio que quizá no suceda, pero que seguro que no sucedería sin la semilla de la bondad (la maldad también ha sido el motor de las revoluciones). La semana pasada vi una película (El solista de Joe Writgh) un periodista conoce a un esquizofrénico que tiene un don para la música, fue un chelista virtuoso y la enfermedad lo enajenó, vive en las calles de Los Angeles, el periodista decide que debe rescatarlo de ese mundo y reinsertarlo en la sociedad, fracasa porque intenta trasladar al músico a una realidad que no es la suya. El músico vive en un mundo diferente y para ayudarlo no podemos cambiar su realidad, ayudarlo es estar a su lado, ser su amigo, pero no trasladarlo a la propia realidad que le es ajena. Eso ocurre con África ( no digo que los esquizofrénicos sean ellos, quizá somos nosotros) pero no podemos cambiarles el mundo, sus principios, sus formas de percibir la realidad, bastaría con estar a su lado, de no joderlos.
Creemos que la única realidad verdadera, la única verdad es la nuestra. La verdad no existe. Es una entelequia porque surge del proceso mental de explicar las percepciones. La mente interpreta lo que percibe, pero lo hace en base a las experiencias previas, los prejuicios individuales o colectivos, los conceptos sociales del grupo (los prejuicios de la tribu decía Bacon). El noumeno (la cosa en si de la filosofía kantiana) es la cosa en su existencia pura, incognoscible. Nuestra realidad es la percepción sometida a los condicionantes previos, a los apriorismos. No es más verdad que la suya o la de otros. Por eso no creo en los salvadores que portan verdades y banderas como religiones. Sólo nos salvará y les salvará a ellos, la capacidad de pensar por si mismos y poder decidir de manera autónoma. De ahí mi pesimismo en su futuro. Por eso volveré a África, porque si bien no conseguiré nunca ayudarles, recibiré algo inalcanzable desde aquí, la distancia suficiente para ver el mundo en el que vivo y el tiempo para hacerlo. Puro egoísmo, ya lo sé.

NO DIRAS QUE NO TE LO ADVERTI (para mi mismo) escrito el 1-11-10

Al borde mismo del regreso todo se hace confuso, no puedo decir que esté contento ni triste, ni decepcionado, ni feliz por lo hecho. Me encuentro abatido por el peso de la pena de no haber resuelto nada, de parecer baldío el trabajo realizado. He mirado el río esta mañana como de costumbre en el desayuno y pese a que la mañana está fresca, no me he encontrado a gusto. Veo las aguas más turbias, el puente más insulso, incluso menos ruidoso. Pensaba que hoy sería el gran día, pero lo veo gris. Tenemos una paciente con una cesárea que hizo un hematoma y que hoy ha empeorado. Toda la negrura de lo incierto, del desencanto, todos los fantasmas que ululan cada noche en nuestros sueños, hoy se han despertado conmigo.
Nunca pensé que fuera fácil, pero no es el trabajo lo que cansa, es el desaliento de no ver un futuro, el sentimiento apocalíptico de que hay un fin irremediable de dolor y sufrimiento para esta gente. La impotencia de nuestras manos en evitarlo. Quizás debería ser más simple, dimos una ayuda a cambio de nada, y ahora deberíamos pensar que de algo sirvió. Debería haber un borrón y cuenta nueva en los pensamientos, cambiando el chip de benevol, por el de ginecólogo español, asumir las responsabilidades de mi vida, dejar atrás los problemas de esta tierra, que no he creado y que no debo resolver. Pero nada es sencillo, no es posible sustraerse a lo sustancial para vivir en lo material. Aun así tendré que tratar de reinventar un nuevo individuo que haga compatible lo vivido con lo que es necesario vivir. Te lo advertí, no iba a ser fácil, quizá en algún momento divertido, emocionante, complejo, estresante, pero al final la huella que Chad va a dejar en mí es infinitamente mayor que la de mi paso por esta tierra, el río borrará nuestra pisada nada más despegue el avión, cuando aún no sea siquiera consciente de que ya he vuelto. A pesar de todo creo que ha valido la pena. Ya se verá.
En África todo discurre lentamente, hasta la tristeza tiene un ritmo cansino, que no provoca la caída en un estado de desánimo absoluto. Es como una pereza en el pensamiento, una lentitud para apreciar lo que los sentidos trasmiten, un abotargamiento del espíritu. He buscado algún recurso para salir de esta desazón y sin quererlo he encontrado algo que puede servir. Estoy acabando el libro de Rosa Montero, instrucciones para salvar el mundo. No sé si decir que es un libro triste, más bien sus personajes tienen razones fundadas para serlo y sin embargo insisten en vivir pese a la indolencia que les produce su vida. En el hay dos cuestiones un tanto filosóficas que anuncian dos pretendidas leyes físicas. La ley de Kammener que enuncia la tendencia del Universo hacia la unidad y la armonía como consecuencia de la vida, la vida conduce al orden cósmico (contradiciendo la ley de la entropía de la Termodinámica) consecuencia de ello el tiempo y el espacio tiende a hacer coincidir aquellos fenómenos relacionados, por lo que establece una ley física para las casualidades. Tanto como decir que la casualidad es fruto de la causalidad. Puede que el que haya decidido leer este libro haya sido fruto del azar o de la teoría de Kammener. Quizás podría haberlo leído en otro momento y no hubiera tenido más consecuencias. Pero la casualidad o la física me hizo leer el siguiente capítulo dónde habla del Efecto Lot, que forma parte de la teoría de Fieldman. Asegura que todos los actos humanos tienen consecuencias sobre el resto de los seres vivos y sobre el planeta. Existe una especie de energía integradora de todos los sistemas vivos como una unidad biológica, de forma que cualquier acto tiene una consecuencia sobre el resto. Añade que son los actos buenos los que tienden a dar orden a la Naturaleza y los malos al desorden. Es difícil de probar que pequeños actos buenos o malos desencadenen fenómenos biológicos distantes al punto de origen, pero tengo la esperanza (la esperanza fue lo único que quedó tras abrirse la caja de Pandora) que tanto Kammener como Fieldman tengan razón. Es posible que no haya sistemas para salvar el mundo, pero sólo los actos buenos pueden ser la llave para esta salvación. A esta duda me acojo, que sirve de consuelo a la tristeza que me da dejar esto y partir. Ya sé que lo bueno y lo malo son términos relativos, los racionalistas defendían la presencia en la Razón humana de estos conceptos de forma natural (Sócrates, Platón, San Agustín, Descartes..) pero Kant que integra las teorías empiristas con la Razón dice respecto a la ética:

El imperativo categórico tiene tres formulaciones:
  1. " Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
  2. " Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca meramente como un medio."
  3. " El ser es un fín en sí mismo. Tiene dignidad"

La ley moral, su seguimiento, lejos de esclavizarnos es lo que realmente nos hace libres. Si nos dejamos llevar por nuestros deseos, intereses…no estamos más que siguiendo el principio de causalidad de la Naturaleza, como siguen todos los elementos (vivos o no ) que la componen. Cuando decidimos seguir la ley moral que emana de la Razón nos convertimos en seres libres, con libre albedrío.
En su tumba hay una famosa cita escrita en ruso y alemán “ el cielo estrellado encima de mí y la ley moral dentro de mí, son pruebas de que hay un Dios por encima de mí y un Dios dentro de mí”