BON CAP DE SETMANA COMPANY

(Homenatje al meu amic Manolo)

No escric normalment en Valencià perquè malauradament no domine la llengua que parle, però no sabria escriure açò d’un altra manera. No sé si el corrector de l'ordinador em farà alguna més grossa de les que jo faria sol (no ho tingueu en compte, sols tinc el grau mitja).

El meu amic es deixa la feina de diari (és a dir, es jubila) i reprèn un altre tipus de feina menys convencional. Ell diu que a la seua vida li ha arribat el cap de setmana. Entenent que la infantesa és una mena de dilluns i els següents son una successió de dies de treball fins arribar al moment del cap de setmana. M’agrada molt eixa comparació i eixe estil de viure. És un home amb seny i cal ficar atenció al que diu, per tant vull aplicar me la lliçó.

El temps de la vida acotat pels set dies de la setmana. Passem el dilluns casi sense voler, el dimarts corre com una llebre perseguint un dimecres que fuig de nosaltres. Quan arribes al dijous te'n adones que cal posar el fre, no és que no tingues bons records dels dies que han passat, és que per més que volgueres no tornarien i això et fa seure a la voreta del camí i pensar que vols fer l'endemà. Si la vida t’ha tractat bé potser el dijous es un bon dia per a canviar el ritme, no vol dir renunciar al que has viscut o fer-li costat a tot allò que ha segut el teu món i la teua gent. La qüestió és que el divendres està ahí mateix i no cal esperar a que la vida et done algun avís i de sobte s’encenga la llumeneta taronja abans que decideixes fer allò que alguna vegada havies pensat. El dijous i el divendres tenen que ser els dies del canvi, de les decisions atrevides que encaren el cap de setmana amb ganes i amb un projecte nou. En arribar al dissabte m’agradaria estar com ell, que en quedaren encara moltes coses per fer i sobre tot moltes ganes per fer-les.

Desitge que al cap de setmana faça bon temps i pugem eixir al carrer, no volguera que una mala tempesta llançara a perdre el somnis per complir. Ningú és amo del temps i ja sabem que al nostre poble la pluja no sap ploure (com diu Raimon), encara que t’encomanes a Santa Barbara si et toquen trons t’has fotut.

Per tant com diuen a la terra: Manolo gaudeix molts anys d’aquest cap de setmana merescut i que jo ho puga veure.

Carpe diem.

Namasté.


Elies / Kavafis  "Itaca"   del CD  "La luz de Itaca"


SOMOS COMO ANGELES

Somos como los ángeles, tan asépticos, tan neutrales y desapasionados como ellos.

Los ángeles que habitan el recinto sagrado de Dios son seres inmaculados, de un blanco casi transparente, seres alados carentes de género que no se embrutecen con el sexo. Ajenos a las pasiones mortales y a la esclavitud de tal mortalidad, por tanto a la necesidad de comer, calentarse, defecar o amar. Son seres ingrávidos, incontaminados, imputrescibles, con ellos el cielo goza de una pulcritud absoluta, incluso sus letrinas esán libres del hedor o las inmundicias, sólo útiles para atender algún visitante todavía no descontaminado de su humanidad.

Nosotros, salvo en lo que impone la esclavitud de la condición humana y su fisiología, somos como ángeles. Imparciales, ecuánimes, estoicos, indiferentes, inalcanzables al desánimo, incorruptibles. Pese a las vicisitudes de la política, del desgobierno, de la injusticia, de la aberrante maldad, de los intolerables desatinos cometidos en nombre de dios y de la patria (cada cual la suya) seguimos incólumes, sin menoscabo de nuestra autoestima, vivimos en la permanente seguridad de estar en lo cierto, de habitar un mundo donde los pecados son cometidos por otros. 

Estamos convencidos de que el mal no proviene de nosotros mismos, que si estuviera en nuestra mano hacerlo, pondríamos remedio a los oscuros presagios de esta sociedad. Vemos la ceguera de los otros, la paja instalada en su córnea, ignorando la viga incrustada en nuestro ojo, que nos parece una simple mota de polvo arrastrada por el viento. 

Estaríamos dispuestos al sacrificio si los demás se unieran como legión a nuestro ofertorio. Aceptamos dócilmente las imposiciones de los gobiernos hechas por el bien común, como prueba de  nuestra generosidad infinita, como la de los ángeles. Pensamos que el mundo se ha vuelto loco por algún desorden natural, una inevitable catástrofe desatada por las fuerzas del Universo, como un terremoto o inundación que en realidad no puede atribuirse más que a los inescrutables deseos de un dios aburrido. Si acaso, reconocemos la presencia de otros seres que no poseen nuestra angelical condición y pueden estar involucrados en la magnitud del desastre. Hay maldad, miseria, injusticia que producen repulsión. La ignominia se ha adueñado del mundo, pero nosotros seguimos en el cielo de los ignorantes, ajenos, ausentes, impasibles, inmutables.

Somos como malditos ángeles, desposeídos de sexo, de voluntad y de ánimo, esperando que el buen Dios venga con su espada a aniquilar al maligno. 

Algún día amanecerá nublado en nuestro cachito de cielo, la ambrosía se convertirá en hambre, la calma en tempestad y aquello que veíamos en el plasma pasará a estar tan próximo que notaremos su frio y su hedor. Entonces sabremos que no éramos como ángeles, éramos necios, ciegos, sordos y mudos.

Ojalá los ángeles despierten de su sueño, abran los ojos y vean.

Silvio Rodriguez. "Ángel para un final"

FULANOS, MENGANOS Y VEGANOS

El mundo es ahora un lugar apátrida, la sociedad en la que vivimos perdió todos sus referentes y busca nuevos mitos. En el Antiguo Egipto, en la Grecia Clásica y en el Imperio Romano, los dioses dirigían el orden del Universo, marcaban el camino y establecían leyes que servían para dar una base a las conciencias. El Credo estaba escrito y era de todos conocido, representado en los teatros, más o menos respetado, pero constituía la columna vertebral de la sociedad. El Cristianismo y el Islam entre otras religiones monoteístas se apropiaron de los mitos y los convirtieron en los acontecimientos vitales de su Dios, en los hechos de sus profetas, sus enseñanzas pasaron a ser Leyes. Tanto se usó el nombre de Dios en vano por parte de sus voceros, de sus máximos sacerdotes, de sus imanes, que el Dios Perfecto, el molde en que mirarse iba perdiendo brillo, se convertía en un fantasma que asoma en el momento de la muerte pero que ya no nos resulta creíble ni satisfactorio. Buscamos un antidios que destruya la maldad del dios impuesto. Tienen razón los que desde los púlpitos amenazan que el mundo se ha vuelto descreído, que los hombres se han alejado de Dios, es cierto y deberían golpearse el pecho porque gran parte ha sido su responsabilidad.

Pero el Hombre no sabe vivir sin modelos, no somos capaces de transitar el mundo como el cínico Diógenes desprendiéndonos de toda posesión para buscar la verdad. Necesitamos agarrarnos a alguna creencia que sustente nuestra visión del cosmos. Han florecido como en la primavera las nuevas religiones que toman como fetiches los mitos de antaño y los rebautizan. Predicadores, santones, iluminados y estafadores han ideado mil formas de adorar al dios que mejor calentaba su ego o su ambición. A este propósito se han unido también los políticos. 

Junto a estas religiones oficiales han aparecido otros movimientos que son la expresión laica de la adoración a un nuevo dios. Estos modelos ya no fijan la atención en una figura celestial que encarna todas las virtudes con el poder de aniquilarnos o bendecirnos. Son las culturas alternativas que nacieron de la protesta contra el statu quo, los rebeldes contra el sistema, buscadores de una nueva filosofía que no persiga a un líder. Pero hasta en las nuevas filosofías huérfanas de dios, muchos serán nombrados ídolos, símbolos del nuevo concepto. Los movimientos nacidos de la posguerra: Beat, hippie, punk, grunge, incluso los Rastafari nacieron para reivindicar los opuestos, romper con lo convencional, alcanzar un nuevo modelo de perfección o la imperfección absoluta como símbolo de la belleza, que es otra manera de entender lo bello. De todas ellas el movimiento hippie fue el más arrollador por su filosofía libertaria, contracultural, pacifista y naturista. Quizá el que más contenido espiritual y conceptual acerca del Hombre y su relación con el Universo tenía. Esa pulsión hacia la Naturaleza libre, sin prejuicios, sin límites tuvo su propio recorrido y pasó de moda. Somos seres cíclicos, repetimos los esquemas y les cambiamos los nombres, pero mantenemos las conductas. Ahora conviven los pijos reconvertidos en hispter, los hippies transmutados en veganos, mezclados con los nuevos beatos, los agnósticos, los ateos recalcitrantes y los que no disponen de tiempo para plantearse cual es su posición frente al mundo, que son la gran mayoría y corren el peligro de convertirse en manada. 

No reniego de ninguna de las decisiones personales de adherirse a cualquiera de las opciones que tu generación te acerca. Pero disiento profundamente de la filosofías que entrañan la renuncia como norma. Admito que mi filosofía transcurre por los caminos de Epicuro, el hedonismo no es una perversión si se entiende como la satisfacción del Hombre y la búsqueda del placer. El placer de no renunciar a lo que el mundo te ofrece y como único límite el daño a los demás, porque provocaría su negación del placer a otros. El egoísmo ya no tiene cabida en ese concepto, la búsqueda de la propia felicidad puede estar basada en la felicidad del entorno. Epicuro hablaba de algunos deseos como innaturales e innecesarios. La fama, el poder político, el prestigio personal, producen generalmente un placer efímero y que suele acabar en la perversión del fin mismo. Aconsejaba no arriesgar la salud, la economía o la amistad en la persecución de un placer innecesario.

Lo bueno del placer depende de cómo se busca y hasta dónde llega. La felicidad se alcanza cuando se aprende a distinguir el verdadero placer. Me reconozco en estos preceptos. Si puedo, tras cubrir los que son las necesidades básicas que Epicuro llamaba deseos naturales, quiero llenar la vida de placeres. Un vaso de vino con los amigos y la familia, pan, carne, pescado, verduras y frutas, palabras, risas, olores fragantes, tiempo compartido, café interminable, licor que enturbie el ánima y la haga volar convirtiéndonos en nuevos dioses. Todo aquello que la naturaleza nos ofrece tomarlo con la generosidad de compartirlo, tratar de actuar sin causar el mal a otros, viajar, entender, aprender, llenar la vida de contenido, disfrutar de una película tanto como de un esfuerzo, escuchar la música para serenar el alma, leer y escribir para hacerla más sabia. Y con esa sabiduría expulsar a los falsos profetas, a los políticos falaces, a los dioses paganos, a las filosofías de enciclopedia.
El Hombre debe ser el fin de sí mismo.

“EN LA VIDA HAY QUE EVITAR TRES FIGURAS GEOMÉTRICAS; LOS CÍRCULOS VICIOSOS, LOS TRIÁNGULOS AMOROSOS Y LAS MENTES CUADRADAS”
MARIO BENEDETTI