viernes, 22 de abril de 2016

HOY NO QUIERO PONERME TRISTE

Hoy no quiero ponerme triste…

A pesar de escuchar cada mañana un nuevo engaño a los ciudadanos, una nueva ofensa, más dinero negro en manos de políticos y financieros sin escrúpulos, no quiero que la tristeza se me apodere.

Con cada absurdo argumento para explicarse aumenta mi indignación. Con cada caso de corrupción es más difícil permanecer al margen, dejar correr, callar, cerrar los ojos.

Hombres de traje sentados en los banquillos hacen que piense por un momento que existe la justicia, aún cuando esta tardó años en llevarlos a los tribunales y aún a sabiendas que con breves condenas, convertidas en tercer grado, conmutadas por prescripción de los hechos, lavarán la honra de los que nunca la tuvieron.
Pero todo eso no va a entristecerme.

No quiero ponerme triste ...

Cuando escucho los números de las mujeres maltratadas, de los hijos huérfanos de madres muertas a manos de quienes les dieron la vida a ellos. Qué acertijo deberán resolver sus inocentes cabezas para librarse del castigo de la esfinge, quién les devolverá la vida arrebatada, no la de su madre, sino la suya propia. Cuando les será compensado el dolor con amor, la soledad con abrazos, la injusticia con oportunidades. Pienso que todo esto es demasiado triste como para no estar triste.

Y sin embargo, hoy no voy a ponerme triste…

A pesar de que el mar sigue cobrándose víctimas y en sus olas veo la espuma que produce la rabia y la impotencia. Pese a ver a esos niños de ojos grandes que miran al infinito, agarrados a sus madres, los pies de barro, del barro de los caminos, el pelo revuelto y la raída ropa bajo los chalecos naranjas, hoy no es mi intención estar triste. Sin embargo miro a lo lejos y veo más barcos arribando a la orilla y otros que se hundieron en las aguas profundas. Escruto el futuro y no aparece, porque no existe, porque nadie está dispuesto a crearlo, porque se ha perdido la conciencia, o la fe, o quizá porque nunca existió más que una ilusión, un espejismo, una quimera en lugar de unos principios.

Hoy no quiero ponerme triste…

Porque no estoy dispuesto a perder la esperanza de que alguna vez los gobiernos estén formados por políticos inteligentes, las sociedades estén llenas de ciudadanos generosos. Quizá en un futuro esos que ahora atravesaron las fronteras cerradas tengan en su mano la llave de la salvación del mundo y sepan abrir los candados, destruir las alambradas, convencer a los hombres y mujeres que cada gesto por separado no mueve apenas el aire, pero que si se aúnan voluntades, si se agitan muchos brazos se puede crear un viento renovador que limpie nuestras conciencias ahora dormidas.

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Ocultas entre el limo, revueltas entre la mala hierba se encuentran las semillas de las rosas, del romero, del tomillo. Tal vez nunca crezcan, es posible que queden en aquella tierra de secano para siempre ocultas. Quizás en algún momento estuvieron a punto de brotar, pero el rigor de la intemperie de los tiempos agostaron su yema recién nacida.

En los páramos, en las laderas del monte, en los llanos, en las dehesas, entre los rastrojos o entre las espigas es capaz de crecer la amapola y hacer sonreír al campo. Entre la muchedumbre, en el gentío, mezclado entre la multitud, una figura anónima toma cuerpo y se hace presente irradiando la luz que las nubes ocultan.

Si es preciso habrá que buscar entre la basura para rescatar los tesoros ocultos, aquello que desechamos puede alguna vez salvarnos de acabar siendo sólo chacales que se alimentan en los vertederos.

Hoy no quiero ponerme triste, pero no lo consigo. Aunque prefiero llorar que estar ciego y tener los ojos secos.



No dejes de escuchar a Mercedes Sosa y Calle 13, cada frase de la canción es una invitación a pensar en la esencia de la vida.