sábado, 12 de marzo de 2016

EL CLARO EN EL BOSQUE DE MIRWOOD

Al norte de Virginia se encuentra el pueblo de Awston. Se trata de una diminuta ciudad construida durante la guerra de secesión por los soldados confederados como lugar de paso. En la actualidad, Awston sobrevive de les escasas granjas repartidas por el territorio y de la exportación de miel. La localidad carece por completo de interés y no la hubiese nombrado si no fuera por su proximidad a Mirwood.

El bosque de Mirwood, si bien es muy antiguo, tanto que ni los historiadores se ponen de acuerdo sobre su antigüedad, también carecería por completo de interés sin un perturbador hecho registrado en su interior. En el mismo centro del bosque existe un claro en el cual no ha penetrado jamás persona alguna o animal.

En este lugar, el aire es denso y tóxico, cargado de sustancias nocivas de nombre desconocido, que la escasa vegetación del lugar libera al aire. La única luz del claro proviene de los menguados rayos de sol que logran abrirse camino entre las oscuras copas de árboles arcaicos y que cae en finos hilos sobre el suelo árido y estéril. Las rocas están cubiertas de un musgo oscuro y pútrido.

Mientras que en el resto del bosque lo arboles crecen altos y fuertes, más que en ningún otro, todos los que rodean el claro, sean de la especie que sean, presentan el mismo aspecto desagradable y enfermizo. Las raíces, como huesudos dedos cadavéricos emergen del suelo por doquier en pequeños grupos creando macabras y escalofriantes composiciones que evocan un tiempo tétrico por fortuna ya olvidado. Los troncos, antaño robustos y sanos, son ahora raquíticos y su corteza está llena de podredumbre, en ella los hongos toman formas y colores nauseabundos. Las ramas, en otro tiempo fuertes brazos que se elevaban hacia el cielo, son ahora frágiles y quebradizos, carentes de vitalidad. Tampoco las hojas se han librado de su nefasta influencia. Donde antes había un vasto océano verde y amarillo, ahora solo un jirón de hojas negras, resecas y viscosas.

Algunos historiadores afirman que el claro es muy anterior al bosque que creció a su alrededor, que su aparición se remonta a la época en que los únicos seres vivos moraban todavía en el agua, que el claro nunca desaparecerá aunque lo haga el bosque, pues es eterno, y que lo que ha sido, es y será.

                                                       PAU GIRONÉS