APOLOGIA DE LA IGNORANCIA

Oyendo la declaración de la Infanta Cristina he sentido pura envidia. Hay parejas que viven en el amor y la felicidad más absolutas. No precisan bajar al mundo Real, ni bregar con los mundanos problemas de los mortales. Existen parejas cuyo amor se pasea absorto en el mero deleite. Dejar que la confianza total te embriague, que el abandono suplante al miedo, que la entrega sustituya el recelo. Poder vivir en la poesía, sin la prosa de la cotidianidad. Hablar en el desayuno de la metafísica y la ética, de la filosofía de Epicuro sin escuchar el tintineo del pecunio, sin descender al barro de la política ni del fisco. Volver a la cena y encontrar de nuevo un espacio común para la música del corazón, sin reparar en la cháchara del dinero.

Confiar ciegamente, mirarse a los ojos sin sospechas, entregarse sin reservas.

Y si el resto piensa que eres ciego y sordo, que finges y mientes, que adoleces de falta de inteligencia, decir abiertamente: “Soy ignorante lo reconozco, pero lo soy por amor”


EL AMOR

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo