MIRA DONDE PISAS...

Cuando mires las estrellas embelesado, detente, no sigas caminando, porque la mierda de otros puede ponerse bajo tus pies.Esta máxima seguro que debe provenir de algún monje budista o de algún santón hindú, fruto quizás de su experiencia cuando tras largas horas de meditación, enfrascado aún en su mundo espiritual, se levantaba de la posición del loto y se dirigía a su humilde morada.

Verdaderamente la sabiduría es necesaria para entender el mundo pero pisar la realidad con o sin excremento es lo que forja el espíritu. En las ensoñaciones, en los anhelos y deseos se mueve nuestro ideario, el molde con que quisiéramos mostrarnos o surgir en un futuro no lejano. El mundo real es diferente, allí cobramos naturaleza, somos lo que somos o lo que hemos llegado a ser.

No menospreciemos ese proyecto de hombre que cada día nos dedicamos a perfeccionar. Cada defecto nuevo, cada error nos embellece, menos los que son claramente abominables. No desechemos nuestras imperfecciones, no miremos el firmamento cuando lo que deseamos es mirar dentro, hay que bajar al mundo real y somos como somos. Tan puros, tan idiotas, tan torpes, tan inteligentes, tan subjetivos que resultamos inevitablemente hermosos, inimitables, irrepetibles, únicos.

Pisemos donde pisemos, en el lodo o en la moqueta, nuestra pisada dejará huella. Una pisada que quedará borrada por el tiempo pero que mientras exista dará fe de nuestra presencia.En los tiempos aciagos no dudes de tus posibilidades, no infravalores tu capacidad, no te mientas diciéndote que no vales. En los buenos tiempos no creas que todo lo que tienes es gracias a ti, que eres insustituible, que el mundo no comprende tu valor.

Para qué dudar de ti mismo si no tienes más remedio que conformarte, porqué envanecerte si eres el único que lo ve, si es verdad, alguien más se dará cuenta. Vive, disfruta, llora, sufre y ríe sin miedo, nada es infinito, ni el dolor ni el goce. Si tienes frio piensa en las tardes de verano, si estás sólo piensa en el agobio de las multitudes. Todo es relativo y el color siempre depende de la luz que lo ilumina.

Camina por el sendero de la vida, mirando al suelo para no tropezar con la piedra suelta, pero de tanto en tanto párate para mirar al cielo y sonríe.