lunes, 26 de diciembre de 2016

EL PESO DE LA VIDA

   A veces la vida te hace pensar que se trata de un engaño, que el mero hecho de vivir no es un regalo, si no una especie de prueba en la que debemos sortear los obstáculos y regatear las penas. Cargamos con el encargo de vivir, sin saber bien que peso soportaremos en la mochila. Si bien es verdad que en la mayoría de los casos la juventud pasea por el jardín de las Hespérides comiendo la fruta fresca de sus manzanos, llegados a las fronteras de la madurez en nuestro saco hay suficientes piedras como para que cualquier subida nos parezca una empinada cuesta. Arrastras su peso con la determinación de quien todavía siente joven el corazón y con la valentía del “no me dejaré vencer por el desánimo”. Cuando tras la subida viene el llano crees que has vencido a la vida, que derrotaste los malos augurios de los funestos hados. Sin embargo nunca una cuesta costara tanto si no viniera con otras de la mano. Subes laderas arrastrando las piedras como Sísifo y descansas a respirar, si acaso miras el paisaje mientras recobras el aliento. Cada mañana emprendes el castigo de subir tu carga sabiendo que si cae rodarán los cantos hasta la base ¿Cuánto peso soporta una espalda, cuánto dolor un cuerpo?

   Debemos entender que el mero hecho de vivir viene aderezado con la sal y con la miel, con la olorosa canela y con la pimienta negra. Aceptemos que las piedras que vayamos subiendo por la cuesta pueden ayudarnos a construir nuestro refugio arriba en la cima. Piedra a piedra, golpe a golpe, verso a verso, con cada fracaso construir un muro a la tristeza, con cada enfermedad un ungüento, con cada desilusión un sueño. Porque si no, nuestro empeño es baldío, nuestra existencia un vacío que en nada representa lo que somos. Estamos hechos de barro y fuego, el barro es nuestra materia y se resiente con los vientos, pero el fuego que poseemos alimenta nuestra inmaterial esencia y el viento no puede si no hacerla más grande. Podemos bajar la rodilla al suelo por el peso de nuestra carga, tropezar con las piedras del camino, pero si miras hacia la cima, si piensas el paisaje que te espera tras la subida no puedes entregarte a la desesperanza. Hay que vivir cada momento como semilla irrepetible de la que florecerá el futuro. La vida es demasiado valiosa para arrojar la toalla ante un contratiempo, debemos ascender sin miedo, sin mirar lo que queda, sin volver la vista para valorar lo que ya subimos. Cada paso es una reafirmación de que estamos dispuestos a llegar hasta la meta. El peso de la vida siempre dependerá de la atención que le prestemos. Se soporta mejor con la cabeza erguida, con el cuerpo enhiesto. Relativizar el concepto de sufrimiento, el dolor es objetivo, real, duele lo que lesiona, pero el sufrimiento es la interpretación que hacemos de los hechos que nos causan dolor, depende de el enfoque con que los miremos. Una herida nos duele, pero no tiene porque hacernos sufrir. La soledad, un rechazo, un miedo, una duda pueden hacer sufrir nuestra alma sin lesión aparente.

   No necesitamos ser duros como la piedra, porque la piedra puede romperse con el golpe del cincel, es frágil. Debemos ser fuertes, que significa moldeables, positivos, invencibles, dueños de nuestro futuro, resilientes.

Palabras para Julia de Paco Ibáñez y José Agustín Goytisolo
 

martes, 15 de noviembre de 2016

LA HUMILDAD DE LO GRANDE

Lo inmenso.
Lo infinitesimal.
El universo contenido en un átomo.
Una vida reducida a un segundo, la del niño que nace y apenas emite un gemido.

Lo humilde, lo sagrado, lo breve, lo eterno. La historia del mundo y el día de un pobre.
La miseria, el exceso, lo minúsculo y lo grandioso.

Un pájaro y un horizonte. La luz que rompe las tinieblas. El relámpago y el trueno.
La voz y el susurro, un beso, un te quiero que conquista al corazón más fiero.
Un ejercito derrotado, un cobarde triunfador.
La velocidad y el descanso, la pereza y el trabajo.

Todo cabe en este instante, en cada rincón del mundo sucede todo mientras nada acaba de suceder, porque el mundo no es más que una mota de polvo en el Universo y el momento apenas una gota en el océano del Tiempo.

Sólo aquello que es poderoso, lo que contiene la fuerza de la que emerge la vida puede ser Eterno, con la simplicidad de lo que parece innecesario.

Así funciona el mundo, los dioses que lo habitan se sienten empequeñecidos, a veces tiemblan, se les ensombrece el rostro, arrastran la humildad como una pesada cadena. Sin embargo los hombres, seres insignificantes en la Historia, que no representan más que el aliento de un moribundo, emprenden misiones heroicas, grandes aventuras, guerras, empresas de Titanes y creen tener el poder de Dios, que agacha la cabeza afligido.

Lo definitivo, lo verdadero, los axiomas y las certezas se convierten en humo.
La duda en la escarcha de la sospecha.

Lo excelso se hace ordinario porque nadie lo entiende como sublime.
Lo profundo superficial, si nadie lo piensa.
Lo grosero parece refinado y lo descortés amable si se pronuncia con voz fingida.

La vida confunde los sabores de lo amargo y lo dulce como un postre mal cocinado. Se equivocan los dioses dando mucho a quien todo lo desea. Yerran al darle valor a los temerarios y honor a los engreídos.
Sólo de la humildad saldrá el Hombre generoso, el que reparta su pobreza entre los miserables.

En lo pequeño reside la magia.
De lo simple surge la Verdad, de la ternura el Amor.

¿Qué encierra lo grande si no pequeños fragmentos del Todo?

India . Bathalapalli . noviembre 2016


"Slumdog Millionaire. Jai Ho "

Escenas de Slumdog Millionaire (2008). Película romántica, drama. Un joven huérfano que vive en una barriada pobre de Bombay, decide presentarse a la versión india del concurso: "¿Quién quiere ser millonario?".    

domingo, 30 de octubre de 2016

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

Estamos ciegos. Nos dejamos llevar de la mano por gobernantes que están tuertos o en sus mejores días los ojos les hacen chiribitas. Ellos nos dicen que son visionarios, dicen tener los remedios de todos nuestros males y sin dudarlo les creemos. A pesar de que llevan engañándonos durante años, que nos han mentido de forma constante, nosotros seguimos cogiéndonos de su brazo. Nos han metido en tantos charcos que nuestros pies no salen del barro pero nuestra ceguera nos impide verlo. Tozudos como mulos seguimos estrellando nuestra cabeza contra el muro de la mentira y la corrupción, depositando nuestro voto como si fuera una ofrenda a los que utilizan la papeleta como papel higiénico. 

Definitivamente el miedo o la comodidad nos ha cegado, vamos dando palos de ciego en el mundo oscuro de la política y caemos siempre en las enmarañadas redes de la propaganda. A pesar de que no estamos sordos, nuestra ceguera nos impide oír los avisos de nuestra conciencia que nos dice que aquellos imbéciles ya nos la dieron con queso otras veces, ya nos estafaron con los mismos argumentos. Seguimos como borregos por la senda que nos marcan, nos aterra que se acabe el camino o caernos en el barranco de la miseria desde el que otros gritan. Para no ser como esos desgraciados que han sucumbido a la pobreza nos agarramos con fuerza a la cuerda que nos tienden sin apercibirnos que está también arrollada a nuestro cuello y que conforme vamos tirando la apretamos un poco más.

Nos comportamos como los ciegos de José Saramago buscando nuestra supervivencia a costa de renunciar a todos los principios que una vez nos parecieron los fundamentos de la ética. Acabaremos degollando a un pobre para quitarle su mendrugo mientras el rico come el bocadillo de chorizo en su chalet protegido por guardias de seguridad privada.

Como los murciélagos, nos dejamos llevar por las ondas de la radio y las tertulias, por los titulares de la prensa, por los eslóganes de los pasquines y tropezamos una y otra vez contra las mismos obstáculos, caemos en manos de los rufianes de siempre. Hacemos oídos sordos a las voces de algunos que se pierden en el ruido mediático. Como niños no atendemos a razones, desoímos los consejos de quienes nos previenen sobre los males de lo venidero y nos prestamos al engaño de lo que parece más fácil.

¿De verdad estamos tan ciegos? O nos hacemos los tontos ¿Hemos perdido la cordura? O queremos pasar por locos. ¿Nos ha adocenado esta sociedad del bienestar? O deseamos vivir así.

Niñas ciegas en la Fundación Vicente Ferrer

sábado, 24 de septiembre de 2016

UNIVERSOS PARALELOS

El viejo murió de pronto, estaba mirando por la ventana y se quedó allí, como pensando, o quizá ni siquiera pensaba ya porque la muerte le había alcanzado un minuto antes. Quien sabe, pero lo cierto es que quedó allí delante de la ventana, donde lo habíamos dejado olvidado o simplemente donde le correspondía estar por su decrepitud. Era ya sólo un recuerdo antiguo, de los que no representan ningún momento glorioso de la vida de nadie. Era un desecho, un estorbo, una molestia ingrata. Cuando babeaba o cuando dejaba correr el cálido orín por la entrepierna, sin inmutarse, como si lo hiciera a propósito para molestar, yo mismo lo hubiera matado. Pero mi falta de valor me lo impedía. No porque pensara que debía vivir, aquello ya no era vida. Esa casa en derribo, ese traje hecho jirones no podía ser ya otra cosa más que pasto de gusanos. Hizo bien la muerte en venir a buscarle.

La sabia Muerte vestida de blanco hizo su entrada y el tiempo se detuvo para siempre. No existe dama más poderosa. Nadie es capaz de detener el mundo como ella, ni Dios mismo. Ella arregla los despropósitos del Creador, los allana, iguala a los Hombres. Hasta los más viles la temen, incluso los que son su mano ejecutora temen su sentencia. Los poderosos, los pobres, los miserables, los alegres, los cenizos, todos se rinden ante sus argumentos y ceden su bien más preciado.

El viejo ya no le temía a la muerte, creo incluso que la estaba llamando. Si hubiera podido hablar le hubiera dicho: “Ven hija de puta, no te lleves a los niños, no te aproveches de los desgraciados, si tienes cojones llévame a mi que no te temo” Pero eso era imposible porque el viejo ya hacía muchos años que no hablaba, ni gemía, ni reía, sólo miraba indiferente a su Universo situado tras la ventana. Su mundo perdido en el vacío de los Tiempos. Le mirabas a los ojos y parecía verte, pero si te fijabas bien en su pupila no había reflejo, no estaba tu imagen en espejo, sólo existía un negro desvaído que es el color de la Nada. Aunque le pellizcaras no asomaba a su rostro el menor atisbo de dolor, ni te maldecía, nada de lo que ocurría a su alrededor le importaba, le éramos tan indiferentes como nos resultaba ya su figura inerte. Habitábamos mundos distintos, podría decirse que vivíamos en Universos Paralelos. ¿Cuántos mundos diferentes coexisten? Nosotros mismos, asomados a la ventana del televisor, indiferentes, mudos, parece que vivimos en un Universo Particular. Miramos con ojos atónitos la pantalla contemplando los mundos de los otros que nos son tan extraños. Permanecemos sentados, impávidos, impertérritos ante el terror de sus vidas, cuando apenas se nos conmueve el alma suena el timbre del microondas y nos devuelve a nuestra realidad, sacamos las verduras que teníamos cocinándose y comemos ajenos al dolor y al hambre que llena aquellos mundos. ¿Acaso no estaremos muertos? Somos tantos los muertos que vivimos absorbidos por nuestra cotidianidad que podría casi decirse que existen más muertos que vivos. Miramos las realidades de otros como si no nos pertenecieran, somos tan extraños para ellos como lo son ellos para nosotros. Debe existir algo de chispa todavía en nuestro cuerpo porque a diferencia del viejo, de tanto en tanto se nos asoma una lagrimita en el ojo o haciendo un esfuerzo supremo movemos el dedo para cambiar de canal.

Somos los náufragos de nuestra propia isla, los reyes de un imperio de nada, amos de los mundos ajenos y esclavos de nuestro Universo Particular.

Dejemos de mirar hacia la ventana como el viejo, abrámosla y salgamos afuera a buscar a los habitantes de los Universos Paralelos, o estamos muertos.


Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
Insomnio
Damaso Alonso
Hijos de la ira


"Rodrigo Leao. Carpe diem"

viernes, 9 de septiembre de 2016

LA MATERIA DE LOS SUEÑOS

El barro, hombres y mujeres nacimos del barro. Tierra y Agua amasados por un Dios omnisciente o por una Naturaleza que indefectiblemente llevaba a la vida. Nuestra agua, el sudor del trabajo y del miedo son los humores del pobre, el llanto de los miserables que bregan con la tierra para vencerla.

Llenamos ríos de lágrimas y dejamos que la corriente se lleve la pena. Lágrimas que se perderán en la lluvia. La alegría apenas forma pequeños regueros frente a los torrentes que el dolor crea.

Si la materia de la carne es el barro, la del alma es el aire.

No el viento, que mueve los molinos de los sueños. Es el aire quieto, la esencia que proviene del aliento de Dios vertido sobre el barro, el neuma que constituyó el espíritu vital del hombre. En la tristeza el vacío se adueña del alma entregada a la Nada. En la alegría la luz de gas de neón de la vida incendia el alma.

Si la carne es barro y el alma aire.

¿Cuál es la materia de los sueños?

Sólo el Fuego puede producir los sueños. El fuego que provoca la ebullición de nuestra materia acuosa, de sus burbujas surge el aire, que no es sino alma evaporada. En su calor se cuece el barro convirtiéndolo en vasija, allí se contienen los sueños. Por ese fuego se fraguan esperanzas e ilusiones, en el rojo brillante se templa nuestro acero moldeándose como la arcilla. Cada una de las brasas, azuzadas por el viento creador se convierte en llama y hace que el aire se eleve, que crezca y nos haga gigantes. El fuego nos lleva hasta donde los dioses habitan. Junto al fuego nos sentimos poderosos y nuestra sombra se hace grande y baila. Donde la llama no alcanza sólo cabe el frio y el miedo, los fantasmas de la negra noche.

No podemos dejar que se apaguen las ascuas que alimentan nuestros sueños.
La ceniza es como la muerte.

“¡Oh tiempo que ves pasar todos los destinos humanos, dolor y alegría; la suerte a la que hemos sucumbido, anúnciala a la eternidad!”
Epitafio a los guerreros atenienses caídos en la batalla de Queronea.


Blade Runner: "Como lágrimas en la lluvia"

Escenas de Bade Runner (1982). Película de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?    

martes, 23 de agosto de 2016

¿ DE QUÉ MATERIA ESTÁN HECHOS LOS RICOS? El ser de agua y aire

El Ser de agua y aire
No hablo de hombres adinerados, de los simplemente ricos, sino de los hombres poderosos,  aquellos que llevan escrito en la frente la marca del que sabe (Amancio Prada).
Los simples mortales somos carne perecedera, polvo que volverá al polvo primigenio, de donde surgió. Los pobres formaran si acaso un fino rumor de ceniza que apenas dejará huella. Cuando hablo de los pobres no me refiero a los que rebuscan en los contenedores y afean las calles de las ciudades, también los humildes formarán parte de ese destino fugaz. Apenas un remolino levantado por la brisa de la tarde, esa será su huella en el Universo. El tiempo se olvidará de ellos tan pronto llegue la calma.
Los ciudadanos relevantes, aquellos que creen ocupar un lugar, los que creen haber abandonado el anonimato y caminan con paso seguro por la vida. Ellos conocen su propia materia, saben de su composición y su final, pero confían ciegamente en el recuerdo de sus descendientes para no volatilizarse en el instante de la muerte. Esperan ser una nube de polvo lanzada al mar o levantada desde una montaña donde una vez manifestaron querer reposar. Sus cenizas se elevarán en el aire remontando como un pájaro los cielos, harán una cabriola, formarán un pequeño torbellino, una espiral que juegue durante un instante desafiando la tierra y finalmente caerán dejando una pequeña huella gris.
En todos ellos la verdadera sustancia es la tierra a la que volverán, se borrará entonces su presencia, quedará si acaso una esquela en su tumba.
Pero ¿Cuál es la esencia de los poderosos? ¿Los que rigen los destinos de la Humanidad están formados quizás de otra materia? Son seres de aire, la fuerza que mueve las tormentas, el ímpetu de los vientos que arrasan los campos, que cambian la dirección de las veletas. Aire contaminado e infecto con partículas de hollín en su vientre, toda la contaminación que ayudaron a crear es ahora expelida y su aliento huele a podrido porque regurgita la carroña que devoraron. Son huracanes que arrastran hasta su vórtice todo lo que encuentran dejando la desolación y la nada. Aire que ocupa todo lo que existe para quedar reducido a un vacío. Tras su muerte el aire no perecerá, no se someterá a la esclavitud de la carne, seguirá recorriendo campos y valles, atormentando sus gentes. Son indestructibles y siempre quedará de ellos el recuerdo de su paso aniquilador. Siendo su materia aérea vagarán hasta el infinito por las galaxias, hasta que el propio Universo se desvanezca en el colapso venidero. Vivirán hasta que el Tiempo acabe, pero no tendrán paz. No podrán disfrutar del frescor de la tierra recién mojada, del olor de los pinos o de la humedad salina de la brisa marina.
Los poderosos, hombres que pueden firmar sentencias de muerte con tanta facilidad como ordenar un bombardeo, que gobiernan sobre el precio del trigo, capaces de hundir los mercados con una señal de su mano, arrastrando a la miseria al resto de los mortales. Esos hombres deben ser de agua si es que el aire no es su materia. El agua de los maremotos, de los tsunamis, el agua de los diluvios de dioses vengadores. Ellos son los que con su fuerza renuevan la savia de las civilizaciones destruyendo lo que a su criterio sobra, aniquilando lo que puede convertirse a su juicio en perverso. Como el agua limpian el mundo, de la misma manera que los hombres comunes baldeamos las calles, ellos arrastran la suciedad hacia las cloacas. Su materia es el agua y son como el río Alfeo con que Hércules barrió los establos de Augías, turbulentas corrientes, impetuosas torrenteras, cataratas de agua fuerte. Llevaran en su corriente los lodos que crearon, irán sucias de chapapote, arrastrando cadáveres rio abajo, cegando los ojos de los puentes con troncos y ramas.  Cuando llegue su fin no sucumbirán al infausto destino de los que son devorados por los gusanos. Su cuerpo de agua huirá de la podredumbre y seguirá arrastrándose por valles y riberas, desembocando en océanos hasta que se desequen los mares, hasta que la última gota sea absorbida por el sol, correrán horadando la tierra, desenterrando los cuerpos sepultados. No serán destruidos hasta el final de los Tiempos, pero no hallarán la paz de los que estaremos bajo la tierra sintiendo el calor de la tarde y la frescura de la mañana.

A esos titanes, esos hombres poderosos e invencibles, cuya naturaleza de agua o aire les dará la inmortalidad, les deseo una Eternidad sin descanso para que purguen sus crímenes y no encuentren la paz de los mortales.


Amancio Prada. La cara del que sabe



miércoles, 27 de julio de 2016

SAGRADA FAMILIA (homenaje doloroso a las víctimas de la sinrazón de los hombres)

Cuando lo conocí en la feria, sabía que iba a ser el elegido. Sentí una atracción especial nada mas verlo. Sería su aspecto formal, su imagen atractiva, la apariencia de poseer la respuesta a todas aquellas preguntas que sobre mí me hacía. Se puede decir que fue un amor a primera vista. El hecho de que su padre fuera un revolucionario, un proscrito, un exiliado, lleno de misterios y con una reputación cuestionable, aún lo hacía más atractivo. Desde el primer momento sabía que ocuparía un lugar destacado en mi vida. Así que tomé la iniciativa y lo compré. “El cazador de historias” de Eduardo Galeano, y no me defraudó. Desde entonces está colocado en el cuarto de baño, siempre a mano para cuando me siento en el sagrado recinto, lugar de intimidad que invita a la lectura y la reflexión sobre lo divino y lo humano que siempre viene a darse cita en aquel estrecho cuarto.

Y de el, de sus cortas historias, me despiertan sensaciones. Tengo dobladas las esquinas de varias hojas que de tanto en tanto releo. Un ejemplo:


SAGRADA FAMILIA

Padre castigador,
madre abnegada,
hija sumisa,
esposa muda.
Como Dios manda y la tradición enseña y la ley obliga :
el hijo golpeado por el padre,
que fue golpeado por el abuelo,
que golpeó a la abuela,
nacida para obedecer,
porque ayer es el destino de hoy y todo lo que fue seguirá siendo.
Pero en alguna pared, de algún lugar, alguien garabatea:
Yo no quiero sobrevivir. Yo quiero vivir

¿Por qué si tanto la amas la golpeas, por qué el filo del cuchillo obnubila tu mente enferma? ¿Cuál es el imperfecto pensamiento que te hace sentirte dueño de su vida? Un día dijiste: tu eres mi vida, lo eres todo para mí. Ahora te sientes traicionado o herido y tu respuesta es el odio, la violencia contra quien juraste amor. En tu mente algo no funciona, quizá nunca funcionó porque cuando decías te amo, estabas pensando: ya eres mía, sólo mía. Ni siquiera entiendes que no podemos poseer a otro. Bastante complicado es ser dueño de ti mismo como para pretender gobernar en los demás, aunque sean de tu carne. Tus hijos, tu mujer, tu amante son seres ajenos a tu albedrío, poseen su propia identidad, su vida, y pueden decidir por sí mismos. Tú estás para ayudarles, no para golpearles, no para herirles, no para matarlos si disienten de tu sabio consejo. Tú no eres nadie para decidir por ellos cuando no eres capaz de tomar tus propias decisiones. Crees en la razón de la fuerza, reniegas de la fuerza de la Razón porque te crees superior, pero no eres más que un miserable que no supo hacerse amar. Incluso que supo muy bien hacerse odiar.

Eres un enfermo. Estás mal de la cabeza. Reconócelo. Ese mal se grabó a fuego en tu cerebro inmaduro y se ha ido alimentando como una mala hierba. Eres despreciable. No puedo entenderte aunque lo intente. No hay dolor que pueda explicar esa muerte por tus propias manos, la muerte de quien dices amar. Lo mejor que puedes hacer es cortártelas, estarán siempre manchadas. Nunca podrás pagar tu delito. Tu mente está tan enferma que no creo que puedas curarte. Siento repugnancia ante tu crimen, asco, nausea por los miserables como tú. Estoy harto de los minutos de silencio que no son más que años de oscuridad en la educación, harto de los que intentan justificar tus actos como secuela de una vida infeliz, de los que pretenden vendernos modelos basados en la autoridad, en la moral impuesta. Estoy harto de seguir oyendo en las noticias nuevas muertes que son absurdas, como muchas vidas, como la tuya de asesino. Hay muchas razones para querer alejarse de la sociedad que hemos creado, continuamente existen hechos que hacen inverosímil que estén cometidos por hombres, parece increíble que haya personas tan enfermas. El tuyo es unos de esos crímenes que no tienen explicación posible desde lo humano. La violencia salvaje nunca engendrará paz, ni amor, ni justicia, ni verdad, ni convivencia. Hay que educar en la libertad, en el criterio propio, en la disensión, en el dialogo. 

Formar hombres y mujeres para que amen a los hombres y las mujeres.


LA RECIÉN NACIDA
En el último día de abril del años 2013, Galulú Guagnini nació en Caracas. El padre, Rodolfo, explicó:
-Ella vino para enseñarnos todo de nuevo.
Eduardo Galeano




domingo, 17 de julio de 2016

DESPERTAR

Este fin de semana he empezado a leer “Y el cerebro creó al hombre” de Antonio Damasio. Me ha recordado una pequeña historia que escribí hace tiempo y no había publicado. El libro empieza hablando del concepto de conciencia: 

“Pocas cosas en nuestra biología son tan triviales en apariencia como ese producto que conocemos con el nombre de conciencia, la portentosa aptitud que consiste en tener una mente provista de un propietario, de un protagonista para la propia existencia, un sujeto que inspecciona el mundo por dentro y a su alrededor, un agente que en apariencia está listo para la acción. La conciencia no es simplemente un estado de vigilia. Estar despierto era sin duda indispensable para ese estado, pero no era su rasgo principal. El rasgo principal era más bien la mirada de contenidos que se desplegaban en mi mente, con independencia de lo lúcidos que fuesen o lo bien ordenados que estuviesen, estaban conectados a mi, al dueño de mi mente, a través de unos hilos invisibles que juntaban esos contenidos reuniéndolos en esa fiesta que siempre nos acompaña a la que llamamos “yo”. Y , lo que no es menos importante, la conexión era sentida; había una capacidad de sentir la experiencia de estar conectados a mi”

     Me parecía que este profesor de Neurociencia, Neurología y Psicología de la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, empezaba a dar forma de ciencia a lo que yo había convertido en una especie de historia onírica a la que llamé: “La conciencia no es una ciencia”, a estas alturas ya sabéis lo que me gustan los juegos de palabras. La he recuperado y la publico.

LA CONCIENCIA NO ES UNA CIENCIA

“El hombre cuando duerme entra en contacto con los muertos, cuando despierta entra en contacto con los dormidos”
Heráclito

Toc, toc
-¿Quién es?
-Soy tu consciente.
-¿Quién? No existe mi consciente, sólo yo existo. Tú serás un impostor.
-Te equivocas, si estoy aquí es porque me has llamado, pero existen otros como yo, que no son yo (es decir tú).
-Vete, no pienso comprar lo que vendes. Además si eres yo, como que estás afuera.
-Me salí porque te habías quedado dormido, pero antes de que despiertes debo entrar.

-No seas absurdo, ¿quieres decir que te necesito? Yo soy el auténtico yo, no necesito sustitutos.
-Tú no eres más que una pequeña parte de ti.
-Pero ¿Cuál es la verdadera si no yo mismo?
-Eso debes decidirlo tú, cuando las conozcas todas.

La lluvia cayendo calma tiene la propiedad de envolvernos en un ambiente íntimo, como el que produce la enfermedad. La pesadez del aire saturado de agua produce un estado de melancolía, una tristeza vaga y profunda, un sopor que invita a recogerse bajo un manto protector. El cielo nos contagia su llanto silencioso, la tormenta agita nuestro ánimo y despierta los temores, entonces nos damos cuenta de nuestra propia fragilidad.

Había llovido, pero aquella mañana de otoño no había truenos ni relámpagos, ni siquiera se podían ver nubes negras. La luz amarilla, tamizada por las gotas suspendidas iluminaba el campo que veía desde la ventana. En aquel estado casi febril me dejé vencer poco a poco por el sueño, ni siquiera se cayó el libro de mis manos, lo sujetaba y lo mantenía como si continuara leyendo. En realidad no sé si me quedé dormido o únicamente me alejé de aquel espacio en una especie de viaje astral, eso que llamamos experiencia extrasensorial. No sabría decir como pasó pero me vi de pronto en otro lugar frente a la ventana, pero no en mi sillón, ni era un libro lo que portaba en mis manos. El espacio había cambiado y la luz era aquí brillante, como la de los días soleados del verano, con un cielo azul intenso. No estaba sentado sino reclinado sobre una estructura que carecía de materia, no podría decir si era cristal, pero lo confortable del reclinatorio descartaba que se tratase de un material duro, la comodidad era absoluta y mi posición invitaba más a la oración que al descanso. Había desaparecido el fuego del hogar que había encendido por la mañana, no sentía frío, pero la temperatura no era un elemento perceptible ni importante. Ya no llovía, no necesité mirar a través de la ventana porque mi visión era la de un espacio infinito. Estaba en un lugar cerrado, pero sin embargo no podía ver sus límites, no existían paredes. En mis manos seguía aquel libro inmaterial del que las imágenes emergían con tal realidad que parecía la auténtica ventana de aquel recinto. Me concentré en ellas y pude ver astros que a pasaban a gran velocidad adentrándome en una oscuridad rota por nuevos planetas iluminados, cuya presencia duraba un instante para seguir sumergiéndome en otra negra sima de la que brotaban nuevos elementos, puntos de colores, rojos, azulados, violetas que crecían y se perdían. De pronto la imagen quedó sobre una esfera redonda y como en un picado suicida se precipitó sobre ella y empezaron a verse inmensos mares entre los que emergían continentes. Sobre ellos seguía cayendo en aquella alocada carrera que parecía destinada a estrellarse sobre la tierra convirtiéndome en mil pedazos por la colisión. Tomaban forma las imágenes y veía ciudades y de pronto sus calles iluminadas, las casas, sus tejados. Parecían las imágenes que se pueden ver a través de la ventanilla del avión cuando desciende para aterrizar, pero eran ellas las que se precipitaban hacia mí como el zoom de una cámara o el enfoque de un microscopio. Su velocidad provocaba un vértigo que se iniciaba en los pies y se apoderaba de mi cuerpo orante, sin embargo tampoco sentía miedo, nunca pensé que acabaría por impactar sobre el fondo de aquel abismo al que me aproximaba. A la altura del vuelo de un pájaro podía distinguir perfectamente las casas con las ventanas que iluminaban espacios cuadrados donde ya se intuía la vida, también las calles poseían un dinamismo propio de una ciudad. Fue entonces cuando la imagen dejó de venir del fondo directamente hacia mí para tomar un sentido horizontal, como si ahora fuera la visión de un pájaro que planeara sobre la ciudad y se alejara de ella hacia las afueras buscando el campo abierto. Allí pude ver el pino y la higuera de mi patio y mi propia ventana y cuando de nuevo se precipitó hacia el suelo pude entrar por aquella ventana hasta verme en el sillón con el libro en la mano. En ese momento de percepción absoluta nada parecía extraño. Era una especie de sabiduría esencial que permitía entender que todo aquel extraño suceso no era más que una verdad natural y que lo que allí ocurría poseía un significado claro para mí. Dentro de aquel estado de conciencia las verdades parecían correr por mis venas, no necesitaba entenderlas, se revelaban ante mí como postrándose, sólo tenía que mirarlas para que su luz penetrara por mis ojos. En aquel momento me sentía como un Dios, y aquel que seguía sentado en el sillón leyendo no era sino un pequeño fragmento de mi mismo. Pero en realidad ¿Quién era Yo, el ser ingrávido que viajaba en el espacio o el personaje que permanecía estático, dormido?

Nada podía deducirse de aquel instante que apenas existía porque nadie era consciente de el, el dormido seguía en trance y el viajante siguió su viaje a través de aquella pantalla que mantenía en las manos. Esa caída constante que le llevó hasta mi habitación parecía llegar a su fin, allí se encontraban mis dos mundos que habían colisionado por fin. Sin embargo con la naturalidad de quien mira a través de su tercer ojo, aquella pantalla que proyectaba imágenes siguió su viaje a través del libro que tenía en mis manos. El viajero se vio de pronto en una nueva realidad que no sabía si era propia o pertenecía al dormido.

En aquel mundo se encontró de pronto extraño, no podía ya controlar los sucesos, un rey montado en un caballo negro azabache bramaba desde su montura con la espada desenvainada y le retaba a un duelo a muerte. Se vio de pronto montando un corcel blanco que como Pegaso volaba sobre el suelo, tan ingrávido como él mismo y desbocado, se aproximaba hacia el rey loco que seguía con su caballo, haciendo girar su montura, levantando los cascos amenazantes mientras gritaba algo que para él era ahora inaudible. Se aproximaba en vertiginoso galope, de pronto el rey inició la carrera hacia él blandiendo la espada en alto dispuesto a derribarlo. Cuando miró el viajante su mano, había allí una espada de fuego que llameaba con el color del neón. La luna dejaba caer su luz sobre los dos jinetes que se dirigían al mortal encuentro y en instante previo a su cruce vio el viajante en la cara del rey su propio rostro. No hubo tiempo para pensar, no se oyó mas que un grito que era a la vez el de ambos guerreros que habían descargado su mortal mandoble. Cayó la cabeza del rey rodando y con ella derramándose la corona que quedó depositada en el suelo. Un silencio profundo, reverencial, se produjo de repente y tras un segundo o un interminable espacio de tiempo imposible de ser medido, en la pantalla se proyecto la imagen de la cabeza del viajante que rodaba desde su cuerpo etéreo girando para acompañar en el suelo a la del rey decapitado. En la pantalla se proyectaban ahora las dos cabezas mirándose, con un mirada intensa que era a la vez expresión de una perpleja incredulidad y la de resignación contrariada, hasta que los ojos finalmente se cerraron y la pantalla se apagó.

Cuando me desperté o cuando tomé de nuevo conciencia de dónde estaba (no creía estar dormido) me dolía el cuello, pasé mi mano sobre el como para comprobar que seguía unido a mi cuerpo o simplemente para aliviar la tensión de los músculos que habían quedado en una posición forzada. Lo doblé primero hacia atrás y luego moví circularmente mi cabeza, notaba como se aliviaba el dolor y finalmente miré hacia abajo donde seguía sosteniendo el libro con la otra mano. Había unas gotas de sangre sobre la página abierta. Habían caído de mi nariz que aún notaba taponada por el coágulo que se había formado en ella.

¿Me había dormido, había sido todo un sueño? ¿Es posible que el viajante no fuese mas que una alucinación transitoria producida por la pérdida de conciencia? ¿Sería posible que fuera ahora yo el que habitaba en el sueño del viajero? Lo que llamamos conciencia es tan irreal y tan incontrolable como el mundo que existe más allá de la misma y no se puede por más que se quiera probar cual de los dos es el verdadero.
Así pues, no renunciemos a los sueños porque podría ser que estuviéramos dando la espalda a la verdadera realidad.



Pequeño vals vienés  de Poetas en Nueva York. Nadie como García Lorca une lo real y lo onírico en un poema y si lo canta Leonard Cohen, no hay más que decir.

miércoles, 6 de julio de 2016

AL VENT DEL MON!!

La Tierra gira sobre su eje en su ecuador, a 465 metros/segundo y viaja alrededor del sol a 30 Km/segundo, mientras lo acompaña por la galaxia a una velocidad de 220 Km/segundo. Moviéndose en orbitas elípticas, girando siempre, persiguiendo un equilibrio entre las fuerzas de la gravedad y la centrífuga.

En su seno habitamos nosotros, ajenos a tanta carrera, inmersos en nuestro propio universo, girando como la Tierra sobre nuestro propio eje. Damos vueltas como una peonza arrastrados por la inercia de la vida. En esta alocada carrera repetimos los errores de nuestros antecesores, incluso nuestros propios errores. No hay nada nuevo en nuestro recorrido. Parecería que después de miles de años de evolución nuestro camino sería diferente, somos como la Tierra trayectorias elípticas y predecibles. En todo este tiempo podríamos haber cambiado la dirección, haber creado nuevas rutas, pero la Historia es tozuda y repite incansablemente los mismos patrones. Las fechorías que hicieron nuestros ancestros, ocupan ahora los rotativos. Sólo los vientos nuevos podrían barrer los malos sueños de antaño.

El viento libre que viaja sin rumbo, salvaje, a veces brutal y otras suave como la brisa puede renovar el aire, aunque en días de solano trae la niebla densa de los desiertos.

El viento helado del norte y el Levante otoñal otrora renovadores vienen ahora para avivar las sombras de la tristeza, de la maldad que asola nuestro siglo, trae consigo la injusticia, la insolidaridad, la frustración de los ideales rotos. Trae olor de muertos, rumor de olas, ruido de maderas que crujen frente a los embates del mar, gritos inaudibles por la sordera colectiva.

El viento que desde el sur se acerca no es más generoso, su aliento es ardiente como el del dragón y tan destructor como sus llamas. Viene cargado de negras siluetas que no entendemos, su idioma que se remonta al principio de los tiempos habla el lenguaje del hambre y la miseria, por eso es ininteligible, por eso nos es extraño e indiferente. Es un viento salvaje e indomable que viene de agostar cosechas y secar la Tierra, su sonido es doloroso y nosotros corremos a refugiarnos al fresco del aire acondicionado para no escuchar sus gemidos.

Ojala los vientos de la libertad verdadera remuevan nuestras conciencias, agiten las velas de las vidas varadas en la calma chica de la cotidianidad. El viento que sale de nuestra garganta en forma de grito, tan salvaje como un tornado quizá pueda romper ese silencio cómplice, es posible que rasgue el manto de indiferencia y arranque los tejados que parecen protegernos y en realidad nos esconden del mundo.

Desalienta ver como el mundo sigue girando veloz sin conseguir llegar a ningún lado.


Wild is the wind de Nina Simone


sábado, 4 de junio de 2016

RECUERDO, NO ES DOS VECES CUERDO

   ¿Por qué necesitas sentarte ante el escritorio y desgranar tu alma? ¿Qué carencias te empujan a desnudarte frente al papel en blanco? No sé cuál es el significado de la escritura, ni cuál su terapia. Ignoro si es un bálsamo del dolor o un ungüento para las rozaduras de la vida. Escribir es una pulsión que sale del fondo, del oscuro territorio del espíritu. Irreprimible y arrebatadora. La voluptuosidad de las palabras vestidas con las transparencias de tul y la delicada caricia de la seda. Sus significados ocultos tras la belleza, engañando y adormeciendo el entendimiento. 

   Una borrachera de sonidos no pronunciados, sólo susurrados en el oído de quien las dicta. ¿Es posible que sean ellas las que dirigen las manos del que escribe?

   Lo cierto es que aquí sentado otra vez golpeo suave las letras. Se componen frases saliendo a borbotones como el agua de un manantial inagotable. Unas aguas subterráneas que afloran a la superficie formando ríos de tinta. Obras sin pretexto, arte sin propósito, voces sin amo, palabras con alas, ingrávidos mensajes que no poseen destino concreto, huérfanas, bastardas. Ninguna palabra poseyó nunca un padre conocido porque fue nombrada por muchos antes siquiera que el primero la escribiera. Licenciosas, insubordinadas, salvajes, libérrimas, montaraces, dóciles monturas que se encabritan y te descabalgan, plácida compañía de perro pachón que se trasmutan en feroces mastines leales e infieles a la vez. Busco la razón de la escritura pero no existe. Es tanto como buscar el sentido de la vida. Son la misma cosa. Estar vivo, trasmitir los latidos del corazón a las pulsaciones de los dedos sobre el teclado, con su ritmo acompasado, en la arritmia de la fibrilación o en el paroxismo de la parada.

   El perfume del texto sobre la pantalla, una sutil fragancia etérea que traspasa el espacio y se percibe en el cerebro más arcaico.

   De todas las palabras escritas las que invocan los recuerdos son las más aromáticas, las de sabor más dulce y picante. En la memoria viven agazapadas hasta que el recuerdo es capaz de despertarlas y entonces las emociones mueven los dedos imparables sobre las letras. El recuerdo es ese infinito armario polvoriento que esconde los secretos más terribles y los más sorprendentes objetos que poblaron nuestra vida. Sin ellos caminaríamos desnudos. Aunque vivan allí acumulando polvo, cubiertos de telarañas, amontonados sin orden en el arcón escondido del desván, son la materia que nos compone.

   El recuerdo contiene el alma de cada uno, la intangible sustancia que queda tras el paso del tiempo. Es el poso del vino madurado en la barrica. Nuestra propia esencia hecha de imágenes imborrables, de sonidos sordos y olores fragantes, que sólo toman forma por las palabras. Pero si existe un recuerdo capaz de ensombrecer al resto, es el que proviene de la infancia. Allí se alojan las imágenes más sagradas, envueltas en aromas sugerentes y destellos de luz poderosos que anulan el ahora.

   Mi calle blanca, sin asfalto, imponiéndose al tiempo, volviendo al presente desde la lejanía. Recuerdo al niño que fui compartiendo aquel espacio infinito con los otros niños de la calle. Los veo a todos y cada uno de ellos con su edad de entonces jugando en mitad de la calle con nuestras peonzas, corriendo para saltar sobre la espalda de los amigos en el churro, mediamanga, mangotero. Compartiendo con las chicas los juegos que despertaban quizás las futuras sensaciones. También las estoy viendo ahora y recuerdo mis miedos, mis sueños, mis fantasías. Saltando en la comba, dejando volar las faldas y la imaginación en juegos que como mucho permitían un beso en la mejilla. Qué nítidas llegan a mí esas imágenes a pesar de estar en lo profundo de la memoria. Historias para el nodo, secuencias que serían sin duda en blanco y negro pero de las que percibo sus colores apagados por el polvo que acumularon en los cajones.

   Una mujer joven inclinada amasando la harina, las manos impregnadas de masa, arremangada, con el mandil de cuadros, añadiendo el agua y repartiendo a pellizcos la sal, como si bendijera aquella vasija de barro de cantos romos y verdes por el barniz cristalizado en el horno. Aquella mujer que te mira de tanto en tanto mientras sigue dando forma a la masa convirtiéndola en pequeños panes, redondos, con un agujero en medio donde cabe el universo.

-I eixe menudet?

-Eixe és el teu.

   Y de repente eres el centro del mundo, el protagonista de aquella obra que tras ser amasada se cubre de un paño blanquísimo para que duerma, para que crezca por el milagro de la levadura.

"Recordar" viene del latín recordare, que se compone del prefijo re- (‘de nuevo’) y un elemento cordare formado sobre el nombre cor, cordis (‘corazón’).
 Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor.


Homenatje a Teresa de Ovidi Montllor

sábado, 21 de mayo de 2016

BON CAP DE SETMANA COMPANY

(Homenatje al meu amic Manolo)

No escric normalment en Valencià perquè malauradament no domine la llengua que parle, però no sabria escriure açò d’un altra manera. No sé si el corrector de l'ordinador em farà alguna més grossa de les que jo faria sol (no ho tingueu en compte, sols tinc el grau mitja).

El meu amic es deixa la feina de diari (és a dir, es jubila) i reprèn un altre tipus de feina menys convencional. Ell diu que a la seua vida li ha arribat el cap de setmana. Entenent que la infantesa és una mena de dilluns i els següents son una successió de dies de treball fins arribar al moment del cap de setmana. M’agrada molt eixa comparació i eixe estil de viure. És un home amb seny i cal ficar atenció al que diu, per tant vull aplicar me la lliçó.

El temps de la vida acotat pels set dies de la setmana. Passem el dilluns casi sense voler, el dimarts corre com una llebre perseguint un dimecres que fuig de nosaltres. Quan arribes al dijous te'n adones que cal posar el fre, no és que no tingues bons records dels dies que han passat, és que per més que volgueres no tornarien i això et fa seure a la voreta del camí i pensar que vols fer l'endemà. Si la vida t’ha tractat bé potser el dijous es un bon dia per a canviar el ritme, no vol dir renunciar al que has viscut o fer-li costat a tot allò que ha segut el teu món i la teua gent. La qüestió és que el divendres està ahí mateix i no cal esperar a que la vida et done algun avís i de sobte s’encenga la llumeneta taronja abans que decideixes fer allò que alguna vegada havies pensat. El dijous i el divendres tenen que ser els dies del canvi, de les decisions atrevides que encaren el cap de setmana amb ganes i amb un projecte nou. En arribar al dissabte m’agradaria estar com ell, que en quedaren encara moltes coses per fer i sobre tot moltes ganes per fer-les.

Desitge que al cap de setmana faça bon temps i pugem eixir al carrer, no volguera que una mala tempesta llançara a perdre el somnis per complir. Ningú és amo del temps i ja sabem que al nostre poble la pluja no sap ploure (com diu Raimon), encara que t’encomanes a Santa Barbara si et toquen trons t’has fotut.

Per tant com diuen a la terra: Manolo gaudeix molts anys d’aquest cap de setmana merescut i que jo ho puga veure.

Carpe diem.

Namasté.


Elies / Kavafis  "Itaca"   del CD  "La luz de Itaca"


domingo, 8 de mayo de 2016

SOMOS COMO ANGELES

Somos como los ángeles, tan asépticos, tan neutrales y desapasionados como ellos.

Los ángeles que habitan el recinto sagrado de Dios son seres inmaculados, de un blanco casi transparente, seres alados carentes de género que no se embrutecen con el sexo. Ajenos a las pasiones mortales y a la esclavitud de tal mortalidad, por tanto a la necesidad de comer, calentarse, defecar o amar. Son seres ingrávidos, incontaminados, imputrescibles, con ellos el cielo goza de una pulcritud absoluta, incluso sus letrinas esán libres del hedor o las inmundicias, sólo útiles para atender algún visitante todavía no descontaminado de su humanidad.

Nosotros, salvo en lo que impone la esclavitud de la condición humana y su fisiología, somos como ángeles. Imparciales, ecuánimes, estoicos, indiferentes, inalcanzables al desánimo, incorruptibles. Pese a las vicisitudes de la política, del desgobierno, de la injusticia, de la aberrante maldad, de los intolerables desatinos cometidos en nombre de dios y de la patria (cada cual la suya) seguimos incólumes, sin menoscabo de nuestra autoestima, vivimos en la permanente seguridad de estar en lo cierto, de habitar un mundo donde los pecados son cometidos por otros. 

Estamos convencidos de que el mal no proviene de nosotros mismos, que si estuviera en nuestra mano hacerlo, pondríamos remedio a los oscuros presagios de esta sociedad. Vemos la ceguera de los otros, la paja instalada en su córnea, ignorando la viga incrustada en nuestro ojo, que nos parece una simple mota de polvo arrastrada por el viento. 

Estaríamos dispuestos al sacrificio si los demás se unieran como legión a nuestro ofertorio. Aceptamos dócilmente las imposiciones de los gobiernos hechas por el bien común, como prueba de  nuestra generosidad infinita, como la de los ángeles. Pensamos que el mundo se ha vuelto loco por algún desorden natural, una inevitable catástrofe desatada por las fuerzas del Universo, como un terremoto o inundación que en realidad no puede atribuirse más que a los inescrutables deseos de un dios aburrido. Si acaso, reconocemos la presencia de otros seres que no poseen nuestra angelical condición y pueden estar involucrados en la magnitud del desastre. Hay maldad, miseria, injusticia que producen repulsión. La ignominia se ha adueñado del mundo, pero nosotros seguimos en el cielo de los ignorantes, ajenos, ausentes, impasibles, inmutables.

Somos como malditos ángeles, desposeídos de sexo, de voluntad y de ánimo, esperando que el buen Dios venga con su espada a aniquilar al maligno. 

Algún día amanecerá nublado en nuestro cachito de cielo, la ambrosía se convertirá en hambre, la calma en tempestad y aquello que veíamos en el plasma pasará a estar tan próximo que notaremos su frio y su hedor. Entonces sabremos que no éramos como ángeles, éramos necios, ciegos, sordos y mudos.

Ojalá los ángeles despierten de su sueño, abran los ojos y vean.

Silvio Rodriguez. "Ángel para un final"

domingo, 1 de mayo de 2016

FULANOS, MENGANOS Y VEGANOS

El mundo es ahora un lugar apátrida, la sociedad en la que vivimos perdió todos sus referentes y busca nuevos mitos. En el Antiguo Egipto, en la Grecia Clásica y en el Imperio Romano, los dioses dirigían el orden del Universo, marcaban el camino y establecían leyes que servían para dar una base a las conciencias. El Credo estaba escrito y era de todos conocido, representado en los teatros, más o menos respetado, pero constituía la columna vertebral de la sociedad. El Cristianismo y el Islam entre otras religiones monoteístas se apropiaron de los mitos y los convirtieron en los acontecimientos vitales de su Dios, en los hechos de sus profetas, sus enseñanzas pasaron a ser Leyes. Tanto se usó el nombre de Dios en vano por parte de sus voceros, de sus máximos sacerdotes, de sus imanes, que el Dios Perfecto, el molde en que mirarse iba perdiendo brillo, se convertía en un fantasma que asoma en el momento de la muerte pero que ya no nos resulta creíble ni satisfactorio. Buscamos un antidios que destruya la maldad del dios impuesto. Tienen razón los que desde los púlpitos amenazan que el mundo se ha vuelto descreído, que los hombres se han alejado de Dios, es cierto y deberían golpearse el pecho porque gran parte ha sido su responsabilidad.

Pero el Hombre no sabe vivir sin modelos, no somos capaces de transitar el mundo como el cínico Diógenes desprendiéndonos de toda posesión para buscar la verdad. Necesitamos agarrarnos a alguna creencia que sustente nuestra visión del cosmos. Han florecido como en la primavera las nuevas religiones que toman como fetiches los mitos de antaño y los rebautizan. Predicadores, santones, iluminados y estafadores han ideado mil formas de adorar al dios que mejor calentaba su ego o su ambición. A este propósito se han unido también los políticos. 

Junto a estas religiones oficiales han aparecido otros movimientos que son la expresión laica de la adoración a un nuevo dios. Estos modelos ya no fijan la atención en una figura celestial que encarna todas las virtudes con el poder de aniquilarnos o bendecirnos. Son las culturas alternativas que nacieron de la protesta contra el statu quo, los rebeldes contra el sistema, buscadores de una nueva filosofía que no persiga a un líder. Pero hasta en las nuevas filosofías huérfanas de dios, muchos serán nombrados ídolos, símbolos del nuevo concepto. Los movimientos nacidos de la posguerra: Beat, hippie, punk, grunge, incluso los Rastafari nacieron para reivindicar los opuestos, romper con lo convencional, alcanzar un nuevo modelo de perfección o la imperfección absoluta como símbolo de la belleza, que es otra manera de entender lo bello. De todas ellas el movimiento hippie fue el más arrollador por su filosofía libertaria, contracultural, pacifista y naturista. Quizá el que más contenido espiritual y conceptual acerca del Hombre y su relación con el Universo tenía. Esa pulsión hacia la Naturaleza libre, sin prejuicios, sin límites tuvo su propio recorrido y pasó de moda. Somos seres cíclicos, repetimos los esquemas y les cambiamos los nombres, pero mantenemos las conductas. Ahora conviven los pijos reconvertidos en hispter, los hippies transmutados en veganos, mezclados con los nuevos beatos, los agnósticos, los ateos recalcitrantes y los que no disponen de tiempo para plantearse cual es su posición frente al mundo, que son la gran mayoría y corren el peligro de convertirse en manada. 

No reniego de ninguna de las decisiones personales de adherirse a cualquiera de las opciones que tu generación te acerca. Pero disiento profundamente de la filosofías que entrañan la renuncia como norma. Admito que mi filosofía transcurre por los caminos de Epicuro, el hedonismo no es una perversión si se entiende como la satisfacción del Hombre y la búsqueda del placer. El placer de no renunciar a lo que el mundo te ofrece y como único límite el daño a los demás, porque provocaría su negación del placer a otros. El egoísmo ya no tiene cabida en ese concepto, la búsqueda de la propia felicidad puede estar basada en la felicidad del entorno. Epicuro hablaba de algunos deseos como innaturales e innecesarios. La fama, el poder político, el prestigio personal, producen generalmente un placer efímero y que suele acabar en la perversión del fin mismo. Aconsejaba no arriesgar la salud, la economía o la amistad en la persecución de un placer innecesario.

Lo bueno del placer depende de cómo se busca y hasta dónde llega. La felicidad se alcanza cuando se aprende a distinguir el verdadero placer. Me reconozco en estos preceptos. Si puedo, tras cubrir los que son las necesidades básicas que Epicuro llamaba deseos naturales, quiero llenar la vida de placeres. Un vaso de vino con los amigos y la familia, pan, carne, pescado, verduras y frutas, palabras, risas, olores fragantes, tiempo compartido, café interminable, licor que enturbie el ánima y la haga volar convirtiéndonos en nuevos dioses. Todo aquello que la naturaleza nos ofrece tomarlo con la generosidad de compartirlo, tratar de actuar sin causar el mal a otros, viajar, entender, aprender, llenar la vida de contenido, disfrutar de una película tanto como de un esfuerzo, escuchar la música para serenar el alma, leer y escribir para hacerla más sabia. Y con esa sabiduría expulsar a los falsos profetas, a los políticos falaces, a los dioses paganos, a las filosofías de enciclopedia.
El Hombre debe ser el fin de sí mismo.

“EN LA VIDA HAY QUE EVITAR TRES FIGURAS GEOMÉTRICAS; LOS CÍRCULOS VICIOSOS, LOS TRIÁNGULOS AMOROSOS Y LAS MENTES CUADRADAS”
MARIO BENEDETTI

viernes, 22 de abril de 2016

HOY NO QUIERO PONERME TRISTE

Hoy no quiero ponerme triste…

A pesar de escuchar cada mañana un nuevo engaño a los ciudadanos, una nueva ofensa, más dinero negro en manos de políticos y financieros sin escrúpulos, no quiero que la tristeza se me apodere.

Con cada absurdo argumento para explicarse aumenta mi indignación. Con cada caso de corrupción es más difícil permanecer al margen, dejar correr, callar, cerrar los ojos.

Hombres de traje sentados en los banquillos hacen que piense por un momento que existe la justicia, aún cuando esta tardó años en llevarlos a los tribunales y aún a sabiendas que con breves condenas, convertidas en tercer grado, conmutadas por prescripción de los hechos, lavarán la honra de los que nunca la tuvieron.
Pero todo eso no va a entristecerme.

No quiero ponerme triste ...

Cuando escucho los números de las mujeres maltratadas, de los hijos huérfanos de madres muertas a manos de quienes les dieron la vida a ellos. Qué acertijo deberán resolver sus inocentes cabezas para librarse del castigo de la esfinge, quién les devolverá la vida arrebatada, no la de su madre, sino la suya propia. Cuando les será compensado el dolor con amor, la soledad con abrazos, la injusticia con oportunidades. Pienso que todo esto es demasiado triste como para no estar triste.

Y sin embargo, hoy no voy a ponerme triste…

A pesar de que el mar sigue cobrándose víctimas y en sus olas veo la espuma que produce la rabia y la impotencia. Pese a ver a esos niños de ojos grandes que miran al infinito, agarrados a sus madres, los pies de barro, del barro de los caminos, el pelo revuelto y la raída ropa bajo los chalecos naranjas, hoy no es mi intención estar triste. Sin embargo miro a lo lejos y veo más barcos arribando a la orilla y otros que se hundieron en las aguas profundas. Escruto el futuro y no aparece, porque no existe, porque nadie está dispuesto a crearlo, porque se ha perdido la conciencia, o la fe, o quizá porque nunca existió más que una ilusión, un espejismo, una quimera en lugar de unos principios.

Hoy no quiero ponerme triste…

Porque no estoy dispuesto a perder la esperanza de que alguna vez los gobiernos estén formados por políticos inteligentes, las sociedades estén llenas de ciudadanos generosos. Quizá en un futuro esos que ahora atravesaron las fronteras cerradas tengan en su mano la llave de la salvación del mundo y sepan abrir los candados, destruir las alambradas, convencer a los hombres y mujeres que cada gesto por separado no mueve apenas el aire, pero que si se aúnan voluntades, si se agitan muchos brazos se puede crear un viento renovador que limpie nuestras conciencias ahora dormidas.

.........

Ocultas entre el limo, revueltas entre la mala hierba se encuentran las semillas de las rosas, del romero, del tomillo. Tal vez nunca crezcan, es posible que queden en aquella tierra de secano para siempre ocultas. Quizás en algún momento estuvieron a punto de brotar, pero el rigor de la intemperie de los tiempos agostaron su yema recién nacida.

En los páramos, en las laderas del monte, en los llanos, en las dehesas, entre los rastrojos o entre las espigas es capaz de crecer la amapola y hacer sonreír al campo. Entre la muchedumbre, en el gentío, mezclado entre la multitud, una figura anónima toma cuerpo y se hace presente irradiando la luz que las nubes ocultan.

Si es preciso habrá que buscar entre la basura para rescatar los tesoros ocultos, aquello que desechamos puede alguna vez salvarnos de acabar siendo sólo chacales que se alimentan en los vertederos.

Hoy no quiero ponerme triste, pero no lo consigo. Aunque prefiero llorar que estar ciego y tener los ojos secos.



No dejes de escuchar a Mercedes Sosa y Calle 13, cada frase de la canción es una invitación a pensar en la esencia de la vida.


viernes, 1 de abril de 2016

MI OMBLIGO Y YO

Seguimos en tiempo de ombliguismo político, basado en la táctica de hacer creer que se está dispuesto a renunciar con el propósito de acercar posiciones. Postureo inane si no se acompaña de hechos.Nadie pide renuncias a principios fundamentales, ni capitular o rendirse incondicionalmente. La sociedad no exige la entrega total en brazos del contrario, pero el tiempo exige pacto, entendimiento, cesión y diálogo.

Es posible que tengamos los políticos que nos merecemos, cada cual pendiente de su propio ombligo, de los intereses de partido, de las encuestas, de los comentarios en twitter o de las tertulias políticas, de los titulares, de los slogans. Al fin y al cabo son como nosotros, haciéndonos selfies y publicando en instagram los momentos íntimos de nuestra vida.

Pensamos que para progresar hay que realizar cursos de autoayuda o de coaching, que tenemos que desarrollar capacidades de liderazgo, leer libros que nos permitan descubrir nuestro propio yo interior. Somos triviales pero nos creemos el centro del Universo, ¿Qué esperamos entonces de ellos? Somos la sociedad del Gran Hermano, una parodia de personajes que se creen su papel de protagonistas. Pero no somos más que motas de polvo en el Universo, rodeados de infinitas partículas, cada una con su propio ombligo y cada una con sus problemas.

La única forma de progresar no es crecer como individuos, es crecer como sociedad, como conjunto. No sólo en el reducido ámbito de nuestra ciudad, comunidad o país, es imprescindible ver el mundo a través de los demás, ponernos en su lugar, descubrir el otro yo, no nuestro yo interior. Sólo cuando seamos capaces de vernos en los ojos de los otros se pondrán en marcha los mecanismos internos que nos hacen mejores, más humanos.

En medio de todos los decepcionantes acontecimientos que vivimos en nuestra actualidad, un video me ha conmovido y emocionado profundamente, el video de el viaje de su vida de Unicef. Ponerse en la situación de los vulnerables nos hace vulnerables, pero a la vez nos engrandece. Ojalá acciones como esta consigan despertar al dormido que habita en nosotros y dejemos de hacernos selfies para hacer fotos de grupo.



viernes, 18 de marzo de 2016

A EUROPA QUE LE DEN POR POPA

Despertamos de un sueño perturbador, de una siesta prolongada tras una excesiva comida regada con vino y con los ojos abotargados, con el sopor que enturbia la mente, miramos una realidad lejana que se anuncia en los telediarios. Allá lejos de nuestros confortables hogares se hacinan los refugiados. ¡Qué palabra tan grosera! Seres ajenos, desconocidos, rehenes y victimas de otros. Nuestra mano no se manchó con su desgracia.
¡Claro que sentimos piedad! ¡Acaso somos de piedra! ¿Quién no se estremece con los ojos de un niño que suplica comida? Las madres cubiertas con su pañuelo arrastran a sus pequeños a través de interminables caminos, cruzando mares oscuros, ellas son nuestras heroínas. En esa realidad-ficción que ofrecen los informativos nos sentimos conmovidos.

¡Y una mierda! No veo las calles llenas de gente protestando contra políticas que ensucian nuestro honor de hombres y mujeres. Hubo un día que nos levantamos por la educación y la sanidad, por los recortes, por la falta de libertad, pero las nuestras. Queríamos ser escuchados, reivindicábamos la justicia, el estado de bienestar, ahora callamos. Ellos están en pie, hacen largas marchas reivindicativas, portan mochilas en vez de pancartas, muestran caras de miedo en vez de gritar consignas, quieren también ser oídos, pero el mundo está sordo.

Se ha instalado tan certeramente el miedo que nos inocularon, que ahora tememos a los inocentes, no queremos que nos arrebaten el pan de nuestros hijos. No nos damos cuenta que nuestro silencio es la renuncia a ser dignos, que es peor el incierto futuro de acoger a esos hombres y mujeres que la certeza de que estamos construyendo una sociedad injusta. Que estos preceptos que violamos, que un día fueron nuestros principios, se los arrebatamos también a nuestros hijos que crecerán ya con el miedo, con la indiferencia. Si nosotros que soñamos una vez con un mundo sin esclavos, con la cultura como elemento integrador, con los derechos fundamentales como el armazón sobre el que se construiría el edificio de esta Europa, renunciamos a este ideario, qué será de nuestros hijos, los convertiremos en individuos, no en ciudadanos.

Dónde ha quedado nuestro sueño de Europa, de ese Edén magnífico, ese crisol de culturas, la madre conciliadora que aunará estados, la moneda común, el mercado único, los derechos humanos como bandera. La vieja Europa, tullida y achacosa está muerta. Es posible que ni siquiera haya nunca existido, que siempre fuera el sueño de un niño travieso y famélico que soñaba con tierras nuevas. Quizá sólo era un horizonte inalcanzable, un Paraíso prometido, un mito como el de la virgen robada por Zeus convertido en toro blanco, una mentira piadosa, un engañabobos, un caramelo que pusieron en nuestra boca y lo creímos. Ahora sobre nuestro lomo de toro blanco, sobre nuestra conciencia, llevamos a los desgraciados hasta Lesbos, hacia fronteras cerradas con alambradas y somos incapaces de levantar la voz. Y para colmo estamos pensando que la solución es pagar a terceros para esconder esa miseria bajo la alfombra, aún a sabiendas que lo harán a escobazos, saltándose todas las reglas de la Humanidad, todos los protocolos.

¡No hay vergüenza! ¡A Europa que le den por popa! Es un pufo, una cagada, una estafa, un cuento para niños, una falsedad interesada, más que un sueño, una pesadilla.


“El hombre cuando duerme entra en contacto con los muertos, cuando despierta entra en contacto con los dormidos”
                                                                                                        Heráclito de Éfeso