sábado, 31 de octubre de 2015

ESPERPENTO

El esperpento es la deformación grotesca de la realidad, la mirada a través del espejo cóncavo de nuestra propia realidad. Es una forma de poder asimilar y tragar el bocado del sentido trágico de la vida. No hay novedad en el mundo, esa ha sido siempre, mas que nos pese, una constante y casi una necesidad de todas las épocas.

Miramos con ojos desorbitados los sinsentidos que nos rodean, los absurdos hasta el ridículo que protagonizan los que están en la palestra del mundo. Nos hacen llorar de risa si no fuera porque exige llanto lo que ocurre. Y nos quedamos perplejos de cómo esta cotidiana insensatez va tejiendo los días de nuestro tiempo. Pareciera que vivimos en el peor de los momentos de la Historia, que irremediablemente el Hombre hubiera perdido la batalla de la Razón. Los esperpénticos episodios que protagonizan los legítimos personajes públicos nos devuelven al oscuro lugar de donde las luces de la Ilustración parecieron sacarnos un día.

Nos levantamos una mañana y nos despierta la noticia, solo ochenta y seis de los más de ciento setenta mil refugiados han sido ubicados tras dos meses de reuniones al más alto nivel. Aun a pesar de los niños muertos en la playa que revolvieron las conciencias del mundo durante dos telediarios. El siguiente amanece con la detención ya nada novedosa de tesoreros relacionados con el cobro del tres por cien, ¡persecución, afrenta, ataque desde las cloacas del poder! dicen los poderosos de un lado. ¡Asunción de responsabilidades, abandonar la estrategia del victimismo, acatar la justicia! dicen desde el otro lado los portavoces sin bajar la mirada, mientras soportan estoicos el peso de la indecencia, de los Gurtel, las púnicas y otros escándalos que nos levantaron angustiados de la cama otras madrugadas. Tres mil fosas comunes por desenterrar y responsables del gobierno niegan su existencia, nos dicen que abrimos las heridas que nunca se llegaron a cerrarse, niegan el derecho a la restitución del honor los que mismos que claman por defender la presunción de inocencia, el derecho de los inocentes asesinados en juicio sumarísimo se ha perdido en la escasa Memoria de la Historia. ¡Honores a la patria, saluden la bandera, pongan la mano en el pecho porque el himno suena, que callen los pitidos, que silencien los abucheos al monarca! Importan más las banderas, los himnos, los reyes, las patrias, que los ciudadanos que rebuscan en la basura o en las oficinas de empleo su dignidad de personas.

¡¡¡Sálvese quien pueda!!! ¡Abandonen el barco, el peso de las ratas lo está hundiendo! Y ante esto, para soportar lanzarse al agua sin chaleco, sólo nos queda el esperpento.

            Don Ramón fue solo un ilustrador de aquel mundo deforme, un nominador que creó el vocablo, pero el concepto ya existía desde el principio de los Tiempos. Desde los trágicos raptos e incestos del Olimpo hasta las interpretaciones que los exégetas realizaron de nuestra Historia Sagrada. Antes que Valle-Inclán el mundo estaba ya lleno de grotescas figuras. Las que llenan los lienzos de Peter Bruegel el Viejo o el Bosco. Ellos ya entrevieron los monstruos que nos pueblan, las deformes figuras que se componen con animales y hombres, demonios y muertes. Un bestiario que no sale si no del sueño de la Razón como atestiguó Goya. He mirado algunos de sus grabados de la serie Caprichos, plagados de monos y asnos que se aplauden, que diagnostican y dirigen, viejas decrépitas asomadas al espejo para buscar la escondida belleza ya desaparecida. Son una muestra más del esperpento que siempre nos ha acompañado. Sólo los grandes han sabido mostrarlo, pero siempre ha estado ahí.

El mundo fue y será una porquería como dice el tango. Nos creíamos a salvo del infierno de Dante, lejos del Universo onírico del Jardín de las Delicias, ajenos a la chanza vulgar, por encima del chiste chabacano, capaces de desenmascarar a los falsos profetas y encumbrar a los sabios, poseedores de una Ciencia infalible  a salvo de los engaños y los subterfugios. Y nos encontramos como nuestros antepasados rodeados de inútiles que ocupan portavocías, ministerios, presidencias. Asnos a caballo de nuestra grupa. Loros que hablan por nosotros y los micrófonos amplifican sus necios argumentos hasta disfrazarlos de verdad podrida. Hombres y Mujeres ricos que carecen de empatía, sólo la caridad les conmueve. Viejos que pretenden conocer el arcano de la eterna juventud y se creen inmortales hasta el segundo antes de caer fulminados por la muerte. En el esperpento la muerte es la única  que reconocemos repartidora de Justicia.

No nos engañemos, este Callejón del Gato de la Luces de Bohemia por dónde pasamos cada día para ir a nuestro trabajo, repleto de espejos curvos, nos enseña la grotesca burla que habita en nuestra sociedad. Pero aquellos espejos de azogue gastado y desconchado llevan ya miles de años en la calle, a veces irreconocibles hasta que alguien los señala. Los mismos fantasmas que nos atormentan lo hicieron antaño y vivirán por siempre porque son eternos, porque la Naturaleza del propio Hombre los crea. Al pasar ante ellos bajamos la mirada o miramos al frente para seguir adelante. Sólo los sabios vuelven el rostro para verse reflejados y hacen una mueca que convierte lo deforme en cómico. Lo esperpéntico forma parte de nuestra alma, nos sirve para aliviar la carga del absurdo. Sirve a Max Estrella , andaluz hiperbólico , poeta de odas y madrigales para caminar ciego hacia la miseria de la mano de Latino de Hispalis.

De esta manera nos movemos en la vida, a caballo de los monstruos que producimos y huyendo de la verdadera realidad. A veces la deforme silueta del espejo nos alivia el ánimo y hace asomar una mueca burlesca a nuestro rostro.

El esperpento es una forma de vida, una huida hacia delante que nos permite soportar la infamia.