ESPERPENTO

El esperpento es la deformación grotesca de la realidad, la mirada a través del espejo cóncavo de nuestra propia realidad. Es una forma de poder asimilar y tragar el bocado del sentido trágico de la vida. No hay novedad en el mundo, esa ha sido siempre, mas que nos pese, una constante y casi una necesidad de todas las épocas.

Miramos con ojos desorbitados los sinsentidos que nos rodean, los absurdos hasta el ridículo que protagonizan los que están en la palestra del mundo. Nos hacen llorar de risa si no fuera porque exige llanto lo que ocurre. Y nos quedamos perplejos de cómo esta cotidiana insensatez va tejiendo los días de nuestro tiempo. Pareciera que vivimos en el peor de los momentos de la Historia, que irremediablemente el Hombre hubiera perdido la batalla de la Razón. Los esperpénticos episodios que protagonizan los legítimos personajes públicos nos devuelven al oscuro lugar de donde las luces de la Ilustración parecieron sacarnos un día.

Nos levantamos una mañana y nos despierta la noticia, solo ochenta y seis de los más de ciento setenta mil refugiados han sido ubicados tras dos meses de reuniones al más alto nivel. Aun a pesar de los niños muertos en la playa que revolvieron las conciencias del mundo durante dos telediarios. El siguiente amanece con la detención ya nada novedosa de tesoreros relacionados con el cobro del tres por cien, ¡persecución, afrenta, ataque desde las cloacas del poder! dicen los poderosos de un lado. ¡Asunción de responsabilidades, abandonar la estrategia del victimismo, acatar la justicia! dicen desde el otro lado los portavoces sin bajar la mirada, mientras soportan estoicos el peso de la indecencia, de los Gurtel, las púnicas y otros escándalos que nos levantaron angustiados de la cama otras madrugadas. Tres mil fosas comunes por desenterrar y responsables del gobierno niegan su existencia, nos dicen que abrimos las heridas que nunca se llegaron a cerrarse, niegan el derecho a la restitución del honor los que mismos que claman por defender la presunción de inocencia, el derecho de los inocentes asesinados en juicio sumarísimo se ha perdido en la escasa Memoria de la Historia. ¡Honores a la patria, saluden la bandera, pongan la mano en el pecho porque el himno suena, que callen los pitidos, que silencien los abucheos al monarca! Importan más las banderas, los himnos, los reyes, las patrias, que los ciudadanos que rebuscan en la basura o en las oficinas de empleo su dignidad de personas.

¡¡¡Sálvese quien pueda!!! ¡Abandonen el barco, el peso de las ratas lo está hundiendo! Y ante esto, para soportar lanzarse al agua sin chaleco, sólo nos queda el esperpento.

            Don Ramón fue solo un ilustrador de aquel mundo deforme, un nominador que creó el vocablo, pero el concepto ya existía desde el principio de los Tiempos. Desde los trágicos raptos e incestos del Olimpo hasta las interpretaciones que los exégetas realizaron de nuestra Historia Sagrada. Antes que Valle-Inclán el mundo estaba ya lleno de grotescas figuras. Las que llenan los lienzos de Peter Bruegel el Viejo o el Bosco. Ellos ya entrevieron los monstruos que nos pueblan, las deformes figuras que se componen con animales y hombres, demonios y muertes. Un bestiario que no sale si no del sueño de la Razón como atestiguó Goya. He mirado algunos de sus grabados de la serie Caprichos, plagados de monos y asnos que se aplauden, que diagnostican y dirigen, viejas decrépitas asomadas al espejo para buscar la escondida belleza ya desaparecida. Son una muestra más del esperpento que siempre nos ha acompañado. Sólo los grandes han sabido mostrarlo, pero siempre ha estado ahí.

El mundo fue y será una porquería como dice el tango. Nos creíamos a salvo del infierno de Dante, lejos del Universo onírico del Jardín de las Delicias, ajenos a la chanza vulgar, por encima del chiste chabacano, capaces de desenmascarar a los falsos profetas y encumbrar a los sabios, poseedores de una Ciencia infalible  a salvo de los engaños y los subterfugios. Y nos encontramos como nuestros antepasados rodeados de inútiles que ocupan portavocías, ministerios, presidencias. Asnos a caballo de nuestra grupa. Loros que hablan por nosotros y los micrófonos amplifican sus necios argumentos hasta disfrazarlos de verdad podrida. Hombres y Mujeres ricos que carecen de empatía, sólo la caridad les conmueve. Viejos que pretenden conocer el arcano de la eterna juventud y se creen inmortales hasta el segundo antes de caer fulminados por la muerte. En el esperpento la muerte es la única  que reconocemos repartidora de Justicia.

No nos engañemos, este Callejón del Gato de la Luces de Bohemia por dónde pasamos cada día para ir a nuestro trabajo, repleto de espejos curvos, nos enseña la grotesca burla que habita en nuestra sociedad. Pero aquellos espejos de azogue gastado y desconchado llevan ya miles de años en la calle, a veces irreconocibles hasta que alguien los señala. Los mismos fantasmas que nos atormentan lo hicieron antaño y vivirán por siempre porque son eternos, porque la Naturaleza del propio Hombre los crea. Al pasar ante ellos bajamos la mirada o miramos al frente para seguir adelante. Sólo los sabios vuelven el rostro para verse reflejados y hacen una mueca que convierte lo deforme en cómico. Lo esperpéntico forma parte de nuestra alma, nos sirve para aliviar la carga del absurdo. Sirve a Max Estrella , andaluz hiperbólico , poeta de odas y madrigales para caminar ciego hacia la miseria de la mano de Latino de Hispalis.

De esta manera nos movemos en la vida, a caballo de los monstruos que producimos y huyendo de la verdadera realidad. A veces la deforme silueta del espejo nos alivia el ánimo y hace asomar una mueca burlesca a nuestro rostro.

El esperpento es una forma de vida, una huida hacia delante que nos permite soportar la infamia.



ENTRADA 101

Parece increíble que haya publicado 100 entradas. Para la entrada que inauguraba la centena le pedí a mi hijo que escribiera alguna nota para publicar, él comparte blog con unos amigos. El viejo y el bar se llama. Robert tiene mucho estilo, espero que os guste.

Falta ahora Pau que me ha prometido algo para publicarlo.

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Tu madre está enferma, muy enferma. Le quedan dos primaveras, como quien dice. Apoltronada en su sillón, con las piernas vencidas, fatigadas bajo una manta de mierda que apenas le cubre los tobillos. En su memoria un castillo olvidado, no por ella, por todos ya. Durante algún tiempo guardó muchas cosas en su interior: fragancias, colores, palabras, melodías, recuerdos al fin. También allí, entre viejas amistades, estaba su patria.

Nadie escucha toser a esta mujer. Tú no, desde luego. Si supieses cuán bella y lozana había sido… y ahora sus manos son fardos inútiles y los ojos le cuelgan tristes de la frente, como un par de cerezas negras.

Tu madre te cuidó aun antes de retozar en sus entrañas. Creciste entre sus pechos. Los contemplabas con el hambre ciego de la vida, y mamaste. Afuera llueve, pero mamaste. Te agarraste a sus tetas y mordiste la carne eréctil como quien se mira el ombligo. Haz memoria, de niño te dejó ser feliz. No importaba si rompías algo, al día siguiente olvidaba todo lo malo y te abrazaba de la misma forma. Se hacía la olvidadiza para poder darte calor. Y tú solo le diste sofocos. ¿Cuándo la abrazaste por última vez? En serio, ¿qué le has dado tú a cambio?

Tu madre está enferma, muy enferma, y tú te has divertido a su costa. No bajes los ojos, no seas cobarde. Aguanta la mirada, mira sus brazos de agua, la piel en cascada y las venas sucias. Lo que fueron volcanes son dos landas secas, y lo que fueron dos labios, dos curvas, ahora es una recta sola y pobre. Además, fíjate, está medio calva.

Crees que no, pero también es culpa tuya. Decidiste jugar a la ataraxia, dejarla en el asilo, desentenderte. Así es como te pagan los hijos, te dan la espalda y se miran los pies. Porque es áspera y fea, yo le tengo piedad a la higuera… dijo una poeta. Pues haz como la poeta, compadécete. Despierta y llora, por ese orden. Dormirse en los laureles no es la mejor de las ideas, y si estás despierto, no puedes no llorar viendo así a tu madre. Yo no estoy. Yo nunca estuve, pero eso solo me da la razón. Te tocaba cuidarla a ti, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os junte, de nuevo. Y tu madre está enferma, está muy enferma. Pobre imbécil, ¿es que no lo sabes?

Tu madre es la Tierra. Tu madre es tu hogar. Tu madre es lo primero, y se nos muere. Se nos muere.

Robert Gironés

MATAR A UN RUISEÑOR

“La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno”
Harper Lee

Los hombres que acaban con la esperanza de los pobres, los que se aprovechan de la ignorancia de los necios, los que se enriquecen con la mentira y con el humo que crean a propósito, los ilusionistas del miedo, los vendedores de salvación a cambio de esclavitud, los que profanan a Dios y sus preceptos con dogmas, los que hacen de su hipocresía una norma de vida y con ello dañan a los hijos de los hombres, los que aniquilan la posibilidad de crecer y pensar, de decidir en libertad, los que cierran las fronteras diciendo que están defendiendo su país y a cambio sólo ofrecen migajas de edulcorado patriotismo o de la cínica caridad. Todos ellos son cazadores furtivos de ruiseñores. Son los malvados señores de la guerra, los sirvientes del poder, los mecenas del engaño disfrazado.

El ruiseñor sólo desea hacerse presente, buscar amigos, encontrar algo de comer, volar libre, elegir su árbol. El mundo está repleto de ruiseñores. Cada día veo algunos de ellos tendidos sobre la arena de playas ajenas, asfixiado en el fondo de un camión que creía su pasaporte a la libertad, rebuscando en los basureros las sobras de otros o golpeado con la razón de la Ley.

Cuando creamos una sociedad tan desigual que condena a los pobres a empobrecerse, a los excluidos a permanecer al margen. Cuando la cultura no es un bien a proteger si no un privilegio a repartir, al dejar que se arrebate la casa a quien sólo tiene el techo que lo cobija junto a sus hijos, no podemos permitirnos no sentir algo de culpa. Incluso cuando aquel sea tan responsable de su situación como el resto. Es basura querer vender que la justicia manda desalojarlo y por ello ya resulta permisible. Es sucio siquiera mostrarse de acuerdo con que haya personas que puedan vivir arrastrándose en las aceras, hacinados en las fronteras porque huyen de la guerra y de la miseria.

¿Qué culpa puedo tener yo del hambre de África, de la guerra en Siria? Tampoco nos vemos responsables de que los corruptos conviertan la inmoralidad en premisa, a pesar de que los hayamos aupado a su sillón nos sentimos inocentes.

Nosotros somos palomas de la paz, nunca mataríamos a nadie, no queremos ver la pobreza del mundo, la injusticia nos causa repulsión. Sin embargo consentimos los crímenes de otros (los cuervos o los buitres les llamamos) y para lavar nuestra conciencia si acaso atendemos las demandas de caridad que se anuncian a bombo y platillo, enviamos SMS de solidaridad y firmamos manifiestos. No basta.

Para evitar la muerte de un ruiseñor es necesario convertirnos en águilas, halcones, azores libres de caperuza y estar dispuestos a volar y a defender nuestro territorio.

EL AÑO 2000 SE HA QUEDADO VIEJO

El día 6 de octubre cumpliré 53 años. Coloco mi mano sobre la frente, como un pequeño tejado sobre los ojos para que tapen la luz que me deslumbra. Vuelvo la mirada hacia el horizonte. Miro hacia atrás, al tiempo pasado. Escruto aquel punto lejano, apretando los ojos para distinguir su borroso recuerdo. Sin darme cuenta estoy en mi infancia, aquellos años felices que a todos nos florecen en la memoria. Veo un niño, me veo en la calle con pantalón corto, verano, sentados a la fresca por la noche. Conversamos y pensamos en los futuros inciertos. Lejanos tiempos que vendrán dentro de muchas lunas, de incalculables veladas.

¿Qué será de nosotros en el año 2000?

¿Quién no se ha pregunto esto alguna vez? Parecía que después de aquella fecha el mundo iba a ser diferente, magnífico, la ciencia habría creado quien sabe cuántos maravillosos inventos. El cielo estaría lleno de ellos y nosotros los disfrutaríamos.

Llegó el 2000 y pese a los malos augurios impresos en la conciencia milenarista no hubo apocalipsis, no se produjo el efecto 2000 en los ordenadores, aquella especie de rebelión de los números que acabaría con los software, no vino el caos. Tan resacosos como el año anterior y tan pobres como la víspera, amaneció el nuevo día y el nuevo siglo. Nos despertamos treinta años más viejos. Algunos de nuestros proyectos hechos realidad y otros abandonados en el desván de los sueños.

El tiempo ha seguido corriendo atropelladamente. El mundo ha continuado su giro constante que no lleva a ninguna parte. Quince años después el 2000 parece viejo, pertenece al siglo pasado, pero no ha resuelto ninguno de sus grandes problemas. No hay naves surcando el cielo, ni hemos conquistado otros planetas, en este tiempo de tantos cambios, nada ha cambiado sustancialmente. Los miserables lamen su miseria y los lobos visten de frac. De nuevo nos dio esquinazo la ilusión de un mundo feliz.

Es tiempo de pensar en el 3000, allí quizá quepan los sueños que quedaron abandonados en la cuneta. ¿Cuántos milenios seremos capaces de aguantar?


Tango : Cambalache de Enrique Santos Discepolo 1934


Que el mundo fue y será una porquería
 ya lo sé...


(¡En el quinientos seis 
y en el dos mil también!).


Que siempre ha habido chorros, 
maquiavelos y estafaos,
 contentos y amargaos,
valores y dublé...


Pero que el siglo veinte
 es un despliegue
de maldá insolente,
 ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
 en un merengue
 y en un mismo lodo
 todos manoseaos...



¡Hoy resulta que es lo mismo
 ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!


¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
 que un gran profesor!


No hay aplazaos 
ni escalafón,
los inmorales 
nos han igualao.


Si uno vive en la impostura
 y otro roba en su ambición,


¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!


¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
 y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
 Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa 
de los cambalaches
 se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches 
ves llorar la Biblia
 contra un calefón...



¡Siglo veinte, cambalache
 problemático y febril!...
El que no llora no mama
 y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno 
nos vamos a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa 
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura 
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
 o está fuera de la ley...