LA REALIDAD SUPERA LA FICCION

 Ayer acabé de escribir la última de mis historias de mujer (quiero parar ahí). La número 11 porque quería que fuera un número indivisible, con carácter, mejor que el 10. 

No era Malena, a ella hace tiempo que la escribí.

Era Esperanza. Pero tocaba publicar a Malena por seguir un orden. Me acorde de ella hace poco cuando lo del accidente en la planta de confección clandestina en Bangladesh. Y me he acordado de ella en algunas de las noticias más recientes, incluso en nuestro país, que hablan de  trabajo clandestino, casi esclavo, de miseria. De la pobreza mental y social. 

Veo que pese a que Malena es un despojo de la sociedad, no es el más sucio.

Como en el tango : "Vivimos rebolcaos  en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos... " Cambalache.

Os sugiero leer Malena oyendo los tangos de Malena y Cambalache. No me hago responsable luego de la mala leche.

Ni Esperanza me ha quitado el mal sabor al releerla, pero que le vamos a hacer. 

Hay un agrio en escribir, que sólo se quita escribiendo.