CUANDO EL DESTINO TE BUSQUE, NO TE ESCONDAS, SONRIE


Unos momentos antes acababa de leer un libro, sólo el final fue realmente interesante, pero tras cerrarlo – cerrar un libro es como cerrar la puerta de una habitación de hotel, en el que te alojaste unos días - se despertó la necesidad de escribir algo. Subí al estudio donde tenía el Mac y mientras bajaba por la escalera pisé la bandolera de la bolsa en que lo guardo. Caí rodando, 13 escalones que se convirtieron en la rampa que descendía a las profundidades de mi alma. Una sucesión de imágenes acudieron de repente. Me di cuenta enseguida de que me estaba muriendo. Aquellas eran las imágenes de mi vida pasada y me anunciaban que acababa de consumir mi tiempo. Podría pensarse que estas imágenes son como una despedida o como un regalo, pero son en realidad como una especie de mueca irónica del destino que te muestra lo vivido en el momento en que vas a perderlo todo. Pueden no creerme pero vi como mi padre al rasurar a mi madre en el parto vio como asomaba un cordón caliente y blando y preguntaba a la comadrona:
-“Que és açò?
-Es la guía”
¿La guía? Que respuesta era aquella, acaso la comadrona trataba de mostrar su saber a través de acertijos. Yo que entonces aún no era ginecólogo veía claramente que era mi cordón umbilical prolapsado a través de la vulva. Tendrían que darse prisa en hacer una cesárea. Sólo una situación transversa pudo salvarme de aquello. Atravesado en el vientre de mi madre el cordón se prolapsó al romperse la bolsa pero mi cuerpo no comprimió aquel cordón umbilical. Ahora lo entiendo, en realidad como decía la matrona era la guía, la cinta, el vínculo con la vida.
¿Sería aquello lo que me indujo a hacerme ginecólogo después? No lo creo, pero tampoco nunca antes había sido consciente de mi nacimiento. Seguro que había bromeado alguna vez con mis compañeros sobre la posibilidad de que el feto nos oyese o supiese que estaba pasando. A veces la vida es capaz de sorprendernos con los más absurdos pensamientos pero quien puede decir que no son ciertos. Por si acaso sonríe y no digas nada.