FOTOS

Las primeras son del baño en la casa de reposo de las mujeres con ligadura. Las abuelas se encargan de los niños mientras sus madres se recuperan.


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DE LO HUMANO Y DE LO DIVINO....

   Estamos como en una nube, son tantas las emociones que se agolpan en nosotros que me resulta difícil escribir y a la vez no puedo evitarlo. Desde el domingo vivimos en el vórtice de un huracán, produce vértigo sentir tanta emoción por lo que hemos vivido apenas en cuatro días. Me da miedo que esto vaya a más, deseo que esto sea cada vez más fuerte, pero voy agarrándome a la realidad para evitar salirme de ella. Es como en las atracciones de feria que te proyectan hacia el vacío y pese a que quieres que el riesgo siga, no dejas de asirte fuertemente a la barrera de seguridad. No podéis imaginaros como nos sentimos. Me gustaría poder estar ahí para contároslo y volver rápidamente sin perder un instante. Es de las experiencias más importantes de mi vida, os diría que por nada os perdáis algo como esto. Nos acostamos a las doce y nos levantamos a las seis y nos faltan horas, estiramos el tiempo porque vemos en él un enemigo que nos roba la posibilidad de ver más, de sentir más. Me desvelo por la noche por la excitación del día, como si estuviera colocado. Comemos poco pero no tengo sensación de hambre. Nos hemos enganchado a esta alucinación colectiva que consiste en vivir con ellos, aún no siendo ellos. Tenemos la sensación de que han pasado semanas desde que vinimos, imaginamos que pertenecemos a este lugar, creemos que siempre nos estuvieron esperando. No puedo decir que sea como un sueño, porque no podría haber soñado con estas sensaciones. Me traje inglés para estudiar y no he estudiado, he traído libros de lectura y no leo, sólo escribo y veo las fotos en los escasos momentos de descanso.
   Viene un coche a recogernos a las siete menos cuarto, hay hora y cuarto hasta el hospital de Kalyangdari (60km) que son un regalo de madrugada, a esas horas aquí la vida ya se ha instalado en todos los rincones, todo el camino esta lleno de imágenes que quisiera recoger para vosotros, de gente; niños que van al colegio, comerciantes que abren tiendas, barberos que esperan clientes, mujeres barriendo,vacas cerdos, pollos, que se mueven como la gente con ritmo anárquico. Vamos como dormidos, tomamos un plátano y unas galletas al salir y el viaje transcurre en silencio porque estamos cansados, pero es imposible apartar la vista de tanta realidad (no quiero decir belleza por no ofender a ninguno de los dos términos). Llegados al hospital nos invitan a tomar chai (té) con tostadas. Visitamos a las pacientes operadas y a las 8.30 estamos operando. Todo ocurre deprisa, operamos unas seis a nueve pacientes cada día. Vimos el domingo unas cuarenta pacientes que programamos para la semana. Cada historia es un drama, vivido con resignación, pero no por ello menos doloroso. No saben su edad exactamente, pero la mayoría son jóvenes, todas delgadas (ya os contaré un día las truculentas historias que componen lo divino y lo humano de este lugar peculiar). Como adelanto os cuento que hoy en el quirófano de al lado han realizado en menos de dos horas 35 ligaduras de trompas por laparoscopia, con anestesia local. Los que saben de lo que hablo alucinarán como nosotros lo hemos hecho. Dos mujeres en el quirófano, mientras operan a una, preparan a la otra, las dos despiertas. Se hacen todos los martes a partir de las once, las mujeres que quieren se inscriben, les hacen una analítica y pasan a la fila de sillas que hay en el área anexa al quirófano, todas con sus batas verdes (chicas de 20-30 años, única condición tener más de dos niños) Esperan todas sentadas, sus caras de niñas gastadas y asustadas no puede dejarte ajeno a la crueldad de esta pobreza. Aunque parezca salvaje el simple hecho de que vayan y que pueda hacerse de esta manera las salva de una maternidad numerosa que las esclaviza y desgasta más que la miseria. Algunas acuden el primer mes después del parto para evitar quedar de nuevo embarazadas. Salimos del hospital entre las cuatro y las cinco, comemos allí. La comida es frugal y muy austera pero digna, muy por encima de lo que comen ellos. Nos han contado hoy que hay un programa en la Fundación para aportar a los niños en edad de crecimiento 4 huevos a la semana y a las embarazadas en el ultimo trimestre y las madres lactantes una ayuda alimentaria. Que levante la mano quien no se sienta millonario.
   El regreso por el camino andado en la mañana es idéntico pero vamos hablando todo el camino, el hospital nos pone las pilas, recarga la autoestima, genera ilusión, aporta paz, este trabajo se paga en especias (del país de las especias). Mientras hablamos hago algunas fotos desde el coche, el espectáculo es inagotable. A través de los pueblos que atravesamos encuentras de nuevo las imágenes que tomarías si no fuera por la velocidad que pasan. La carretera esta repleta, hay un tráfico caótico y muy ruidoso. A las puertas de sus casas que son como chabolas conviven la familia, niños y niñas desarrapados con sus madres, sus amigos o sus hermanos, los animales entre ellos, los carros de búfalas cargados con paja, con sillas, con más gente. La casa tiene muy poco espacio y nada de intimidad, viven siguiendo el horario que marca el sol y conviven en ese espacio común de la calle. Creo que existe una necesaria relación entre ellos que los mantiene unidos.
   Llegados al campus de la Fundación que es como un oasis, un remanso de paz, pitan los oídos al cesar el ruido y entrar aquí. La ducha, unas avellanas y un poco de mojama nos devuelven la serenidad, nos llevan al paraíso (o al nirvana). Ahí empieza la obsesión por escribir, por entrar en internet, por ver las fotografías del día. Hasta la cena donde entramos en un mundo nuevo que ya conocéis, los cooperantes. Son tan sorprendentes como los hindús, cada uno vive una historia digna de ser narrada. Ayer nos contaron unos vascos (la mayoría jubilados) el proyecto que les trajo aquí aparte de visitar la Fundación. Nos dicen que visitaron un pueblo del interior y vistieron a todo el pueblo de naranja. Os cuento, los niños no podían acudir al colegio por falta de transporte y consiguieron financiación para comprar bicicletas para todos los niños. El equipo ciclista de Euskaltel les regalo camisetas, gorras y cascos. Vi el video que grabaron con todos los niños y niñas corriendo con las bicis, jóvenes y viejos vestidos de naranja. Me contuve pero me dieron ganas de llorar, me ocurre ahora cuando os lo cuento.
   No todo es amor y paz en este país de dálits (intocables) y marajás, donde casi todo esta por hacer y lo hecho no cambia su realidad más que una brizna el paisaje. Pero todo camino empieza en un primer paso.

"Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio" (Hindú)

LOS ULTIMOS HIPPYES DEL S.XXI

   Que envidia me dan. No tenía una idea preconcebida de como serían los cooperantes y los voluntarios, pero seguro que me hubiera equivocado. La mayor parte son chicos y chicas universitarios de 25-30 años que resolvieron que la vida no les marcaría el ritmo, ellos la harían bailar a su son. No permitirían que les dijeran que no iban a trabajar porque hay mucho paro y el mercado no los necesita. Se levantaron, cargaron la mochila con prendas de algodón, poco dinero y una ilusión que haría pagar sobrepeso en cualquier compañía aérea si la pesaran. Tomaron rumbo al proyecto que Vicente Ferrer inicio hace 50 años y vacían en él un trabajo que aparentemente no les cuesta, porque cuando escuchas la ilusión que les provoca ese esfuerzo, encuentras inverosímil que no haya trampa. No les trae aquí un sentido religioso de la cooperación, no dan caridad, no buscan convertir a esta gente, pretenden cambiar el mundo que no les gusta.
   No es que han sido acogedores con nosotros, son simplemente naturales. Si hay alguien con quien hablar les interesa, si ven a alguien nuevo lo incorporan. Desde el primer día entramos en el grupo que es numeroso y variopinto con la naturalidad de quien encuentra normal que en un comedor donde hay gente, es mejor sentarse con un desconocido que masticar la soledad. Nos invitaron a sentarnos, a hablar de lo divino y de lo humano, de lo banal y lo profundo, por hablar. Hemos contado a extraños los motivos que nos trajeron, las vidas que llevamos y además les interesa. Nos contaron sus motivos, sus proyectos y en vez de vaciarnos de palabras nos encontramos llenos de ideas. Están ávidos por aprender ¿Podéis imaginar esto en una cafetería, en la parada del metro o en la escalera del vecindario?
   La sociabilidad ha sido el motor evolutivo. Darwin estableció un modelo evolutivo basado en la adaptación, en la supervivencia de los capaces y en la transmisión de los caracteres genéticos de los mejor adaptados. Nuestra especie era quizás de las más vulnerables, carecía de una especialización para el medio, pero eso la hacía adaptable a los cambios. Sólo la sociabilidad permitió que el individuo se convirtiera en parte del grupo y aunaran esfuerzos que mejoraran sus capacidades. Así se forjó la complejidad eficiente que es la evolución, compartiendo ideas. Quizás nuestra sociedad ahora ya no necesita de grupos sino de líderes, no necesidad ideas sino credos, no necesita capaces sino poderosos. El grado de evolución de las sociedades no hay que medirlo con sus líderes, hay que juzgarlo por el número de excluidos que genera. Estos hippies creen en ello, renunciaron a parte de sí para cambiarlo. ¿ Son ignorantes, han perdido el juicio? No, entendieron que ir contracorriente no sólo puede ser divertido sino que puede sacarte del agua. Son hombres y mujeres que vinieron aquí para dar y se han dado cuenta que reciben diez veces más de lo que dieron. Reciben un master en la vida que no se imparte en ninguna universidad. Les sale gratis y os juro que se divierten.
   En manos de estos jóvenes dejaría mi futuro.
"Nuestra juventud es decadente e indisciplinada, los jóvenes ya no escuchan los consejos de los viejos, el fin de los tiempos está cerca." (Caldeo, 2000 antes de Cristo)

OTRA VEZ CALOR..... CALOR HUMANO

    Las primeras impresiones nunca deben ser tomadas como referente, llevan a veces a desdecirse y dar sensación de inseguridad, de volubilidad en el carácter y esta no es una buena carta de presentación. Llegamos anoche, recordábamos recibimientos anteriores con el sofoco del calor húmedo, el olor penetrante de esa humedad que impregna todo. Al salir del aeropuerto que en nada se diferencia de los europeos (sorpresa, decepción), el aire fresco vino a saludarnos (sorpresa pero invitación a la esperanza). Claro que eran la una de la madrugada.
   Si el viaje en avión no te deja agotado (más de doce horas), sólo quedaba un viaje en coche de Bangalore a Anantapur, casi cuatro horas de autopista (sorpresa, pero con un toque de incredulidad ) :hay pasos cebra en la autopista, badenes, circulan todos con las luces largas y nos cruzamos con un coche y un camión en contra dirección, aquí no se les llama kamikazes, eso es en Japón, aquí sólo es un despiste (a mistake dice el chofer). Paramos a repostar gasoil en dos gasolineras, en la primera no consiguió despertar al chico sentado en una silla y envuelto en un pañuelo que tenia que poner el gasoil (os lo juro, y no estaba muerto, de hecho se movió e hizo un par de intentos inútiles para levantarse) Luego paramos a tomar un té en (estoy buscando el termino...) bueno en una especie de chamizo, con barra de bar, dos camas para descanso de los muy cansados, de piedra con una manta y en una de ellas un chico durmiendo. O muerto, éste no se movió ni cuando pusieron en marcha el televisor que estaba sobre una repisa por encima de su cabeza. Vimos las imágenes del Sunami y el terremoto en Japón. Entre sorbo y sorbo, compartimos asombro ante esas brutales imágenes con los dueños del bar, tres chicos jóvenes, nuestro chofer y el durmiente, que sólo compartía el sueño con nosotros. ¿Qué más podíamos pedir, allí, bajo un cielo estrellado, en medio de algún lugar, tomando un masala, a salvo de una Naturaleza terrible y brutal que en otro lugar, en ese momento estaba llevando el dolor más infinito a miles de personas? Bebamos cada sorbo de vida como si a la mañana siguiente pudiéramos ser desposeidos de aquello que llamamos nuestros tesoros.
   A las cuatro de la mañana (23.30 h en España) entrabamos en la habitación, de momento compartida entre Manolo y yo. Entiendo ahora la sensación que tendrán las barras de pan al entrar en la boca del horno, un infierno (sorpresa y agobio), la escena aumenta de temperatura al comprobar que no hay aire acondicionado y que los ventiladores al moverse agitan el calor pero no lo disipan (sorpresa y duda, ¿Así vamos a estar todo el tiempo?) Abrimos todas las ventanas menos una y con el ventilador a media velocidad fuimos derechos a la cama. Si no hubiera estado tan cansado hasta hubiera soñado. Nos despertó Gonzalo a las 9,30h. Aún aturdidos nos explicó el funcionamiento del aire acondicionado, ¿Cómo? Tras las última ventana estaba el aparato y el mando de programación (sorpresa, alegría y el ridículo más humillante). Desayuno con té, omelette, chapati, yogurt, fruta (sorpresa y a por ello..) recorrido por la misión, presentaciones: Cristina, Erika, Su, Ana Sevilla, Intiyaz. Nuestros compañeros a los que relevamos: Maria, Maria José, Natalia. Conocimos a Bhala el ginecólogo que dirige el hospital, a Visna la nuera de Vicente Ferrer. Está lleno de españoles. Hasta los hindús hablan un poco de español.
   Tenéis que saber que el calor no ha defraudado nuestras expectativas, pero lo que más percibes es el calor humano. Nos tratan como si fuéramos estrellas, nos agradecen nuestra estancia aquí y aún no hemos empezado a hacer nada. Está en su naturaleza ser agradecidos, sumisos, incluso hasta el exceso. Todos nos dicen que va a ser una experiencia fantástica. Lo creo.