sábado, 11 de diciembre de 2010

NO DIRAS QUE NO TE LO ADVERTI (para mi mismo) escrito el 1-11-10

Al borde mismo del regreso todo se hace confuso, no puedo decir que esté contento ni triste, ni decepcionado, ni feliz por lo hecho. Me encuentro abatido por el peso de la pena de no haber resuelto nada, de parecer baldío el trabajo realizado. He mirado el río esta mañana como de costumbre en el desayuno y pese a que la mañana está fresca, no me he encontrado a gusto. Veo las aguas más turbias, el puente más insulso, incluso menos ruidoso. Pensaba que hoy sería el gran día, pero lo veo gris. Tenemos una paciente con una cesárea que hizo un hematoma y que hoy ha empeorado. Toda la negrura de lo incierto, del desencanto, todos los fantasmas que ululan cada noche en nuestros sueños, hoy se han despertado conmigo.
Nunca pensé que fuera fácil, pero no es el trabajo lo que cansa, es el desaliento de no ver un futuro, el sentimiento apocalíptico de que hay un fin irremediable de dolor y sufrimiento para esta gente. La impotencia de nuestras manos en evitarlo. Quizás debería ser más simple, dimos una ayuda a cambio de nada, y ahora deberíamos pensar que de algo sirvió. Debería haber un borrón y cuenta nueva en los pensamientos, cambiando el chip de benevol, por el de ginecólogo español, asumir las responsabilidades de mi vida, dejar atrás los problemas de esta tierra, que no he creado y que no debo resolver. Pero nada es sencillo, no es posible sustraerse a lo sustancial para vivir en lo material. Aun así tendré que tratar de reinventar un nuevo individuo que haga compatible lo vivido con lo que es necesario vivir. Te lo advertí, no iba a ser fácil, quizá en algún momento divertido, emocionante, complejo, estresante, pero al final la huella que Chad va a dejar en mí es infinitamente mayor que la de mi paso por esta tierra, el río borrará nuestra pisada nada más despegue el avión, cuando aún no sea siquiera consciente de que ya he vuelto. A pesar de todo creo que ha valido la pena. Ya se verá.
En África todo discurre lentamente, hasta la tristeza tiene un ritmo cansino, que no provoca la caída en un estado de desánimo absoluto. Es como una pereza en el pensamiento, una lentitud para apreciar lo que los sentidos trasmiten, un abotargamiento del espíritu. He buscado algún recurso para salir de esta desazón y sin quererlo he encontrado algo que puede servir. Estoy acabando el libro de Rosa Montero, instrucciones para salvar el mundo. No sé si decir que es un libro triste, más bien sus personajes tienen razones fundadas para serlo y sin embargo insisten en vivir pese a la indolencia que les produce su vida. En el hay dos cuestiones un tanto filosóficas que anuncian dos pretendidas leyes físicas. La ley de Kammener que enuncia la tendencia del Universo hacia la unidad y la armonía como consecuencia de la vida, la vida conduce al orden cósmico (contradiciendo la ley de la entropía de la Termodinámica) consecuencia de ello el tiempo y el espacio tiende a hacer coincidir aquellos fenómenos relacionados, por lo que establece una ley física para las casualidades. Tanto como decir que la casualidad es fruto de la causalidad. Puede que el que haya decidido leer este libro haya sido fruto del azar o de la teoría de Kammener. Quizás podría haberlo leído en otro momento y no hubiera tenido más consecuencias. Pero la casualidad o la física me hizo leer el siguiente capítulo dónde habla del Efecto Lot, que forma parte de la teoría de Fieldman. Asegura que todos los actos humanos tienen consecuencias sobre el resto de los seres vivos y sobre el planeta. Existe una especie de energía integradora de todos los sistemas vivos como una unidad biológica, de forma que cualquier acto tiene una consecuencia sobre el resto. Añade que son los actos buenos los que tienden a dar orden a la Naturaleza y los malos al desorden. Es difícil de probar que pequeños actos buenos o malos desencadenen fenómenos biológicos distantes al punto de origen, pero tengo la esperanza (la esperanza fue lo único que quedó tras abrirse la caja de Pandora) que tanto Kammener como Fieldman tengan razón. Es posible que no haya sistemas para salvar el mundo, pero sólo los actos buenos pueden ser la llave para esta salvación. A esta duda me acojo, que sirve de consuelo a la tristeza que me da dejar esto y partir. Ya sé que lo bueno y lo malo son términos relativos, los racionalistas defendían la presencia en la Razón humana de estos conceptos de forma natural (Sócrates, Platón, San Agustín, Descartes..) pero Kant que integra las teorías empiristas con la Razón dice respecto a la ética:

El imperativo categórico tiene tres formulaciones:
  1. " Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
  2. " Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca meramente como un medio."
  3. " El ser es un fín en sí mismo. Tiene dignidad"

La ley moral, su seguimiento, lejos de esclavizarnos es lo que realmente nos hace libres. Si nos dejamos llevar por nuestros deseos, intereses…no estamos más que siguiendo el principio de causalidad de la Naturaleza, como siguen todos los elementos (vivos o no ) que la componen. Cuando decidimos seguir la ley moral que emana de la Razón nos convertimos en seres libres, con libre albedrío.
En su tumba hay una famosa cita escrita en ruso y alemán “ el cielo estrellado encima de mí y la ley moral dentro de mí, son pruebas de que hay un Dios por encima de mí y un Dios dentro de mí”